Viure - Monterrassa
Leticia Martín, psicóloga: «Repasar el día antes de dormir no es no saber desconectar, es ordenar lo vivido»

Muchas de nosotras (sí, ¡nosotras también alucinamos!) hemos sentido esa presión silenciosa cuando la cabeza no para antes de dormir. Nos han dicho que es un signo de no saber desconectar, casi un «defecto» que nos roba horas de sueño. Pero, ¿y si este repaso mental nocturno tuviera, en realidad, una función vital y casi secreta para nuestro bienestar?

No es ninguna señal de debilidad, ni una incapacidad para cerrar el ordenador mental. Es una estrategia que nuestra mente adopta para procesar y organizar todo lo que el día, con su velocidad vertiginosa, nos ha lanzado. La verdadera clave no reside en si pensamos, sino en cómo lo hacemos.

La psicóloga Leticia Martín Enjuto, una auténtica experta en la materia, lo tiene meridianamente claro. Repasar el día antes de cerrar los ojos no es no saber desconectar, como creemos, sino una manera eficiente y necesaria de ordenar lo vivido. Es un mecanismo psicológico mucho más sofisticado de lo que nos imaginamos.

La realidad de nuestro cerebro acelerado

Durante las horas de luz, nuestra vida es una carrera de obstáculos constante: correos, proyectos, llamadas, niños, tareas domésticas y un flujo imparable de información. La mente va acumulando sin darse cuenta, saltando de una obligación a la siguiente sin tiempo real para una pausa o reflexión. A menudo, incluso cuando una emoción nos atraviesa, no encontramos el espacio ni la tranquilidad para entenderla.

El silencio profundo de la noche, la quietud en nuestra cama, es el único momento donde el ruido cotidiano se desvanece de verdad. Es entonces cuando nuestra mente, como un armario desordenado que pide ser ordenado, comienza a recuperar todo lo que ha quedado pendiente. No es extraño, pues, que estos momentos de reflexión tengan una función tan válida para nosotros, casi un ritual de cierre diario.

El problema no es pensar antes de dormir. El verdadero problema comienza cuando dejamos de reflexionar para comprender y entramos en el bucle sin fin de la rumia, sin llegar nunca a ninguna conclusión útil. Es en este punto donde la noche se hace larga y el descanso se nos escapa.

La diferencia entre una reflexión funcional y la rumia destructiva es muy sutil, pero absolutamente decisiva para nuestro descanso. No es lo mismo llegar a una conclusión como «ahora entiendo por qué esa conversación me hizo sentir incómoda» que pasarnos horas dando vueltas a qué deberíamos haber respondido o qué pasará al día siguiente. En el primer caso, nuestra mente procesa productivamente; en el segundo, se activa buscando una solución que quizá no existe y que, por la noche, difícilmente encontraremos. Este exceso de activación es lo que nos aleja del sueño.

Cuando el día es de los demás

Hay un factor que acentúa aún más esta tendencia humana: nuestra (a menudo inconsciente) predisposición a poner las necesidades de los demás por delante de las nuestras. Muchas de nosotras pasamos el día dedicadas al trabajo, a la familia, a las necesidades ajenas, sin encontrar ni un pequeño instante de calma para nuestra propia introspección. Cuando finalmente llegamos a la cama, se crea este espacio de silencio donde todas las necesidades y pensamientos que hemos ido aparcando durante horas emergen con una fuerza imparable.

Es como si nuestra mente aprovechara este momento de tranquilidad forzada, el único del día, para reclamar su atención urgente. No es que no sepamos desconectar, sino que quizá no hemos encontrado ningún otro momento a lo largo del día para escucharnos con atención, para darnos el cuidado emocional que merecemos (y necesitamos, por supuesto). Este hábito, aunque parezca inocente, puede acabar afectando la calidad de nuestro sueño si no lo gestionamos bien.

Un plan antiestrés para tus noches

Si estos pensamientos nocturnos están comenzando a interferir seriamente con tu descanso (y nuestro bienestar), la psicóloga nos ofrece una solución definitiva. El objetivo no es vaciar la mente antes de dormir, eso solo genera más presión. El verdadero truco es darle a nuestra mente otros espacios durante el día para que pueda hacer su importante trabajo de ordenar y procesar lo vivido, sin esperar al silencio de la noche.

Martín Enjuto nos da consejos prácticos e imprescindibles para hacerlo:

Dedica unos minutos al día a escribir todo lo que te preocupa. Plasmarlo en papel tiene un efecto liberador sorprendente. Habla con una persona de confianza; poner voz a los pensamientos les da perspectiva. Da un paseo sin el teléfono; conectar con el exterior ayuda a desconectar de los estímulos internos. O, simplemente, siéntate y piensa cómo te sientes, una pequeña pausa consciente para ti. Estas pequeñas acciones previenen que la cama se convierta en el único «despacho» de nuestra mente.

Otro de sus secretos para un sueño reparador es aprender a diferenciar qué necesitamos pensar *ahora mismo* y qué podemos dejar para mañana. Hay preocupaciones que no se resolverán por la noche por muchas vueltas que les demos; aceptarlo es un acto de sabiduría.

A veces, descansar profundamente es precisamente aceptar que no todo tiene que quedar solucionado antes de cerrar los ojos. Una pequeña negociación con nosotras mismas, una frase sencilla pero poderosa como «Esto me preocupa, pero me ocuparé de ello mañana con más energía», puede poner un límite a nuestros pensamientos intrusivos. Entender que esta práctica de repasar es normal y saber cómo gestionarla es la clave definitiva para recuperar el control de nuestras noches y nuestra paz mental. Realmente, ¿puedes permitirte ignorar un consejo tan valioso para tu tranquilidad?

Nou comentari

Comparteix

Icona de pantalla completa