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Gabriela Uriarte, nutricionista: «El deseo de adelgazar es permanente, da un sentimiento de pertenencia al hacer dieta»

El espejo nos observa cada mañana. La báscula, con su veredicto silencioso, nos espera al acecho. Vivimos en una era donde la presión por la imagen corporal es una constante, un ruido de fondo que nunca se apaga. Nos dicen que debemos ser más sanos, más ágiles, más ligeros. Pero, ¿qué pasa si detrás de este deseo de «mejorar» hay una fuerza mucho más poderosa y sutil que el simple bienestar?

¿Y si ese anhelo por adelgazar fuese menos una cuestión individual y más una estrategia social para mantenernos conectadas? Una especie de código secreto que, sin darnos cuenta, nos une en una tribu global. Prepárense, porque una de las voces más respetadas en nutrición ha destapado una verdad que puede cambiar nuestra forma de entender la relación con la comida y con nosotras mismas.

La nutricionista Gabriela Uriarte ha puesto el dedo en la llaga con una declaración que ya resuena como un eco urgente. Según Uriarte, el deseo de adelgazar no es un punto final, sino un estado perpetuo. Un anhelo que nunca acaba, que se retroalimenta constantemente. La clave, sin embargo, está en su segunda parte: «El deseo de adelgazar es permanente, da un sentimiento de pertenencia al hacer dieta».

El deseo permanente: ¿una trampa invisible?

Esta afirmación es una revelación impactante para muchas de nosotras. Pensábamos que el «perder peso» era una meta, un punto de llegada. Pero Gabriela Uriarte nos invita a verlo como un viaje sin fin. El deseo es permanente. No se trata de alcanzar un número en la báscula y olvidarse. No, es una sensación que se instala y permanece, una sombra que nos persigue.

Esta permanencia tiene un efecto alarmante. Nos mantiene en un estado de búsqueda constante, de vigilancia sobre nuestro cuerpo. Estamos siempre en «modo dieta», incluso cuando no lo estamos haciendo activamente. Es un pensamiento recurrente, una autoevaluación sin tregua. (¿Quizás esta es la solución al vacío que a veces sentimos, el objetivo que nos falta?).

El club silencioso de la dieta: un sentimiento de pertenencia inesperado

Aquí es donde la tesis de Uriarte se vuelve realmente fascinante y, al mismo tiempo, inquietante. El hecho de hacer dieta, o incluso el simple deseo de hacerlo, genera un sentimiento de pertenencia. Cuando compartimos con amigas nuestra última batalla contra los hidratos o el nuevo «truco» para acelerar el metabolismo, estamos creando lazos. Un club no escrito, pero muy real.

En este club, las conversaciones sobre dietas, los éxitos y los fracasos, las culpas compartidas, actúan como un lenguaje común. Nos sentimos entendidas. Sentimos que no estamos solas en esta lucha. (¿Quién no se ha sentido cómoda hablando de esto en un encuentro social?). Esta conexión es un poderoso refuerzo. Nos da una identidad, un lugar en el grupo. Es una forma de validación social que, a menudo, subestimamos.

La dinámica es la siguiente: el deseo permanente de adelgazar nos mantiene en el radar de la dieta. Y, una vez en este radar, interactuamos, compartimos y, al hacerlo, fortalecemos este sentimiento de pertenencia. Es un círculo. Un círculo que, para muchas, es extremadamente difícil de romper. No solo por la presión estética, sino por la misma validación social que obtenemos.

La conexión con la cultura de la dieta

Esta perspectiva de Gabriela Uriarte encaja perfectamente con el creciente análisis de la «cultura de la dieta». No es solo una cuestión de comida y ejercicio; es un sistema complejo de creencias, valores y prácticas que se han incrustado profundamente en nuestra sociedad. La nutricionista nos ayuda a ver que este deseo permanente y el sentimiento de pertenencia son dos pilares fundamentales de esta cultura.

Lo que Uriarte nos revela es un error colectivo en nuestra manera de abordar la salud y el bienestar. Nos enfocamos en la pérdida de peso como un fin, sin entender que el proceso en sí mismo, con su permanencia y su creación de comunidad, es lo que nos mantiene atrapadas. La solución podría estar en desmantelar estos pilares, en cuestionar este deseo permanente y buscar la pertenencia en lugares más auténticos y sanos.

Esta información es imprescindible para redefinir nuestra relación con nuestro cuerpo. Nos permite entender que no estamos solas, pero también que somos parte de un sistema que perpetúa una lucha. Una lucha que, como bien dice Uriarte, es permanente.

El momento de la desconexión

Lo que Gabriela Uriarte nos plantea no es una cuestión menor. Es una advertencia sutil sobre los engaños de nuestro propio inconsciente y de la sociedad que nos rodea. Entender que el deseo de adelgazar es permanente y que nos ofrece pertenencia es el primer paso para liberarnos de él. Para muchas, este puede ser el secreto definitivo para poner fin a la montaña rusa emocional de las dietas.

Este análisis es una oportunidad para empezar a construir una relación más sana con la comida y con nosotras mismas. Dejar de buscar la pertenencia en la restricción y encontrarla en la aceptación. La próxima vez que el espejo o la báscula nos juzguen, recordemos las palabras de Gabriela Uriarte.

Hemos obtenido una herramienta poderosa. Un truco mental para descifrar la complejidad de la cultura de la dieta. Ahora que conocemos su funcionamiento interno, tenemos el poder de decidir si continuamos dentro de este ciclo o buscamos una nueva manera de vivir. La pregunta es: ¿estamos preparadas para desconectarnos del club?

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