Amas la montaña. Esa sensación de libertad con cada paso, ¿verdad? Pero hay un secreto que puede cambiar tus excursiones para siempre.
A menudo, volvemos a casa con esa sensación de agotamiento total. ¿Crees que solo es el cansancio físico, o tal vez tus pies? Nosotros también lo pensábamos.
No se trata solo de llevar buen calzado o haber dormido. Lo que comes antes del camino es el mapa de tu energía.
Pero hay un factor clave que muy pocas tomamos en cuenta. Y que determina si disfrutamos o sufrimos el camino.
La respuesta la tiene el doctor Medardo Díaz Guevara, un médico general miembro de DoctorAkí. Según él, el verdadero pilar de nuestra energía está en un lugar inesperado.
«Los carbohidratos complejos son la base energética para tus caminatas», afirma Díaz. Esta es la clave definitiva para aguantar kilómetros y kilómetros sin desfallecer.
La preparación secreta: lo que comes antes de salir
Llegar a la montaña con una buena base energética es imprescindible. No depende solo de unos buenos zapatos o de haber descansado lo suficiente. Tu alimentación de las horas previas prepara el cuerpo para el esfuerzo.
Esta fase preparatoria, según el doctor Díaz, debe centrarse en una base sólida. Los carbohidratos complejos son nuestros mejores aliados. Piensa en avena o arroz integral. Estos alimentos nos dan energía de manera sostenida, sin picos ni caídas bruscas.
Acompañarlos con proteínas ligeras es una solución inteligente. Un yogur o un poco de pavo aportan los nutrientes necesarios para los músculos. ¿Y lo mejor? No generan una digestión pesada que nos frene al inicio.
El desayuno, antes de nuestras excursiones, es sagrado. Sobre todo si el camino nos lleva a lugares aislados sin puntos de restauración. Salir de casa bien alimentadas es la primera decisión para afrontar la ruta con energía suficiente.
No se trata de comer en grandes cantidades. El auténtico truco es elegir alimentos que aporten energía y que nuestro organismo tolere bien. Todas somos diferentes, y lo que funciona a una puede no funcionar a otra. Por eso, antes de una caminata exigente, mejor apostar por opciones que ya conozcamos y sepamos que digerimos con facilidad.
¿Qué debemos dejar fuera del menú justo antes del ascenso? Las comidas muy grasas o difíciles de digerir. También el exceso de azúcares refinados. Pueden provocar malestar y no nos ayudan a mantener el esfuerzo durante la actividad. Un error común que podemos evitar.
Mantener la llama: alimentarse durante el camino
Una vez comenzamos a caminar, las necesidades del cuerpo cambian. Ya no es solo haber salido de casa con energía, sino mantenerla. Y con ella, una buena hidratación a medida que avanzamos kilómetros.
El doctor y fisiólogo Alain Riveros Rivera, de la Universidad Javeriana, nos lo recuerda. «El reto de hacer caminatas en la montaña exige una adecuada compensación nutricional». Esta es una regla de oro, sobre todo para las que no estamos acostumbradas a la altura.
Es fundamental equilibrar el consumo de macronutrientes: carbohidratos complejos, proteínas y grasas saludables. Durante la actividad física, los carbohidratos toman un protagonismo especial. Son la principal fuente de energía que nuestro organismo utiliza para sostener el esfuerzo.
Para las caminatas prolongadas, podemos recurrir a alimentos que aporten energía de manera práctica y rápida. Frutas como el plátano o la manzana, frutos secos, barritas energéticas o geles. Son nuestro as bajo la manga para no perder ritmo.
No esperes a sentirte agotada para comer. La clave es distribuir los alimentos durante el recorrido. Así evitamos la fatiga.
La hidratación va de la mano con la alimentación. Mientras el cuerpo se esfuerza, perdemos agua y electrolitos a través del sudor. Beber líquidos de manera regular es fundamental, incluso sin sed intensa. En recorridos largos, con mucho calor o sudor abundante, las bebidas con electrolitos pueden ayudar a reponer minerales. Eso sí, no siempre son indispensables. Depende de la duración, la intensidad y cuánto sudemos.
Atención: lo que llevamos a la montaña, vuelve con nosotros. No dejes ninguna cáscara, semilla ni resto de comida. Aunque sean naturales, pueden alterar ecosistemas frágiles. Es un compromiso vital con nuestro entorno.
Tu energía: la decisión que cambia la ruta
No todo lo que parece práctico para la mochila es una buena opción. Evita alimentos pesados, difíciles de digerir o poco adecuados. Durante la caminata, vigila qué comes y cuánto. Las raciones excesivas de una sola vez pueden jugarte una mala pasada.
Esta información es imprescindible si quieres que tus próximas caminatas sean una experiencia inolvidable. Tu energía es tu motor, y ahora tienes el mapa para mantenerlo en marcha.
La próxima vez que prepares la mochila, recuerda esta arquitectura nutricional. ¿Estás lista para convertir cada paso en un disfrute? La montaña te espera, más lista que nunca.
