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Marta Marcè, especialista en menopausia, explica el truco para dormir mejor: «Una porción de carbohidratos de calidad puede ayudar al descanso»

Seguro que lo has oído mil veces. Una de las primeras normas no escritas de cualquier dieta para perder peso o mantener la línea es eliminar los carbohidratos por la noche. Nos han repetido hasta el aburrimiento que cenar patata, arroz o pasta es un pecado capital que se traduce directamente en grasa acumulada. Pero, ¿qué pasa si te decimos que esta vieja creencia te podría estar robando horas de sueño de calidad?

La realidad científica es terca y a menudo contradice los mitos populares. Para muchas personas, especialmente aquellas que atraviesan cambios hormonales significativos, esta restricción nocturna es la causa directa de sus noches en vela. La obsesión por cenar solo un filete de pollo a la plancha con lechuga está provocando una auténtica epidemia de insomnio silenciado que afecta a miles de hogares.

Ahora, una voz autorizada en el campo de la salud integrativa ha arrojado luz sobre este asunto. Marta Marcè, reconocida nutricionista y especialista en menopausia, ha lanzado un mensaje que está rompiendo esquemas en las redes sociales y en las consultas de nutrición: comer carbohidratos para cenar puede ser tu mejor aliado para recuperar el descanso perdido.

El vínculo oculto entre tu cerebro y el plato de cena

Para entender por qué este cambio de hábitos funciona, debemos viajar brevemente al interior de nuestro cerebro. El sueño no es un proceso mágico, sino una reacción química perfectamente orquestada por diferentes neurotransmisores y hormonas. La gran protagonista de la noche es la melatonina, la hormona que nos indica que ha llegado el momento de desconectar y cerrar los ojos.

La melatonina no nace de la nada. Nuestro cuerpo la fabrica a partir de un aminoácido esencial llamado triptófano. (Sí, ese nombre que suena a laboratorio es tu mejor amigo para dormir). Pero el triptófano tiene un problema grave: es un viajero bastante perezoso. Para llegar al cerebro y hacer su trabajo, necesita un vehículo de transporte urgente que le facilite el camino a través de la barrera hematoencefálica.

Aquí es donde entran en juego los carbohidratos de calidad. Cuando consumimos una porción moderada de carbohidratos, nuestro cuerpo genera un pequeño pico de insulina. Esta hormona limpia el camino de competidores en la sangre, dejando vía libre para que el triptófano entre directamente al cerebro. Sin este estímulo, el triptófano se queda bloqueado a mitad de camino, la producción de melatonina cae en picado y te quedas mirando el techo de la habitación a las tres de la madrugada.

Menopausia e insomnio: la tormenta perfecta

Este mecanismo se vuelve aún más crítico cuando hablamos de las mujeres que se encuentran en la etapa de la perimenopausia o la menopausia. Durante esta transición vital, los niveles de estrógenos y progesterona caen en picado. Esta montaña rusa hormonal altera completamente el termostato interno del cuerpo y, por supuesto, los ciclos de sueño y vigilia.

Las noches se convierten en un auténtico calvario de sofocos, sudores nocturnos y micro-despertares que impiden llegar a las fases de sueño profundo. Muchas mujeres intentan solucionarlo cenando de forma extremadamente ligera por miedo a ganar peso, un síntoma también común en esta etapa. ¿El resultado? Una crisis de energía nocturna que el cuerpo interpreta como una alerta de peligro, despertándolas con taquicardia o hambre a medianoche.

La aportación de una pequeña porción de carbohidratos complejos en la cena actúa como un bálsamo calmante para el sistema nervioso de estas mujeres. No solo facilita la producción de melatonina, sino que también ayuda a regular el cortisol, la hormona del estrés que suele dispararse por la noche cuando los niveles de azúcar en sangre bajan demasiado debido a una cena insuficiente.

¿Qué debemos poner exactamente en el plato?

Llegados a este punto, es vital definir qué es exactamente una «porción de carbohidratos de calidad». No hablamos de productos ultraprocesados, harinas refinadas ni bollería. Estos alimentos provocan una subida de azúcar demasiado rápida seguida de una caída libre que te despertaría al cabo de pocas horas con una sensación de vacío en el estómago.

La experta aconseja buscar alimentos de origen natural y ricos en fibra. La lista de los mejores aliados de tu descanso incluye la patata o el boniato cocidos (si los dejas enfriar unas horas en la nevera antes de comerlos, generan almidón resistente, ideal para tu microbiota), la calabaza al horno, la quinoa o una pequeña porción de arroz integral.

Estos alimentos deben combinarse siempre con una fuente de proteína ligera y grasas saludables para garantizar una digestión pausada y una liberación de energía constante. Una cena ideal podría ser una tortilla francesa acompañada de unos dados de boniato al horno y un poco de lechuga, o un filete de pescado con verduras y media patata hervida.

Una tendencia de salud que gana adeptos

Esta recomendación de Marta Marcè no es un hecho aislado. Se enmarca dentro de una corriente creciente de la crononutrición, la ciencia que estudia cómo afecta la hora en que comemos a nuestros ritmos biológicos. Cada vez más especialistas coinciden en que restringir en exceso puede ser contraproducente para la salud hormonal y mental.

La pérdida de sueño crónica tiene consecuencias graves que van mucho más allá de tener ojeras al día siguiente. Se ha demostrado que no dormir lo suficiente altera las hormonas del hambre (la grelina y la leptina), haciendo que al día siguiente tengamos más ansiedad por comer dulces y alimentos grasos. Por lo tanto, paradójicamente, no cenar carbohidratos para no engordar puede acabar haciéndote ganar peso debido a la falta de sueño.

Si llevas semanas o meses luchando contra el insomnio, dando vueltas en la cama y probando todo tipo de infusiones sin éxito, quizás es el momento de dejar atrás los viejos dogmas de los años noventa. Tu cuerpo te pide combustible de calidad para poder hacer su trabajo nocturno de reparación.

Antes de recurrir a soluciones de farmacia o resignarte a vivir cansada, haz la prueba hoy mismo. Añade una pequeña porción de boniato o patata a tu cena, apaga las pantallas una hora antes de ir a dormir y deja que la química natural de tu cuerpo haga el resto. Tu cerebro y tu descanso te lo agradecerán eternamente.

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