¿Alguna vez has sentido un vacío, como si estuvieras persiguiendo una felicidad que no era tuya? Es una sensación agotadora, un laberinto que muchas de nosotras conocemos bien.
Esta lucha interna, este no saber qué quieres de verdad, tiene un origen mucho más profundo de lo que imaginas. No es un error tuyo, es una arquitectura psicológica que nos ha construido la sociedad.
El peso invisible de los deseos ajenos
El psicoanalista argentino Gabriel Rolón, autor de «La felicidad», ha destapado el secreto de esta confusión. Según Rolón, no es nada fácil conectar con nuestra voluntad porque hay un muro invisible: los deseos ajenos. Son voces, mandatos que se interponen entre nuestro yo y lo que realmente anhelamos.
Rolón es clarísimo: vivimos bajo el peso de discursos que no nos pertenecen. (Sí, nosotras también hemos sentido esta presión). Desde el momento en que nacemos, lo que se espera de nosotros nos persigue. Estamos tan impregnadas de opiniones ajenas que acabamos completamente excéntricas a nosotras mismas. Nuestro verdadero «yo» queda desplazado, perdido en medio del ruido externo. Esta es la cruda realidad que Rolón nos plantea.
Cómo nos construyen los mandatos externos
Piénsalo: ¿cuántas veces te han dicho cómo deberías ser? ¿A quién deberías amar? ¿Si debías estudiar una carrera concreta o si no servías para nada? Todas estas voces ajenas nos han ido construyendo y acompañando desde el día que nacimos. Y, muchísimas veces, se interponen entre nuestro auténtico deseo y nosotras. Este es el secreto oculto de nuestro malestar.
Estas voces pueden ser las de los padres, que proyectan en nosotras lo que ellos no tuvieron. Rolón habla del «narcisismo» paterno, esta idea de «tú tendrás todo lo que yo no tuve». Pero, nos preguntamos nosotras, ¿quién les dijo que queremos tener exactamente eso? Esta presión, por muy bien intencionada que sea, puede ser una prisión dorada para nuestra identidad, alejándonos de nuestra propia búsqueda.
El problema se complica con la sociedad y la cultura, que actúan como un filtro gigante. Dictan qué es el éxito, qué debemos amar, o si debemos formarnos de una manera u otra. Todos estos mensajes nos van construyendo y, a menudo, nos hacen sentir culpables si no los seguimos al pie de la letra. Esta condición provoca que nos situemos fuera de nuestro propio centro. Aparecen mandatos, críticas, y un dolor profundo cuando sabemos que estamos defraudando las expectativas ajenas. Toda esta angustia, esta decepción y esta culpa se interponen entre nuestro deseo y nosotras.
Rolón explica que muchas de nuestras metas actuales responden a lo que nuestro círculo íntimo o la sociedad esperaban de nosotras, y no a una pulsión interna genuina. Aquí es donde entra el concepto de «superyo», el lugar donde residen todos estos discursos. Ya sean buenos o malos, de alguna manera, sugieren nuestro «destino».
La solución: el esfuerzo de retomar tu yo auténtico
Pero hay una solución definitiva. El gran beneficio que Rolón nos señala es el camino del esfuerzo personal. Es el motor imprescindible para transformar la realidad y conectar con nosotras mismas. La vida se vuelve mucho más luminosa y atractiva cuando nos esforzamos por descubrir nuestro propio deseo. Formarse y aprender constantemente, según Rolón, «erotiza el pensamiento» y enriquece nuestra existencia. Es un truco vital para reencontrarnos.
El psicoanálisis, según Rolón, es el arte de intentar que alguien no cumpla su destino. No el que te han marcado, sino tu deseo auténtico.
Precisamente, el psicoanalista define el psicoanálisis como «el arte de intentar que alguien no cumpla su destino». ¿Por qué? Porque a menudo creemos que queremos alcanzar un «destino», cuando en realidad, lo que queremos es nuestro propio deseo. El destino, nos dice Rolón, viene de otro lugar, es excéntrico a nosotras. La clave es descifrar qué es verdaderamente nuestro.
Por qué es urgente conectar con tu verdadero deseo
Este análisis de Rolón resuena profundamente con la creciente tendencia a buscar la autenticidad y el bienestar mental. En una era de sobreexposición a las redes y las vidas «perfectas» de los demás, la presión por cumplir con un modelo externo es más fuerte que nunca. En esta constante comparación, la línea entre lo que queremos y lo que se nos dice que debemos querer se borra peligrosamente. Reconocer estos mandatos es el primer paso para liberarnos de ellos y proteger nuestra salud mental más preciada. No es casualidad que cada vez más expertas recalquen la importancia de desconectar del ruido para conectar con una misma.
Dejar que los deseos ajenos decidan por ti es un error costoso que pagas con tu propia felicidad. Esta angustia y esta culpa pueden enquistarse si no ponemos solución ahora mismo. No hay tiempo que perder. Empezar a cuestionar estas voces es una decisión urgente para tu bienestar futuro. Cada día que pasa sin esta reflexión es un día más viviendo una vida que quizás no es la tuya.
Entender los mecanismos que nos alejan de nuestro propio deseo es una información imprescindible. Acabas de recibir la clave para empezar a descifrar tu auténtico camino. (Sabíamos que sería inteligente leer hasta aquí).
