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Arqueólogos resuelven un enigma centenario tras encontrar 14 cuerpos y tres estructuras funerarias en Las Capellanías

Durante siglos, los arqueólogos han observado las estelas guerreras del suroeste ibérico con una mezcla de fascinación y frustración. Estas losas de piedra grabadas con figuras humanas y armas eran un misterio sin contexto. Ahora, el yacimiento de Las Capellanías, en Huelva, ha roto el silencio de milenios.

No estamos ante una simple tumba aislada. Es la prueba definitiva de cómo nuestros antepasados conectaban el mundo de los muertos con las rutas comerciales que vertebraban la Península. La pieza clave de este rompecabezas ha surgido tras años de excavaciones lideradas por un equipo internacional de primer nivel.

El fin de un debate centenario sobre las estelas

La gran pregunta siempre fue la misma: ¿estas piedras marcaban enterramientos o eran hitos en los caminos? La respuesta que nos ofrece Las Capellanías es contundente y doble: hacían ambas cosas. La disposición de las tres estelas encontradas no es un accidente geográfico; es una planificación estratégica intencionada.

La ubicación de estas piedras coincide con un trazado milenario que conectaba los valles del Guadalquivir y el Guadiana, una ruta ya descrita por el geógrafo Al Idrisi en el siglo XII.

Los investigadores han descubierto que estas piezas fueron reutilizadas o dispuestas para señalar un corredor de paso que ha funcionado durante más de un milenio. Imagina a los viajeros de la Edad del Hierro pasando al lado de estas lápidas, que no solo honraban a los difuntos, sino que dictaban el camino a seguir.

Un escenario de mestizaje cultural

Lo que hace que este lugar sea realmente especial es el ajuar funerario encontrado en el interior de las 18 estructuras identificadas. Es, en esencia, un catálogo de convivencia entre mundos que creíamos separados. Hemos encontrado piezas fenicias torneadas, como la urna tipo «Cruz del Negro», junto con cerámicas locales hechas a mano.

La hibridación no se detiene aquí. El equipo excavó tres tipos de arquitecturas funerarias que van desde cistas de la Edad del Bronce hasta complejos túmulos de la Edad del Hierro. Y hay un detalle que nos ha dejado boquiabiertos: el análisis de isótopos de carbono sugiere que los enterrados allí tenían dietas con trazas de pescado marino, a pesar de estar a más de 100 kilómetros de la costa.

¿Por qué esto nos importa hoy?

Sí, nosotros también alucinamos con la capacidad de estos individuos para intercambiar tecnologías, dietas y ritos funerarios en un área de solo 1.250 metros cuadrados. Este descubrimiento nos obliga a replantearnos la idea de que la Prehistoria era estática o aislada. Era, en realidad, un ecosistema de intercambio constante.

El estudio, publicado recientemente en la revista Antiquity, confirma que Las Capellanías no fue solo un cementerio. Fue un punto de encuentro, un lugar donde las modas mediterráneas —como las fíbulas de doble resorte o los cuchillos de hierro tipo falcata— se fundían con la tradición autóctona tartésica.

Queda claro que los antiguos habitantes de este enclave no solo dominaban la piedra, sino que dominaban la gestión del territorio. ¿Qué otros secretos guardarán las rutas que aún hoy pisamos sin saber que fueron marcadas hace miles de años?

La arqueología vuelve a demostrarnos que, a veces, la solución a un misterio milenario está bajo nuestros pies, esperando el momento preciso para ser explicada. ¿Quién sabe cuál será el próximo hallazgo que obligará a los libros de historia a volver a escribirse? Seguiremos muy atentos a lo que diga la tierra.

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