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Sergio López, fisioterapeuta: «A partir de los 50, caminar nos activa, pero la fuerza conserva lo que el paseo no estimula»

Nuestro país envejece a pasos agigantados. Somos casi 50 millones de personas, con un impactante 21,1% superando ya los 65 años. Esto significa más de diez millones de almas para las cuales conservar la autonomía física no es un lujo, sino un sinónimo directo de calidad de vida. Para todas nosotras, entender qué tipo de ejercicio es realmente imprescindible después de cierta edad ha dejado de ser una simple elección de gimnasio para convertirse en una prioridad de salud pública incuestionable.

Pero, ¿qué pasa si te decimos que lo que siempre hemos creído suficiente, podría no serlo? ¿Qué hay de nuestra adorada caminata diaria, de la que nos sentimos tan orgullosas?

Aquí llega la revelación clave de la mano de Sergio López, un fisioterapeuta y doctor en Actividad Física con una voz autorizada. Su afirmación es tan sencilla como potente: caminar es magnífico, sí, pero no lo es todo. De hecho, nos advierte que nos estamos perdiendo una pieza crucial del rompecabezas de nuestra vitalidad y autonomía futura. (Sí, nosotros también abrimos los ojos como platos cuando lo escuchamos).

Caminar versus entrenar fuerza: lo que nadie te ha explicado

La verdad es que no se trata de elegir entre una cosa u otra, como si fueran rivales. López nos explica que, a partir de los 50 años, y especialmente en los alrededores de la menopausia, el entrenamiento de fuerza cobra una importancia colosal. No es que sea «más» importante que caminar, sino que generan adaptaciones diferentes y, eso es el secreto, completamente complementarias. Caminar nos activa; el entrenamiento de fuerza conserva lo que el paseo no estimula lo suficiente. Es una distinción fina, pero decisiva para nuestro cuerpo y nuestro futuro.

Caminar, sin duda, es una herramienta excelente para aumentar nuestra actividad física diaria. Contribuye de manera decisiva a la salud cardiovascular, metabólica y mental. Mejora el ánimo, cuida nuestro corazón, ayuda a regular el metabolismo y es, probablemente, el hábito más accesible y sostenible que existe. Pero aquí viene el «pero» que nadie quería escuchar: el problema aparece cuando le pedimos que haga algo para lo cual no está diseñado. Caminar, incluso mucho, no proporciona el estímulo suficiente para conservar o aumentar la fuerza y la masa muscular. Y esa es, precisamente, la capacidad que más nos jugamos con los años.

La clave no es solo caminar más, sino caminar y, además, entrenar la fuerza. Es el auténtico seguro de autonomía para las próximas décadas.

Con el envejecimiento, nuestro cuerpo pierde músculo de forma progresiva, y con él, perdemos fuerza, potencia y la capacidad funcional imprescindible para el día a día: la de levantarnos de una silla sin ayuda, subir una cuesta sin fatiga o cargar la compra con facilidad. En el caso de las mujeres posmenopáusicas, hay un factor añadido que Sergio López subraya: la salud ósea. La evidencia disponible muestra mejoras importantes en la fuerza y en varios parámetros de condición física cuando se entrena la resistencia. Caminar, por sí solo, simplemente no llega a este terreno vital.

El mito de los 10.000 pasos: una verdad a medias

Conviene, de paso, desmontar uno de los grandes mitos del bienestar contemporáneo: los famosos 10.000 pasos. Esta cifra se ha convertido en una especie de frontera moral entre estar sana y no estarlo, un objetivo que muchas perseguimos con devoción. Pero Sergio López pone las cosas en su lugar: «Tampoco convertiría los 10.000 pasos en un número mágico. Es una referencia popular, no una frontera fisiológica entre estar sano y no estarlo». Es un número orientativo, sí, pero no la solución definitiva.

La consecuencia práctica de esta idea es sorprendente. Una mujer puede caminar 10.000 pasos cada día y, aun así, seguir necesitando entrenar fuerza. Dicho de otra manera: por muchas caminatas que hagamos, hay una parte de nuestro cuerpo –la muscular, la ósea, la funcional– que se queda sin el estímulo que necesita si no añadimos algo más. La cifra de la pulsera puede estar perfecta y, aun así, el trabajo estar a medio hacer. (Un error que podríamos estar cometiendo sin saberlo, ¿verdad?).

La solución: no renunciar, sino complementar

No se trata de renunciar a caminar, ni mucho menos. Se trata de entender que caminar es la base, pero no el techo de lo que nuestro cuerpo necesita. Caminar nos mantiene activas; entrenar fuerza conserva aquellas capacidades que caminar por sí solo no estimula lo suficiente. La primera nos mantiene en movimiento; la segunda protege lo que queremos seguir pudiendo hacer dentro de veinte o treinta años. Es una cuestión imprescindible de planificación para una vejez activa y plena.

La buena noticia, según Sergio López, es que no se necesita un gimnasio sofisticado ni convertirse en atleta de élite para comenzar a entrenar fuerza. Lo importante es el compromiso con nuestra salud futura. El mensaje de fondo es tan sencillo como liberador: no se trata de caminar más, sino de caminar y, además, entrenar. Los 10.000 pasos seguirán siendo un buen hábito, uno de los mejores. Pero el verdadero seguro de autonomía para las próximas décadas se construye con algo que caminar, por sí solo, no da.

¿Y sabes qué es lo mejor? Que nunca es tarde para empezar a construirlo. Ahora que conoces este secreto, tienes una herramienta imprescindible para tu salud. ¿No crees que es hora de darle a tu cuerpo lo que realmente necesita?

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