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Ultraprocesados: La verdad oculta que afecta tu salud

Cada día, sin darnos cuenta, nuestro plato puede convertirse en un campo de minas. Lo que parece inofensivo, o incluso saludable, podría estar minando nuestra salud a pasos agigantados. Estamos hablando de un secreto oculto en millones de productos.

Los expertos en nutrición han alzado la voz y su sentencia es clara: muchos de los alimentos que forman parte de nuestra dieta habitual, y que creemos beneficiosos, son en realidad una auténtica amenaza. La verdad es impactante, y la tenemos más cerca de lo que imaginamos.

La clave para entender esta revelación se encuentra en la clasificación NOVA. Esta escala agrupa los alimentos en cuatro categorías, y la que nos preocupa es la de los alimentos ultraprocesados. (Sí, nosotros también pensamos que ya lo sabemos todo, pero hay matices que se nos escapan).

¿Qué esconden los ultraprocesados? El diagnóstico de expertos

Jennifer Pallian, dietista titulada, lo explica sin rodeos. Los refrescos, los aperitivos azucarados o salados envasados, las pizzas congeladas… son ejemplos evidentes. Pero la verdadera sorpresa viene con los productos que se venden como «saludables», «ligeros», «orgánicos» o «veganos».

Muchas alternativas lácteas vegetales o sucedáneos de carne, barras de granola, yogures de sabores o cereales de desayuno envasados, también son ultraprocesados. Son una auténtica trampa de marketing que nos hace creer que estamos eligiendo bien para nuestra salud, cuando en realidad, no es así.

La clasificación NOVA, según Harvard Health, divide los alimentos en: no procesados o mínimamente procesados (zanahorias, aguacates), ingredientes culinarios procesados (aceite de oliva, harina), alimentos procesados (atún enlatado, algunos quesos) y finalmente, los ultraprocesados.

Estos últimos van un paso más allá. Se les añaden colorantes, saborizantes artificiales, conservantes para alargar su vida útil e ingredientes para preservar su textura. Kristine Dilley, dietista de la Universidad Estatal de Ohio, subraya que los ultraprocesados «tienen al menos cinco ingredientes (a menudo muchos más) y contienen ingredientes que no se utilizan habitualmente en la cocina». Es la señal de alarma que debemos aprender a detectar.

La conexión oscura: ultraprocesados y enfermedades

Los estudios recientes han puesto el dedo en la llaga. Consumir ultraprocesados no es una decisión inocente. Nuestra salud está en juego, y la ciencia lo corrobora con datos alarmantes.

Un estudio publicado en JAMA Neurology en diciembre de 2022 siguió a más de 10,775 personas durante 10 años. La conclusión fue devastadora: aquellos que obtenían un 28% o más de sus calorías (unas 400 calorías en una dieta de 2,000) de ultraprocesados tenían un riesgo más elevado de sufrir demencia. Otro estudio de julio de 2022 llegó a la misma conclusión. (Entiendo que ahora mismo estamos repasando mentalmente nuestras comidas, ¿verdad?).

Por si fuera poco, dos grandes estudios publicados en The British Medical Journal vincularon estos alimentos con el cáncer. Uno de ellos analizó datos de 46,000 hombres y 160,000 mujeres. Los hombres con un consumo más alto de ultraprocesados tenían un 29% más de riesgo de desarrollar cáncer colorrectal. Y en otro estudio, con más de 22,000 personas en Italia durante 14 años, se encontró que una dieta rica en ultraprocesados aumentaba un 19% el riesgo de mortalidad general y un 27% por causas cardiovasculares. Son cifras que deberían romper nuestro silencio.

El mecanismo del daño: el secreto del procesamiento

¿Por qué son tan nocivos? Scott Keatley, dietista registrado, explica que estos alimentos están tan descompuestos que son «mucho más digeribles». Esto, que suena bien, es un problema. Da al cuerpo acceso rápido a grasas de alta energía y azúcares simples con poca fibra. ¿El resultado? Un pico de azúcar en sangre y la activación del centro de recompensa del cerebro, lo que nos lleva a comer más y, potencialmente, al exceso.

Además, «cuanto más se calientan las grasas y los aceites, mayor es la probabilidad de que se generen ácidos grasos trans«, advierte Keatley. Y ya sabemos la historia: los ácidos grasos trans se asocian con colesterol LDL (el malo), ictus, enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2. Nuestro corazón y nuestro cerebro sufren las consecuencias.

Pero hay más. Un estudio de julio de 2026 (sí, los estudios van rápidos) sugiere que el procesamiento en sí mismo puede tener un impacto negativo. Dariush Mozaffarian, autor principal, declaró en Tufts Now que los cambios en la estructura celular, la pérdida de compuestos beneficiosos, los aditivos y los químicos del envase pueden generar riesgos para la salud que las métricas nutricionales tradicionales no abordan. Es una verdad oculta más.

La cruda realidad: productos «saludables» que no lo son

Muchos fabricantes de alimentos se apuntan a las tendencias «saludables» para crear versiones prácticas de alimentos teóricamente beneficiosos. El movimiento plant-based es un ejemplo claro. Hamburguesas vegetarianas, sucedáneos de pollo o muchos productos veganos envasados. La mayoría son ultraprocesados. La promesa de salud, a menudo, es una ilusión.

Deborah Cohen, dietista titulada, insiste en un punto imprescindible: «Es fundamental leer las etiquetas». Debemos asegurarnos de comprar leche vegetal sin azúcar, o tofu sin azúcares ni grasas añadidas. La apariencia puede engañar mucho, y nuestro ahorro en salud depende de esta pequeña acción diaria.

Pero no todo es un desastre. Beth Warren, dietista, señala que «evitar completamente los ultraprocesados es poco realista». Son baratos, prácticos y están muy arraigados en nuestra cultura. Un enfoque más práctico es sustituir gradualmente los alimentos que consumimos a menudo por alternativas mínimamente procesadas.

Nuestro plan de acción: el control está en tus manos

Es cierto, no moriremos por consumir ultraprocesados de vez en cuando. Incluso hay algún caso donde pueden ser beneficiosos si tenemos alergias (Warren menciona las bebidas vegetales, por ejemplo, o algunos yogures como sugirió otro estudio de British Medical Journal para mujeres). La clave es la moderación y la conciencia.

Scott Keatley lo resume perfectamente: «Está bien utilizar estos productos para complementar una dieta generalmente saludable». El problema surge cuando estos alimentos se convierten en la base de nuestra alimentación. Nuestra salud, la de nuestros seres queridos, no puede esperar.

Conoces la información, ahora tienes el poder. La decisión de detener el ciclo de los ultraprocesados, de repensar tu supermercado y de cuidar tu cuerpo, es solo tuya. Esta es la solución. ¿Estás preparada para aplicarla?

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