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Pilar Muñoz, de Las Ketchup, sobre sus giras sin descanso: «No sabía si mi cuerpo resistiría. Pero es que resiste»

El mundo volvió a bailar al ritmo del Aserejé. Hace unos días, durante la pausa de hidratación del Mundial 2026, aquella melodía inconfundible resonó, enganchando a millones. Una canción con 24 años de vida que continúa colándose en cada rincón.

Pero detrás de este hit viral, de esta resurrección sonora, se esconde una verdad mucho más compleja. Un relato de desgaste, sacrificio y una capacidad de resistencia que roza lo imposible. Hablamos de Las Ketchup, y su historia es una advertencia.

Pilar Muñoz, una de las hermanas, lo confesó con una sinceridad que conmueve: «No sabía si mi cuerpo resistiría. Pero es que resiste». Una frase que resume años de giras frenéticas, sin fin, que llevaron su cuerpo al límite absoluto.

La cara oculta de un éxito planetario

El camino de Las Ketchup no fue una progresión gradual. Fue una explosión. De un bar de Córdoba a los escenarios más grandes del mundo en un abrir y cerrar de ojos. El compositor Manuel Ruiz Queco lo recuerda como un encuentro casi improvisado con las hijas de El Tomate.

Aquella canción, el Aserejé, las atrapó sin rodaje previo. De un día para otro, del anonimato a encadenar vuelos, promociones y actuaciones sin margen alguno para respirar. Pilar lo ilustra con una imagen potente: «Cuando tomé el primer avión y luego vino otro y después otro, le dije a mi madre que no sabía si mi cuerpo resistiría. Pero es que resiste.»

¿El secreto para soportar la vorágine? La unión entre hermanas, el pilar que te salva cuando todo tambalea.

Este ritmo frenético tuvo un coste. Las hermanas casi no pudieron disfrutar del éxito por el cansancio extremo. Lola, su hermana, puso nombre al problema: «Hemos estado muy mal asesoradas». Una falta de apoyo profesional que llevó su bienestar al límite. Hoy, la gestión de su carrera sería radicalmente diferente.

El precio de la fama: cuando el cuerpo dice basta

Imagínate una gira por Japón. Cinco días. Cada mañana, a las cinco, el equipo ya estaba en sus habitaciones. Una hora y media antes para preparar vestuario y logística. Todo para llegar a tiempo. ¿El tiempo para ellas? Inexistente. Era una máquina de trabajar. (Y nosotros nos quejamos del despertador del lunes, ¿verdad?).

Entre viajes y escenarios, hay momentos que Pilar recuerda con un afecto especial, como su encuentro con David Bowie. Pero esas perlas son pequeñas islas en un océano de compromisos sin fin. La presión era constante, la demanda, insaciable.

Este ejemplo de Las Ketchup nos alerta sobre la salud mental y física en profesiones de alta exigencia. No es un caso aislado. Muchas veces, en la búsqueda del éxito, olvidamos lo más importante: nuestro cuerpo, nuestra mente. Es una lección imprescindible para cualquiera que persiga un sueño.

La solución: el poder de la tribu y la madurez

¿Qué las sostuvo en esos años de desgaste extenuante? No la fama ni el dinero. Fue su propia unión. «Tenernos a nosotras es lo que nos ha salvado», afirma Lola. Sin este vínculo, su relación con la música habría sido muy diferente, quizás incluso insostenible.

Lucía, siempre más reservada, lo resume con contundencia: «Y aun así, hemos ido a trabajar con nuestra mejor sonrisa». El objetivo era exprimir el momento, sin pensar en el coste personal. Ahora, la perspectiva ha cambiado. Han aprendido a disfrutarlo desde la madurez, gestionándolo todo ellas mismas. Lola añade: «Y culpa cero».

Las Ketchup no han bajado el ritmo. De hecho, viven uno de sus veranos más activos, con nuevo disco en camino y giras por Francia, Suiza y España. Pero ahora, la gestión es diferente. Lucía lo admite con una sonrisa: «En verano no paramos y en invierno últimamente tampoco. Y gracias a Dios». Una buena noticia tras tantos altibajos.

No te juegues tu salud por el éxito

La historia de Las Ketchup es un recordatorio vital. El éxito puede ser un arma de doble filo si no lo gestionamos con inteligencia. La presión, la exigencia constante, la falta de descanso… todo suma y puede pasar una factura enorme a nuestro cuerpo y mente. (Y a nuestro rendimiento a largo plazo, claro).

Esta revelación es un truco de superación. No solo para artistas, sino para cualquier persona con una vida intensa. Aprender de los errores pasados, priorizar nuestra salud y rodearnos de buenos consejeros. Es la clave para resistir, como Pilar descubrió.

Hoy, Las Ketchup demuestran que se puede seguir en el candelero, pero con tus propias reglas. No es lo mismo aguantar que resistir. ¿Tu cuerpo, resistirá?

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