¿Te ha pasado? La maleta lista, el billete en la mano, y una sensación agridulce en el estómago. Sabemos que este viaje de trabajo es importante para tu carrera, pero también sabes que tu rutina, la que tanto te cuesta mantener en casa, está a punto de hacerse añicos. El buffet del hotel, las reuniones que se alargan, las comidas con clientes… Todo es una tentación constante que puede deshacer meses de esfuerzo, y a veces (sí, a nosotros también nos pasa) nos rendimos antes de empezar.
Pero, ¿qué pasaría si te dijéramos que el verdadero secreto no es la fuerza de voluntad, sino un sistema? Un método que te permita viajar, triunfar profesionalmente y, al mismo tiempo, mantener a raya esa barriga que tanto nos preocupa. Porque el problema no es que no sepas qué debes comer, sino que tu plan depende demasiado de que todo salga perfecto, y en un viaje de trabajo, la perfección es una ilusión.
La solución, o al menos un camino claro para encontrarla, llega de la mano de Paúl Lucín, un auténtico experto en la pérdida de grasa abdominal, que ha visto la cara oculta de muchos ejecutivos. Lucín nos recuerda que un viaje no tiene que ser sinónimo de descontrol alimentario y desgaste físico. De hecho, su consejo estrella para empezar el día es tan simple como efectivo: «Empieza el día con huevos o proteína, fruta, agua, café y yogur natural».
Este entrenamiento personal tiene una historia que lo convierte en un observador privilegiado de nuestros hábitos. Antes de ayudar a directivos y empresarios a mejorar su salud, trabajó durante años en hoteles de lujo en Barcelona. Allí, cada día veía llegar hombres de negocios con trajes impecables y agendas llenas, pero con una mirada agotada. Arrasaban con el buffet matutino, sin saber cuándo volverían a comer, pasaban de ascensor a taxi, de taxi a reunión, y por la noche, la misma imagen: ojos cansados, café en mano y el estómago hinchado.
Exteriormente, parecían tenerlo todo bajo control, pero por dentro, solo deseaban llegar a la habitación y dejar de tomar decisiones. Este escenario se repite constantemente, y es que viajar por trabajo nos lleva a dormir menos, movernos poco y acumular estrés. Llegamos al final del día sin la energía suficiente para elegir con criterio, y el famoso «perdidos al río» acaba convirtiendo un viaje de tres días en una semana entera de caos alimentario y arrepentimiento.
El nuevo lujo no es viajar más ni alojarte en la suite de un hotel de cinco estrellas. El nuevo lujo es que tu éxito profesional no se refleje en un desgaste innecesario de tu cuerpo.
El error imprescindible a corregir es intentar improvisar cuando ya estamos agotadas. El sistema de Lucín propone comenzar el viaje antes de cerrar la maleta. No se trata de planificar cada gramo de comida, sino de tomar decisiones clave por adelantado: la ubicación del hotel, si tiene gimnasio, qué días podemos entrenar, cuántas comidas con clientes tendremos y qué opciones saludables hay cerca. Cuantas menos decisiones tengamos que tomar cansadas en un aeropuerto, mejor será el resultado para nuestra línea y, lo más importante, para nuestra energía.
Para un viaje de dos a cinco días, Lucín establece unos mínimos claros que cualquiera puede seguir. Se trata de hacer dos sesiones de entrenamiento ajustadas a nuestras posibilidades, intentar caminar 10.000 pasos al día como referencia e incluir proteína en las tres comidas principales. Además, debemos añadir fruta y verdura de manera habitual, priorizar el agua como bebida principal y limitarnos a un máximo de una copa de alcohol al día. Y, un factor a menudo olvidado pero vital, asegurarnos entre siete y ocho horas de sueño.
Esta estructura simple nos permitirá evitar la mentalidad del «todo o nada». No es necesario suspender el viaje porque un día hagamos 7.000 pasos en lugar de 10.000. El objetivo es que una reunión larga o un imprevisto no se conviertan en la excusa perfecta para abandonarlo todo. Es nuestra clave para mantenernos enfocadas.
El aeropuerto y el buffet del hotel: nuestros primeros retos
El VIP Lounge no tiene que ser una zona de caos gastronómico. Lucín propone simplificar. En lugar de buscar lechuga ecológica por toda la terminal (cosa que sinceramente, nos parece una odisea), lo mejor es buscar una combinación básica con huevos o alguna fuente de proteína, fruta, agua, café y, si hay, yogur natural. El objetivo no es un desayuno perfecto, sino uno que nos aporte nutrientes sin hincharnos con bollería y zumos azucarados que nos dejarán con un pico de glucosa al que seguirá un descenso pronunciado.
¿Y el buffet del hotel? Este es el campo de batalla por excelencia. Como todo está incluido, parece que tenemos que amortizarlo, y acabamos comiendo más que un domingo de vacaciones, a pesar de tener una reunión inminente. El truco definitivo de Lucín? Empieza siempre por la proteína: huevos, yogur natural, pescado, mariscos, o carnes magras. Después, añade fruta, bebe agua y café. Puedes permitirte una porción de pan, tortilla o arroz. El error es llenar tres platos porque no sabes cuándo volverás a comer. Si prevés una mañana larga, prepara una opción sencilla para más tarde (una pieza de fruta, unos frutos secos).
Comidas con clientes y llegadas tardías: las decisiones inteligentes
En una reunión con clientes, no es necesario anunciar a todos que estás a dieta con cara de pocos amigos (ya lo sabemos, es una tortura para muchas de nosotras). Busca una estructura sencilla: proteína, verduras, y una porción de carbohidratos según el contexto (legumbres, patata, arroz o pasta). Agua como bebida principal y, si quieres postre, fruta o yogur natural. Unas tortillas pueden ser un buen plato, y unos macarrones también pueden encajar. El problema es el encadenamiento: pan, entrantes, varias copas, plato contundente, postre y otra bebida, con la excusa del “ya que estamos”.
Cuando llegas al hotel a las once de la noche después de un día maratoniano, el menú del servicio de habitaciones puede parecer escrito para tentarte a tomar la peor decisión. No te castigues, pero sé inteligente. Busca una opción sencilla como pollo, pavo, huevos, mariscos, pescado o algún corte de carne magra. Acompáñalo con verduras si están disponibles y agua. Una pequeña ración de boniato, patata o pasta puede ser buena si tienes mucha hambre. Ir a dormir vacío después de un día agotador tampoco es una estrategia inteligente para nuestro metabolismo.
¿Y si no hay gimnasio? Nuestra libertad de movimiento
La falta de gimnasio no es una excusa para no movernos. Podemos hacer una sesión sin material en la habitación, aumentar nuestros pasos diarios o reorganizar los entrenamientos alrededor del viaje. No pensemos: «como no hay gimnasio, esta semana no hago nada». Tampoco debemos levantarnos a las 5 de la mañana después de haber dormido cuatro horas para hacer burpees al lado de la cama (nuestro cuerpo nos lo agradecerá). La estrategia depende de la duración del viaje, el descanso y la carga de trabajo. A veces será más inteligente priorizar los pasos, comer con estructura y descansar, para retomar la fuerza al volver.
Y al volver a casa, prohibido empezar de cero con dietas compensatorias. No ayunes para compensar, ni hagas dos horas de cardio. No intentes pagar lo que has comido. Haz una comida normal. Bebe agua. Incluye proteína, fruta y verdura. Camina. Duerme. Vuelve al siguiente entrenamiento que te tocaba. Retomar el ritmo vale mucho más que intentar ser perfecta todos los días.
El viaje de trabajo no tiene que ser un obstáculo para nuestro bienestar. Es una oportunidad para poner a prueba nuestra capacidad de adaptación y demostrar que un sistema inteligente puede con cualquier circunstancia. ¿Estamos preparadas para aplicar estos consejos y convertir cada viaje en una victoria para nuestro cuerpo y nuestra mente?
