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El castillo medieval francés que ocultó El Escriba y otras joyas del Louvre de los nazis

¿Imaginas un tesoro de la humanidad, incalculable, con siglos de historia, a punto de caer en manos enemigas? La urgencia era máxima en 1940. Los nazis avanzaban imparables por Europa, obsesionados con el saqueo de París. Pero lo que encontraron en el Louvre fue un vacío desalentador.

No había ni una sola obra. Ni una. ¿La razón? Una operación secreta que movilizó miles de piezas maestras, dispersándolas por castillos y cuevas de Francia. Un plan maestro para salvar nuestra historia. Y uno de esos refugios, un lugar que parece sacado de un cuento, es el que hoy te revelaremos.

Hablamos del Château de la Treyne, una fortaleza medieval que se alza majestuosa sobre el río Dordoña, en Occitania. Este castillo no solo custodió cuadros de Degas, Picasso, Renoir o Rembrandt. Fue el guardián del Escriba Sentado, una figura egipcia de un valor incalculable, con 4.500 años de antigüedad, que esquivó las garras de la guerra.

Este monumental secreto, que podría parecer una leyenda, es totalmente real. El castillo, con su primera piedra colocada en 1356, ha vivido incendios y destrucciones, pero siempre ha renacido (Sí, nos dejó sin palabras cuando escuchamos la historia). Sus gruesas paredes y su ubicación estratégica, semejante a un equilibrio perfecto sobre el Dordoña, lo convirtieron en el refugio definitivo para miles de obras. De hecho, acogió gran parte del patrimonio del Departamento de Antigüedades Egipcias del Louvre. Imprescindible.

Su transformación: de refugio secreto a hotel de lujo con estrella Michelin

Lo que antes fue un escondite de guerra, hoy es uno de los hoteles más exclusivos de Francia. Tras siglos en manos de varias familias, los Gombert transformaron el Château de la Treyne en un hotel de lujo. En 1992, se unió a la prestigiosa asociación Relais & Châteaux. Y en 2001, su restaurante ganó una estrella Michelin, un reconocimiento que aún mantiene.

Pero no es un hotel cualquiera. Es un lugar donde la historia se respira en cada rincón. Un establecimiento de solo 18 habitaciones, donde la filosofía es ofrecer una hospitalidad familiar. No hay seminarios ni eventos corporativos. El único objetivo es que los huéspedes puedan desconectar completamente, inmersos en el pasado y el presente. Un auténtico tesoro de experiencias.

Las habitaciones conservan muebles de época y telas nobles, cada una con un nombre que evoca su fascinante historia: desde «La Favorite» hasta «Scribe», en honor a la figura egipcia que se escondió de los nazis. Los salones de la planta inferior, como el Gran Salón, restaurado en estilo neogótico y declarado Monumento Histórico, o el Salón de Música, invitan a viajar en el tiempo. Su Salón Verde, con paneles del siglo XVIII, evoca la aristocracia prerrevolucionaria.

Una experiencia que va más allá de la vista

Su cocina, bajo la batuta del exitoso chef Stéphane Andrieux, es una inmersión en los sabores del Périgord y el Quercy. Aquí la trufa negra, el cordero local, las carnes de caza y el foie gras son los protagonistas. Platos como la trufa en vol-au-vent, el foie gras de pato a la sartén o el langostino con bisque de coco son solo una pequeña muestra de lo que su equipo creativo nos ofrece.

El Château de la Treyne también apuesta por la sostenibilidad. No hay buffet libre en el restaurante. En su lugar, el personal lleva una cesta con productos frescos y de proximidad para tu desayuno, desde panes y bollería hasta quesos y embutidos de la región (Una idea que nos encanta). Incluso han plantado 250 robles truferos en sus 120 hectáreas de parque. En pocos años, esperan recolectar sus propias trufas.

Sus jardines, diseñados en 1906, tienen un aire versallesco con rosaledas y una fuente majestuosa. La piscina y una capilla reconstruida con fragmentos de templos destruidos añaden un toque más. Y debajo, el Dordoña, parte de una Reserva de la Biosfera de la UNESCO y considerado el río más limpio de Francia, refleja la imponente figura del castillo.

Este lugar es una joya oculta, una solución a la nostalgia de quien busca historia y lujo auténtico. No dejes que esta oportunidad única de conectar con una parte esencial de nuestro pasado se pierda. Porque, al final, ¿quién no querría pisar los mismos pasillos que custodiaron el legado de toda una civilización?

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