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Salvador Ibáñez, neuropediatra: «Estar con los padres o los abuelos es excelente para bebés de hasta dos años si reciben estímulos»

Cada mañana, miles de padres y madres enfrentan la misma decisión. ¿Qué es mejor para nuestro tesoro más preciado? ¿La guardería desde muy pequeños o el entorno familiar? Una cuestión que nos atormenta a todos.

La presión social, la necesidad de conciliación y la idea preconcebida de que “cuanto antes mejor” nos empujan a matricular a nuestros bebés. Pero ahora, un experto nos pone sobre la mesa un detalle que puede cambiarlo todo.

El neuropediatra Salvador Ibáñez, portavoz de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), lo tiene clarísimo. Su recomendación es un secreto a voces que muchos sentíamos, pero que nadie se atrevía a decir en voz alta. Y los datos nos golpean: el 73,3% de los niños de 2 años ya están escolarizados (un aumento brutal desde el 61,9% de 2018), y más de la mitad de los de un año también.

La clave es que, si nuestra situación lo permite, la opción de tener al bebé con padres o abuelos durante los primeros dos años es excelente. Pero cuidado: siempre que reciba los estímulos que necesita.

Por qué el neurodesarrollo necesita nuestro tiempo

La ciencia es contundente. Permanecer con la familia ofrece una atención individual mucho mayor. Esto implica menos exposición a infecciones, más flexibilidad para respetar horarios de sueño y comidas, una continuidad afectiva inigualable y, muy importante, menos sobrecarga sensorial. (Sí, el cerebro de los pequeños también se cansa).

Ibáñez insiste en la necesidad de estimulación. Si el adulto no puede ofrecerla (por cansancio, depresión o por estar todo el día con pantallas), una guardería de calidad puede ser la solución definitiva. Pero lo importante es entender que el cerebro de un bebé de uno o dos años es inmaduro.

Funciones básicas como la regulación de las emociones o la tolerancia a la frustración aún no están desarrolladas. Cuando un pequeño llora al separarse de los padres, no está manipulando. Su sistema nervioso necesita nuestra ayuda para recuperar la calma. Es una realidad fisiológica.

El error que estamos cometiendo sin saberlo

Durante los primeros años, el cerebro de nuestros hijos construye una cantidad ingente de conexiones neuronales. Lo que realmente las organiza y las fortalece no son las fichas, los idiomas precoces ni las actividades académicas avanzadas. Es la interacción recíproca con adultos atentos.

Estas interacciones de «ida y vuelta» son el motor del desarrollo. Favorecen el lenguaje, la comunicación, la regulación emocional y las futuras habilidades cognitivas. Por tanto, no podemos asumir que cualquier escolarización sea buena, ni que escolarizar antes cree automáticamente un cerebro más estimulado.

Lo más importante no es «dónde», sino «cómo». Ratios elevadas, rotación de personal o actividades que no responden a las necesidades reales del bebé pueden ser perjudiciales. Necesitan conversación, canciones, movimiento y juego libre.

Vínculos y socialización: lo que nadie nos ha explicado

Uno de los mayores temores es que el bebé no desarrolle un vínculo seguro. La neuropediatra Teresa Cenarro, vicepresidenta de la AEPap, afirma que la socialización que un niño necesita a esa edad es diferente. La seguridad del apego depende de la calidad de las interacciones con los cuidadores principales, no de la guardería.

¿Cómo respondemos cuando están asustados, cansados o enfermos? Esa es la clave. ¿Y la socialización? Un mito pensar que un niño escolarizado más tarde tendrá dificultades sociales. Pueden adquirir las mismas habilidades en el parque, con familiares o con amigos. Las diferencias iniciales suelen ser transitorias. Nuestro sistema inmunitario también juega un papel.

El sistema inmunitario de los más pequeños es inmaduro. Están más expuestos a infecciones en espacios cerrados, y los procesos infecciosos pueden ser más numerosos y prolongarse. Cuanto más pequeño es el bebé, más vulnerable es. (Un factor oculto a tener en cuenta).

La decisión es nuestra: el poder de la información

La realidad de la conciliación es compleja. Si tener al bebé en casa no es una opción, las guarderías con profesionales bien formados son una alternativa excelente. Lo importante es tomar una decisión informada, sabiendo lo que el cerebro de nuestro hijo realmente necesita.

Esta información es un tesoro. Nos da el poder de decidir con conocimiento. Es imprescindible conocer estos detalles antes de tomar la decisión que marcará los primeros años de nuestros pequeños.

Ahora sabes lo que los expertos piensan. ¿Qué harás con esta información de valor incalculable?

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