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No malgastes el potencial del ajo: su efecto saludable depende de cómo lo cocines

Seguro que tienes una cabeza de ajos en la cocina. Es un ingrediente básico en nuestra gastronomía, en casi todas las culturas del mundo. Lo usamos para dar sabor a todo, desde un sofrito hasta una salsa. Pero, ¿y si te dijera que el potencial real de este «superalimento» a menudo se pierde en el camino?

Durante miles de años, el ajo no solo ha sido un condimento. En la antigua Grecia, los atletas lo tomaban antes de los Juegos Olímpicos. Hipócrates, el padre de la medicina, lo recomendaba para todo, desde enfermedades pulmonares hasta tumores malignos. Nuestros antepasados intuían su poder, pero nosotros, sin saberlo, lo estamos desaprovechando.

La ciencia ha confirmado lo que ya se sabía. Cada diente de ajo es un tesoro de nutrientes y compuestos bioactivos. ¿El problema? Su inestabilidad. Si no lo preparas y lo consumes correctamente, todo ese potencial se disipa como humo. (Sí, nosotros también alucinamos).

El secreto del ajo: un compuesto con superpoderes

El ajo forma parte de la familia de las aliáceas, como la cebolla o el puerro. Es rico en vitaminas C y B6, y minerales como el manganeso, selenio, cobre y calcio. Pero su verdadera magia reside en sus casi 200 compuestos bioactivos, que ofrecen beneficios incluso en porciones pequeñas.

La inulina, una fibra prebiótica, y los polifenoles, son un regalo para nuestra microbiota intestinal. Las bacterias buenas los fermentan, transformándolos en subproductos que eliminan la inflamación en el intestino, como explica el científico Bryan Quoc Le, experto en ajo y cebolla.

Pero el compuesto más importante de todos es la aliína. Esta se guarda dentro del diente de ajo con la enzima alinasa. Cuando picamos, trituramos o desmenuzamos el ajo, la alinasa y la aliína entran en contacto. ¿Qué sucede entonces? Se convierten en alicina.

La alicina es una molécula extraordinaria. Tiene efectos antioxidantes, antimicrobianos y antivirales. «Es una molécula muy especial con potentes beneficios antioxidantes«, afirma Quoc Le. La alicina activa el sistema antioxidante de nuestro cuerpo mucho antes, casi como un interruptor de emergencia.

La clave es la alicina. Si no la creas bien, estás perdiendo gran parte de la magia del ajo.

Los beneficios innegables que nos perdemos

El ajo y sus extractos han demostrado un poder increíble. Aumentan la actividad antioxidante, reducen la glucosa en sangre en pacientes diabéticos y mejoran la función de las células inmunitarias. También nos protegen contra infecciones y bacterias bucales. (Un truco para tu salud general).

La alicina se descompone en decenas de compuestos de azufre, con efectos particulares sobre la salud cardiovascular. Estudios muestran que el ajo reduce el colesterol y disminuye la presión arterial en pacientes hipertensos. Además, por su propiedad anticoagulante, reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares como la trombosis.

El «cómo» lo cambia TODO: ¿crudo, cocido o fermentado?

Aquí viene el punto crucial. Para maximizar la formación de alicina, debes picar, desmenuzar o triturar el ajo y dejarlo reposar unos 10 minutos. Después, lo ideal es consumirlo crudo. ¿Por qué? La alicina se degrada rápidamente por encima de los 75 °C y se destruye completamente en 60 minutos de cocción.

Si quieres cocinarlo ligeramente, un secreto: añade un poco de vinagre. La acidez ralentiza ligeramente esta descomposición. Consumirlo crudo también conserva otros nutrientes inestables como la vitamina C.

Salsas frías como el chimichurri, el alioli o el nuoc cham vietnamita son formas deliciosas y eficaces de incorporar el ajo crudo. Con uno o dos dientes al día es suficiente para la dosis recomendada.

Pero atención: el ajo crudo puede ser fuerte y causar reacciones adversas en personas con problemas gastrointestinales, o incluso en algunas que no los tienen. La inulina puede provocar hinchazón, dolor o diarrea.

El método fermentado: la solución para todos

Existe una alternativa para suavizar el sabor fuerte y potenciar los beneficios: el ajo fermentado. Puedes fermentar dientes de ajo enteros, pelados y ligeramente desmenuzados, en miel cruda (sin pasteurizar), dentro de un frasco de vidrio limpio. Déjalo actuar durante dos a cuatro semanas.

Este proceso libera polifenoles y, sorprendentemente, preserva la alicina. Un estudio demostró que el ajo fermentado en miel tiene un efecto anticoagulante mayor que las variedades crudas y hervidas. La miel, también rica en polifenoles, amplifica los efectos antioxidantes y puede potenciar la inmunidad.

No dejes que tu ajo sea solo un simple sabor

Con la gran cantidad de investigación que avala los beneficios nutricionales del ajo, es evidente por qué se ha utilizado como remedio medicinal durante milenios. No malgastes su poder real. Tu ajo, este pequeño tesoro en tu cocina, puede hacer mucho más que solo dar sabor.

La próxima vez que prepares un plato con ajo, recuerda: el secreto no es solo añadirlo. Es saber cómo aprovecharlo al máximo. Estamos perdiendo nuestros propios «superpoderes» si no lo hacemos bien.

¿Dejaremos que nuestros ajos sean solo un condimento, o empezaremos a tratarlos como la solución definitiva que son para nuestra salud?

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