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Álex Rovira: por qué la obsesión por la felicidad es la mayor falacia de nuestro tiempo

La felicidad, esa meta inalcanzable que nos bombardea a cada instante. Nos dicen que debemos ser felices, que la vida es una constante búsqueda de ese estado idílico.

Pero, ¿y si esta misma obsesión fuera nuestro mayor engaño? ¿Y si estuviéramos persiguiendo un espejismo que nos agota, un error que nos impide vivir plenamente?

El reconocido escritor y divulgador Álex Rovira lo tiene claro. Según él, la constante búsqueda de la felicidad es la mayor falacia de nuestro tiempo. Una verdad incómoda que sacude los pilares de nuestra sociedad actual.

La gran falacia: por qué vivir no es ser feliz

Rovira, en una de sus conferencias para Aprendemos Juntos 2030 del BBVA, ha desmontado esta creencia tan arraigada. La vida, nos dice, no está diseñada para hacernos felices. Esta es la gran revelación.

Vivir implica abrazar la dificultad, las pérdidas, la frustración. Etapas donde la felicidad es, sencillamente, inviable. Una visión que contrasta con el discurso predominante.

La clave no es evitar el dolor, sino encontrar sentido mientras avanzamos. Mientras superamos cada desafío, cada obstáculo que la vida nos pone por delante.

La felicidad, según Rovira, aparece como pequeñas oportunidades durante el recorrido. Momentos que nos ayudan a sentir que la vida vale la pena, incluso cuando el sufrimiento forma parte de nuestro día a día.

A veces, es necesario que nos digan que no todo es color de rosa. La vida es compleja, y aceptarlo es el primer paso hacia una paz genuina.

Los mitos clásicos: espejos de nuestra lucha diaria

Para ilustrar su tesis, Rovira se adentra en la mitología clásica. Historias milenarias que continúan siendo un espejo de nuestras propias experiencias humanas.

Sísifo, Narciso, Pigmalión, Quirón o el ave Fénix se convierten en espejos que reflejan nuestras luchas diarias. Conflictos que, según Rovira, aún acompañan al ser humano.

Sísifo: el sentido en la repetición

Tomemos el ejemplo de Sísifo, condenado eternamente a empujar una roca montaña arriba para verla caer y comenzar de nuevo. Una tarea repetitiva, aparentemente absurda y agotadora.

Este mito no es tan lejano como parece. Piensa en vaciar la bandeja de entrada de correos para encontrarla de nuevo llena horas después. O en trabajar cada mes para afrontar una hipoteca que parece no acabar nunca. (Sí, nosotros también nos sentimos identificadas).

¿La solución? No en la desaparición de la piedra, sino en nuestra relación con ella. Como interpretaba Albert Camus, incluso en la repetición podemos encontrar un otro significado. La piedra no desaparece, pero nuestra actitud sí puede hacerlo.

El ave Fénix: renacer de las cenizas

Otro mito imprescindible es el del ave Fénix, que revive de sus propias cenizas. Un símbolo ancestral de nuestra capacidad de reconstrucción después de momentos devastadores.

Tras una ruptura sentimental, una pérdida o un cambio profesional, a menudo sentimos la necesidad de renacer. De dejar ir el pasado para abrazar un nuevo futuro.

El secreto radica en reconocer aquello que ha terminado, en lugar de aferrarnos a una realidad que ya no existe. Eso es aceptación, no resignación. Una diferencia sutil pero definitiva.

La resignación implica una retirada ante las circunstancias; la aceptación supone mirar de frente aquello que no puede modificarse. Actuar sobre lo que está en nuestras manos y aceptar lo que escapa a nuestro control.

Así como el Fénix atraviesa las cenizas antes de volver a surgir, nosotros necesitamos nuestro propio tiempo para detenernos. Para procesar el dolor y dejar que la vida vuelva a abrirse paso, como los primeros brotes después de un incendio forestal.

Quirón: la herida que nos hace más humanos

Y no podemos olvidar a Quirón, el centauro herido que transforma su propio sufrimiento en una mayor capacidad para comprender y acompañar a los demás. Un ejemplo de empatía y resiliencia.

Pero Rovira nos da una advertencia crucial: sufrir no te hace más sabio automáticamente. (Sí, nosotros también lo pensamos, pero es un error común). La lucidez no es un regalo del dolor.

Ante alguien que sufre, nuestra primera respuesta debe ser escuchar, antes que intentar convencerlo de que todo irá bien. Las frases de ánimo vacías pueden cerrar puertas, incluso si se pronuncian con la mejor intención.

El aprendizaje verdadero surge cuando este sufrimiento se puede elaborar y transformar. Un proceso lento, sí, pero imprescindible para la sabiduría y para comprender mejor el sufrimiento ajeno.

Rompe el ciclo: tu nueva relación con la felicidad

Esta perspectiva de Rovira es un bálsamo ante la tiranía de la positividad tóxica que nos inunda. Las redes sociales, los libros de autoayuda… todos nos empujan a una felicidad permanente e irreal.

Una presión que nos lleva a sentirnos culpables por no estar siempre al máximo. Pero es un error querer ser feliz a toda costa, cada segundo de nuestro día.

La vida es una montaña rusa de emociones, con sus altos y bajos, y aceptarlo nos libera de una carga innecesaria. (Nuestra cabeza y nuestro corazón nos lo agradecerán, y nuestro ahorro energético también).

Es hora de romper con este círculo vicioso. Dejar de buscar la felicidad como un objetivo final y comenzar a vivirla en los pequeños momentos, en la superación diaria. En la capacidad de adaptarnos a la vida tal como es, con sus luces y sus sombras.

Entender esta solución que nos propone Rovira es un paso imprescindible hacia una vida más plena y auténtica. Dejar de perseguir un sueño imposible para abrazar la realidad en toda su complejidad.

¿Y tú, estás preparado para cuestionar tu propia definición de felicidad y descubrir lo que hay más allá?

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