¿Te cuesta leer la letra pequeña o ver los detalles de lejos? Esta sensación, que hoy tiene una solución sencilla, no es nada nueva.
De hecho, ya en el antiguo Egipto, con médicos expertos en miles de enfermedades y tratamientos complejos, un problema visual persistente se convertía en un auténtico misterio.
Hablamos de la miopía. Este defecto, que te hace ver el mundo borroso a la distancia, era una condición con la que muchos tenían que convivir en silencio, sin ninguna esperanza de mejora.
Imagina a Amenmose, un escriba del Nilo, intentando descifrar jeroglíficos. Veía nítido su papiro, pero cuando alzaba la vista, el patio del templo se desdibujaba.
El secreto de una medicina avanzada, pero ciega a la miopía
Los médicos egipcios eran auténticos expertos. Las fuentes que han llegado hasta nosotros, como el famoso Papiro Ebers, demuestran un conocimiento médico considerable sobre numerosas enfermedades y sus tratamientos.
Especialmente en oftalmología, los doctores del Nilo habían desarrollado métodos para combatir infecciones e inflamaciones. La arena, el clima seco y bacterias como la Chlamydia trachomatis (que causa el tracoma) hacían que las enfermedades oculares fueran terriblemente comunes.
El Papiro Ebers, datado a mediados del siglo XVI a.C., recoge un amplio catálogo de recetas. Incluyen métodos para combatir inflamaciones, úlceras, lagrimeo y otros trastornos oculares. (Sí, nosotros también alucinamos con la precisión de la época).
Sustancias como la miel (con sus propiedades antimicrobianas hoy confirmadas), resinas, malaquita o sales de cobre, combinadas con rituales, formaban parte de estos tratamientos. Pero había un inconveniente.
La gran diferencia es esta: los egipcios podían tratar un ojo enfermo, con dolor o secreciones. Pero la miopía es diferente. El ojo parece sano, pero simplemente no enfoca bien de lejos. Y eso, no lo entendían.
La búsqueda de lo imposible: ¿lentes en el Nilo?
Durante siglos, la pregunta ha sido la misma: ¿eran conscientes de la existencia de la miopía tal como la conocemos? Hay descripciones de problemas de visión, pero identificarlas con exactitud es casi imposible.
Estudios recientes, como el de Luciana Acosta Güemes y Ana Maria Cusumano (2023), revisaron las fuentes médicas egipcias. La conclusión es clara: no encontraron una identificación clara de los defectos de refracción modernos.
Esto no significa que no hubiera miopes. La miopía no es una enfermedad moderna, ¡ni mucho menos! Pero lo que faltaba era un marco teórico, una explicación de por qué un ojo sano no podía ver de lejos.
Nuestro escriba Amenmose sabía que no veía bien, pero ignoraba el «por qué». Esto abre la puerta a una pregunta fascinante: ¿utilizaron algún tipo de lente para corregir este defecto?
Algunos investigadores han señalado los ojos hechos de cristal de roca pulido que se encuentran en ciertas esculturas. El príncipe Rahotep y su esposa Nofret, con sus ojos incrustados, son un ejemplo sorprendente.
John M. Enoch y Vasudevan Lakshminarayanan, ya en el año 2000, analizaron las propiedades ópticas de estos cristales. Enoch incluso sugirió que algunas piezas podrían ser las primeras lentes. Una idea potente, pero que la arqueología aún no ha podido confirmar.
La interpretación más prudente es que estos elementos tenían una función meramente artística. El objetivo era dotar las esculturas de una apariencia más realista, más viva.
El precio de la ignorancia: una vida con visión borrosa
Entonces, ¿cómo vivía una persona miope en el Egipto faraónico? Muy probablemente, tendría que aprender a convivir con esto. La gravedad de la miopía determinaba su impacto.
Una miopía leve quizás solo causaba pequeñas dificultades. Pero una miopía alta podía limitar severamente la capacidad de la persona, incluso haciéndola dependiente de otros para ciertas tareas.
Los médicos egipcios podían curar una inflamación o una infección. Pero no podían modificar el defecto de refracción. No podían corregir el error que hacía que Amenmose viera borroso el otro extremo del patio.
Su medicina era práctica, basada en la experiencia. Reconocían los síntomas y aplicaban remedios, pero sin comprender los principios físicos o biológicos que los causaban. Esta era la cruda realidad.
Para entender y tratar la miopía, un problema que aún hoy afecta a millones, tendrían que pasar muchos siglos. Era necesario descubrir que el problema de un ojo que enfoca mal no siempre es visible. Que la clave estaba en cómo la luz viaja a través de él. (Algo que hoy damos por hecho, ¿verdad?).
