Amb Curiositat - Monterrassa
James Webb: 3 agujeros negros gigantes en el universo temprano

Nuestro pasado más remoto oculta secretos que desafían la ciencia. Cada vez que miramos al cielo con el telescopio James Webb, estamos viajando miles de millones de años atrás, hasta los albores del universo.

Pero, ¿qué pasa si este viaje al pasado nos revela algo que parece imposible para esa época? ¿Cómo es que objetos cósmicos gigantes, que habrían necesitado eones para crecer, ya existían cuando el universo apenas comenzaba a formarse?

Esta paradoja ha mantenido a los astrónomos en vilo durante años. (Sí, esta es la pregunta que nos inquieta más).

La revelación definitiva que cambia el juego

Ahora, una investigación del programa BlackTHUNDER ha abierto la caja de Pandora. El James Webb, nuestra ventana más potente al cosmos, ha capturado una escena que reescribe los libros de historia.

Ha encontrado la galaxia J0148-4214, con no uno, ni dos, sino tres agujeros negros gigantes, todos ellos devorando materia sin parar. Un hallazgo que redefine lo que creíamos saber sobre los inicios cósmicos.

Un viaje al pasado imposible

Esta galaxia no es cualquiera. La vemos tal como era hace unos 1.150 millones de años después del Big Bang. Piénsalo: el universo era un niño, apenas había superado su primera infancia.

Su «desplazamiento hacia el rojo» (redshift) de 5,01672 es la prueba irrefutable de su antigüedad. (Es como una foto que nos llega hoy, pero que fue tomada en la noche de los tiempos, un auténtico documento histórico).

¿Cómo lo detectaron? Los agujeros negros no se ven directamente. Pero el James Webb, con su instrumento NIRSpec, aisló las emisiones de hidrógeno alfa.

Esta señal, ampliada por la velocidad vertiginosa del gas que cae hacia los agujeros, es su huella dactilar cósmica. Y los resultados son impactantes.

Tres monstruos cósmicos en un vecindario abarrotado

Dos de estos monstruos cósmicos están muy cerca, a solo 620 años luz uno del otro. El tercero, un poco más alejado, a unos 5.500 años luz. Para estructuras galácticas, esto es un vecindario muy compacto.

Sus masas son colosales: uno alcanza los 80 millones de masas solares, otro ronda los 630.000 y el tercero se mueve por los 2 millones. (Pero, cuidado, son estimaciones con incertidumbres significativas, ya que se basan en modelos calibrados con fuentes más cercanas).

Los autores del estudio, publicado en la revista Astronomy and Astrophysics y encabezado por Hannah Übler, tuvieron que descartar otras explicaciones. Analizaron escenarios como supernovas o choques de gas, pero los datos del James Webb solo encajaban con la presencia de tres núcleos activos independientes.

La colisión inevitable que cambiará el universo

Esta tripleta no es una simple curiosidad. Es una pista crucial para entender cómo crecieron los agujeros negros en los albores del cosmos. Hasta ahora, se pensaba que la acreción (engullir gas) era el método dominante.

Pero este descubrimiento revolucionario sugiere otra cosa: las fusiones entre agujeros negros podrían haber sido mucho más comunes y fundamentales de lo que se imaginaba en el joven universo.

El mayor de estos tres incluso parece sobredimensionado respecto a la galaxia que lo alberga, un hecho que complica aún más el rompecabezas de su formación. Nuestro universo infantil no era tan tranquilo como creíamos.

Pudo haber sido un campo de batalla cósmico, con galaxias chocando y agujeros negros fusionándose sin parar, un escenario mucho más tumultuoso.

La cuenta atrás ha comenzado

¿Qué pasará con ellos? Los dos agujeros negros más cercanos están en una carrera de colisión inevitable. La «fricción dinámica» ya los está acercando, robándoles energía orbital.

Los cálculos simplificados sugieren que podrían fusionarse en unos 660 millones de años. Un evento cósmico que generará ondas gravitacionales que detectaremos con futuros observatorios como LISA.

Esta es una ventana única a un proceso que ha modelado el cosmos tal como lo conocemos. (Y podría ser el secreto oculto detrás de la formación de agujeros negros supermasivos).

Esta revelación no solo nos hace replantear los libros de astronomía. Nos recuerda la inmensa capacidad del James Webb para desvelar los secretos más profundos de nuestro universo. (Y sí, estamos ante una auténtica revolución en nuestra comprensión del cosmos).

Entender cómo funcionaba aquella maquinaria antigua es clave para saber de dónde venimos. ¿Quién sabe qué otros tesoros esconde el universo?

Nou comentari

Comparteix

Icona de pantalla completa