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Byung-Chul Han, filósofo: «La depresión es la enfermedad de una sociedad que padece de excesiva positividad»

Nos han programado para pensar que podemos lograrlo todo, que no hay límites, que la felicidad es una elección personal y la positividad, una obligación constante. Pero, ¿qué pasa si esta misma filosofía de vida, esta presión invisible por ser nuestra «mejor versión», es precisamente lo que nos está enfermando? ¿Y si el problema no es nuestra capacidad, sino el sistema que nos empuja a un rendimiento incesante?

Esta es la pregunta incómoda que un filósofo surcoreano con una lucidez abrumadora ha puesto sobre la mesa, y su respuesta está sacudiendo los fundamentos de lo que creemos saber sobre el bienestar mental. Prepárense, porque lo que nos explica Byung-Chul Han cambiará para siempre su percepción de la depresión y la ansiedad en el mundo actual.

Byung-Chul Han, filósofo de renombre internacional, nos lanza una advertencia clara y contundente: «La depresión es la enfermedad de una sociedad que padece de excesiva positividad.» Esta frase, que resuena con una verdad casi profética, desvela el trasfondo de una de las crisis de salud mental más graves de nuestro tiempo. Nos encontramos ante una humanidad librando una guerra contra sí misma, donde el campo de batalla es nuestra propia mente.

La trampa de la felicidad obligatoria

Byung-Chul Han, nacido en Corea del Sur en 1959, un país donde la cultura del rendimiento y las exigencias implacables del capitalismo tecnológico han disparado las tasas de suicidio hasta cotas alarmantes, ha vivido en primera persona esta realidad. Estudió filosofía, literatura y teología en Alemania, y ahora imparte docencia en la Universidad de las Artes de Berlín, desde donde analiza con una perspicacia única los males de nuestra era.

Su ensayo más célebre, La sociedad del cansancio, ya puso el foco en el aumento preocupante de los casos de depresión, llamándola «la enfermedad de los tiempos». Han argumenta que la presión constante por rendir, superarse y mantenerse siempre en un estado de positividad puede transformar la autoexigencia en una fuente inagotable de agotamiento, ansiedad y un malestar profundo que se arraigará en cada fibra de nuestro ser. (Sí, nosotros también sentimos un escalofrío al leerlo).

Este fenómeno es uno de los grandes secretos ocultos tras nuestro día a día. Si antes los límites y las prohibiciones venían impuestos por una autoridad externa, hoy en día, esta presión se ha desplazado hacia el individuo. Hemos pasado de ser una sociedad disciplinaria, con prohibiciones y castigos, a una sociedad de rendimiento, donde el mandato es «Tú puedes» y «Nada es imposible».

Esta presión interna por ser siempre mejor, por lograrlo todo, es un enemigo silencioso. ¿No te sientes capaz de conseguir algo? No es un problema del sistema, eres tú. Esta es la gran mentira.

Los mensajes motivacionales, omnipresentes en nuestras pantallas, que exaltan el poder individual para conseguir cualquier objetivo o alcanzar una mejor versión de nosotros mismos, no hacen más que alimentar una dinámica peligrosa. Cada persona se autoexige más y más, sin tregua, en una carrera sin final que no sabemos cómo detener. Y la trampa es perfecta: no hay un «otro» a quien culpar, solo nuestra «falta de voluntad».

Cuando la autoexigencia se vuelve en nuestra contra

La crítica de Byung-Chul Han pone la lupa en nuestra salud mental dentro de una reflexión mucho más amplia sobre la sociedad contemporánea. Cuando las expectativas inalcanzables no se cumplen, el fracaso ya no se atribuye a condicionantes externos, como la suerte o las circunstancias, sino que se convierte en un reproche interno. Nos sentimos culpables, inútiles, con una sensación de error permanente.

La obligación de rendir, progresar, sentirse bien y alcanzar objetivos de manera permanente puede desembocar en una batalla interior intensa y muy agotadora. Esta autoexigencia, según el filósofo, es clave para entender por qué el cansancio crónico y la depresión ocupan un lugar tan central en su análisis de la vida moderna. Es la solución, o más bien, la falsa promesa, que nos hunde.

Byung-Chul Han explica con una claridad inquietante: «La queja de un individuo depresivo, ‘nada es posible’, solo puede ocurrir en una sociedad que piensa que ‘nada es imposible’.» Aquí está el quid de la cuestión, el truco que desvela la verdad más oculta. El imperativo del «tú puedes con todo» se transforma en una forma destructiva de autoexigencia que nos lleva directamente al agotamiento.

Al eliminar los límites de lo que es posible, el sistema convierte cualquier fracaso personal en una responsabilidad individual ineludible. Esto genera sentimientos de culpa profundos, ansiedad constante y, finalmente, la depresión. La validación que buscamos a través del rendimiento nunca llega, porque siempre hay un nuevo objetivo, una nueva «mejora» por conseguir. El sistema nos quiere activos y optimistas, cueste lo que cueste.

El legado de Byung-Chul Han: un grito de alerta global

La perspectiva de Han es imprescindible para cualquiera que quiera entender las raíces de la crisis de salud mental que nos rodea. No se trata de una anécdota personal, sino de un fenómeno viral que se extiende silenciosamente por todas las capas de nuestra sociedad. Su obra nos invita a cuestionar la positividad tóxica y la cultura del rendimiento como dogmas incuestionables.

Sus ideas, plasmadas en frases concisas y simples, a menudo comparadas con aforismos, capturan la atención por su mirada crítica y muy detallista sobre el presente. Nos alerta que estamos tan ocupados intentando ser «felices» y «productivos» que olvidamos nuestra propia humanidad, nuestra necesidad de pausa, de reflexión y, a veces, de no hacer nada.

El filósofo nos insta a mirar más allá de los mensajes superficiales de «hazlo tú mismo» y a reconocer las estructuras sociales que nos empujan a la autoexplotación. Es una invitación a la desobediencia, no contra una autoridad externa, sino contra la tiranía de nuestra propia mente, que ha interiorizado los mandatos del sistema.

Byung-Chul Han nos ofrece una lente para reinterpretar nuestro cansancio, nuestra tristeza y nuestra ansiedad. No son signos de debilidad personal, sino síntomas de una sociedad enferma de positividad. Entender esto es el primer paso para liberarnos de una presión que, hasta ahora, creíamos que era solo nuestra. ¿No crees que ya es hora de dejar de culparnos por todo?

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