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Alfred Sonnenfeld, doctor en Medicina: «El cerebro en alarma constante hace imposible que germine la felicidad»

El ritmo frenético de la vida actual no es una sensación pasajera, sino una realidad que está pasando factura a nuestro órgano más vital: el cerebro. Con una sobrestimulación constante, estamos inmersos en un bucle de alarma que nos desconecta de nuestra propia esencia y, lo más importante, de la capacidad de sentir una alegría genuina. (Sí, nosotros también lo notamos, y nos preocupa).

Esta situación, que muchas intuimos pero pocas sabemos describir, ha sido diagnosticada con precisión por el doctor Alfred Sonnenfeld. Este experto, con formación en Medicina y Teología, ha dedicado su última obra, Cómo recuperar la alegría, a desgranar cómo nuestra mente, constantemente en modo supervivencia, impide que la felicidad florezca. Y tiene una solución definitiva que todas deberíamos conocer.

Sonnenfeld apunta directamente al modo de alarma constante que nuestro cerebro adopta. Cuando estamos siempre a mil por hora, preocupadas por la notificación siguiente o la tarea inminente, el cuerpo se tensa, el corazón se acelera y los sentidos se agitan. En este estado de tensión permanente, es literalmente imposible que germine la felicidad, porque nuestra prioridad es solo la seguridad y la supervivencia.

Cuando nuestro cerebro pierde la seguridad

Desde niñas, todas nacemos con una alegría innata, una capacidad de entusiasmo que nos hace vibrar con todo. Pero, con el tiempo, esta alegría queda sepultada bajo capas de preocupaciones y exigencias que nos hacen más frágiles e insatisfechas. Nuestro cerebro, en su función primaria, debería ofrecernos seguridad, la condición básica para cualquier bienestar. Pero si estamos siempre en modo de emergencia, esta seguridad se pierde.

El secreto para reconectar con la alegría no es buscarla fuera, sino eliminar aquello que nos impide sentirla desde dentro. Este es mi plan B, mi estrategia para la felicidad auténtica.

El doctor destaca que el cerebro también necesita vinculación. Para sentirnos alegres, requiere dos necesidades fundamentales: la pertenencia y la autonomía. Somos seres sociales y relacionales; necesitamos vivir en un ambiente de buenas relaciones donde se respeten nuestros gustos y decisiones. Sin este equilibrio, nuestra mente se desequilibra y la tristeza nos invade.

El entusiasmo, ese sentimiento tan potente, actúa como abono para el cerebro. Cuando nos entusiasmamos, las sinapsis neuronales se hacen más fuertes, creando conexiones más sólidas y rápidas. Es lo que vemos en los niños, que se entusiasman por todo, una cualidad que nosotros, de adultas, deberíamos recuperar y proteger con celo. Es el truco oculto para una mente más joven.

La activación física, un requisito imprescindible

Otra solución imprescindible, y que a menudo olvidamos, es el ejercicio físico. Lo que sucede en el cuerpo tiene una influencia directa en el cerebro. La actividad física libera endorfinas, auténticos opiáceos endógenos que nos proporcionan una sensación de bienestar. Además, produce el famoso factor de crecimiento neurotrófico, que facilita la plasticidad cerebral.

No hace falta ser una atleta de élite. Simplemente salir a la calle, caminar, pasear, ya supone una diferencia abismal para nuestro estado de ánimo y nuestra salud mental. El movimiento es vida, y en la vida moderna, hemos convertido la pasividad en un error que nos aleja de la vitalidad. Estas pequeñas acciones cotidianas son el secreto para mantener nuestro cerebro activo y receptivo a la alegría.

Un propósito vital profundo es otra de las claves que revela Sonnenfeld. Tener un sentido en lo que hacemos, un objetivo que nos motive más allá de la rutina, nos ayuda a superar las dificultades y a relativizar los contratiempos. Esto no significa evitar el estrés. De hecho, el estrés, bien gestionado, puede ser beneficioso, ya que nos ayuda a convertir los retos en oportunidades y a mantenernos jóvenes.

Superar los errores comunes y encontrar nuestro propósito

La pasividad es lo peor que le podemos hacer a nuestro cerebro. Huir de los retos o no saber aclararnos con nuestras metas son errores comunes que nos alejan de la alegría. Debemos aprender a salir de la zona de confort y enfrentar las dificultades de frente, desarrollando una capacidad de gestionar tanto los triunfos como los desastres.

Plantearse metas reales es fundamental para evitar la frustración innecesaria, pero no es la panacea. La experiencia de los astronautas al llegar a la Luna, una vez conseguido su gran objetivo, demostró que siempre habrá nuevas metas. Lo importante es no obsesionarse y vivirlo todo con más naturalidad, manteniendo un sentido profundo de lo que hacemos y relativizando mucho más los eventos que nos suceden.

El mensaje central del doctor Sonnenfeld es claro: la felicidad no es un destino, sino una capacidad que debemos proteger y cultivar. En un mundo que nos quiere constantemente en alarma, el verdadero ahorro reside en nuestra salud mental y emocional. Desconectar para reconectar, encontrar nuestro propósito y mover el cuerpo son decisiones inteligentes que nos devolverán lo que hemos perdido.

Con el exceso de información y el agotamiento digital a la orden del día, su visión es más actual que nunca. Somos nosotros quienes debemos tomar las riendas de nuestra atención y priorizar nuestro bienestar. Después de leer esto, ¿os planteáis cómo os estáis cuidando?

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