¿Imaginas vivir con una sensación constante de calor interno, sudores que interrumpen tu sueño cada noche y una sequedad que hace que cada movimiento sea incómodo? Ahora, piensa que esto, que ya formaba parte de tu día a día, había desaparecido gracias a un tratamiento que te había devuelto la calidad de vida. Pero, de repente, tu farmacia ya no lo tiene. Miles de mujeres en España están atrapadas en este infierno invisible, un problema de salud pública que nos afecta a todas, directa o indirectamente. (Sí, nosotras también estamos alucinando con la magnitud del desastre).
Esta situación no es una anécdota, es una crisis silenciosa que está forzando un retorno a síntomas debilitantes y a una búsqueda desesperada por su medicación. Pero, ¿de qué tratamiento estamos hablando y por qué ha desaparecido de nuestros mostradores?
El culpable de este dolor de cabeza tiene nombre y apellidos: el Lenzetto. Este fármaco, uno de los más prescritos para la terapia hormonal de la menopausia, figura en la lista de problemas de suministro de la AEMPS desde el mes de marzo. Su falta ha provocado un efecto dominó brutal, afectando otras presentaciones con estradiol, como el Evopad, y dejando sin opciones a miles de mujeres, incluidas las mujeres trans que también siguen estos tratamientos hormonales de afirmación de género.
La revelación de una crisis silenciosa
La interrupción de este tratamiento es devastadora para muchas. Mercè Barau, vocal de la Oficina de Farmacia del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, es clara: «La mujer en menopausia que estaba bien con el tratamiento hormonal notará mucho su interrupción si padece insomnio y sofocos». No es solo una cuestión de confort; estamos hablando de la pérdida de la calidad de vida que habían recuperado. Los médicos y farmacéuticos trabajan a contrarreloj buscando alternativas e intentando guiar a las pacientes en un auténtico peregrinaje para encontrar su medicación.
Esta falta de medicamentos esenciales nos recuerda que la salud no es un lujo, sino un derecho, y que no podemos permitir que miles de mujeres sufran por una cadena de suministro rota.
Es importante entender bien la diferencia entre un «desabastecimiento» y una «falta de suministro». Mientras que el primero implica una ausencia total del producto, la falta de suministro significa que el fármaco llega, sí, pero en cantidades insuficientes para cubrir la demanda. En el caso del Lenzetto, que se toma por vía transdérmica (se absorbe por la piel), su desabastecimiento ha sobrecargado la demanda de otras alternativas como los parches, geles, cremas o comprimidos, que no estaban preparados para un aumento tan masivo de prescripciones. Si una farmacia vendía tres cajas al mes y ahora necesita treinta, el laboratorio simplemente no puede fabricar tan rápido. (Una verdad incómoda sobre nuestra dependencia de las grandes cadenas de producción).
La solución oculta y nuestro ahorro
El problema principal no radica en la falta del activo, ya que estradiol hay, sino en las presentaciones disponibles y su financiación. Productos como Lenzetto, Evopad y Progevera están financiados, pero muchas de las alternativas no lo están, lo que obliga a las pacientes a asumir el coste íntegro. Es aquí donde Mercè Barau apunta a una solución urgente e inteligente: ampliar la financiación a las fórmulas magistrales. Estas permitirían a las farmacias preparar de forma individualizada la dosis exacta que necesita cada paciente, ya sea una mujer en menopausia natural, inducida o una persona trans, adaptándose a su singularidad. (Parece obvio, ¿verdad?).
La inestabilidad de este suministro no es nueva. Ya en diciembre del 2025, Luda Partners, una red que monitoriza el stock de más de 3.700 farmacias, alertó de una probabilidad superior al 80% de problemas con el Lenzetto. Las causas son complejas: un aumento significativo de la demanda, limitaciones en la capacidad productiva y la competencia internacional. Porque, sí, en España, el precio de algunos de estos productos es más bajo que en otros países, y cuando la disponibilidad es limitada, el fármaco puede acabar en los mercados que ofrecen un precio superior. Nuestro ahorro como pacientes se vuelve en contra nuestra.
Una tendencia que debería alertarnos
Este aumento repentino de la demanda tiene un contexto que nos explica mucho. Durante décadas, la terapia hormonal de la menopausia estuvo rodeada de reticencias debido a estudios que la relacionaban con un mayor riesgo de ciertos cánceres. Esto frenó tanto su prescripción como su aceptación. Pero los análisis posteriores matizaron estas conclusiones, demostrando que los riesgos no eran los mismos para todas las mujeres ni para todos los tratamientos. Además, en noviembre del 2025, la FDA estadounidense hizo un cambio definitivo, retirando algunas de las advertencias del etiquetado. Este nuevo enfoque, sumado a una mayor visibilidad de la menopausia en la conversación pública, ha hecho que cada vez más mujeres consulten por sus síntomas y que los médicos vuelvan a prescribir con más confianza.
Las previsiones apuntan que el suministro podría comenzar a recuperarse en noviembre de este año y normalizarse a lo largo del 2027. Pero Mercè Barau se muestra cauta. El proceso de fabricación de un medicamento es largo y complejo: es necesario producir, verificar los lotes y seguir todos los controles de calidad. No es algo que se resuelva de un día para otro. La urgencia es ahora, para miles de mujeres que esperan una solución inmediata. (Y nosotras con ellas).
Entender la complejidad detrás de esta falta de medicamentos es crucial. No solo nos permite empatizar con las afectadas, sino también exigir soluciones que prioricen la salud sobre la burocracia o los intereses económicos. Al fin y al cabo, la calidad de vida de miles de mujeres depende de la disponibilidad de estos tratamientos. ¿Y tú, ya sabías que esta situación era tan complicada?
