Hay lugares en el mundo que dejan de ser simples coordenadas en el mapa para convertirse en un estado de ánimo permanente. Esto es exactamente lo que le sucede a una de las plumas más respetadas del país cuando cruza la frontera invisible hacia el norte peninsular. Porque cuando el ritmo de las grandes urbes comienza a pesar demasiado en nuestra espalda, la necesidad de encontrar un refugio donde el tiempo se detenga se transforma en una urgencia vital que muchos comparten (sí, nosotros también estamos saturados del ruido diario).
Esta transformación personal tiene un nombre y apellido bien conocidos, el del valenciano Juan José Millás, que sufrió de niño el trauma absoluto de descubrir que el mar no se podía observar desde cualquier rincón del planeta. Hoy en día, tras años de trayectoria literaria y de convivir con el hormiguero de Madrid —una ciudad que describe abiertamente como cada vez más hostil y agresiva—, su cerebro ha establecido un vínculo directo e incuestionable. El escritor lo confesaba sin filtros en una entrevista para la Cadena Ser, recordando aquella necesidad física de añorar la tranquilocomodidad de tener todo lo necesario en un radio de apenas cuatro o cinco guantes de distancia.
Y es que, ante este agotamiento generalizado que tantos de nosotros arrastramos, la solución pasaba por buscar un refugio de paz absoluto. El resultado de esta búsqueda incansable se materializa en un precioso pueblo de la costa asturiana donde puede perderse para encontrarse a sí mismo, convirtiéndose en el lugar exacto donde desde hace muchos años comienza y termina siempre cada una de sus novelas. (Porque escribir literatura de alto nivel exige un silencio que en la capital resulta absolutamente imposible de encontrar).
Asocio desde hace mucho tiempo Asturias con el paraíso.
Para un enamorado incondicional del mar como él, no podía existir ningún tipo de paraíso que diera la espalda al Cantábrico. Por eso el municipio elegido no es un punto cualquiera, sino Muros de Nalón, un pequeño concejo costero situado justo en el centro de Asturias, flanqueado por la desembocadura del río Nalón y dotado de unas vistas panorámicas que cortan la respiración. Este rincón singular combina con maestría playa, ría, patrimonio industrial y una vida local pausada que actúa como un bálsamo directo para el sistema nervioso.
Un refugio creativo entre el Cantábrico y los senderos
La presencia del autor en esta localidad no responde a una simple moda pasajera de vacaciones estivales, sino a una rutina de creación muy bien definida. Durante el XI Encuentro de Clubes de Lecturas de Asturias celebrado en el año 2023, él mismo quiso admitir públicamente que la parte más sensible y delicada de sus libros, precisamente el comienzo y el final de cada historia, nace y muere en este mismo territorio costero.
Pero la estancia allí esconde mucho más que horas de teclear frente al papel en blanco, ya que el descanso forma parte esencial del proceso. Según recogía la revista Vanitatis, cuando se desplaza hasta su querida casa, el placer alcanza niveles máximos gracias a una disciplina de salud física y mental que cumple a rajatabla. Pasear diariamente durante tres horas por senderos costeros que bordean el bosque se ha convertido en su mejor terapia particular contra el estrés contemporáneo.
El corazón litoral de esta geografía tiene en la playa de Aguilar su máximo exponente natural, un amplio y cómodo arenal de unos sesenta metros de longitud con servicios completos que fascina de inmediato a cualquier visitante. Este espacio de arena dorada invita a la desconexión más absoluta, aunque también mantiene un carácter muy vivo gracias a los aficionados al surf, al buceo y a las pequeñas embarcaciones que utilizan la zona como punto de fondeo habitual.
La magia de la Senda de los Miradores
Uno de los grandes tesoros ocultos que explican la atracción infinita que siente el creador por esta zona es el impresionante recorrido conocido como la Senda de los Miradores. Se trata de una ruta natural de gran valor paisajístico que enlaza el histórico puerto de San Esteban con la propia playa de Aguilar, serpenteando a través de impresionantes acantilados, arboledas frondosas y calas de ensueño.
Este itinerario no está pensado para las prisas del día a día, sino para caminar despacio mientras se absorbe el patrimonio minero y arqueológico que salpica todo el entorno. De hecho, en el tramo final de este camino se encuentran los restos del Castro Prerrománico del Campón, un punto de interés histórico que culmina en un mirador con vistas privilegiadas sobre las playas de Las Llanas, Xanxún o Veneiro.
Entender este paisaje es comprender a la perfección el motivo por el cual un escritor de esta talla ha decidido plantar aquí sus raíces para culminar su propio retiro profesional. Al final, encontrar un espacio donde el cerebro desconecte de las exigencias de la gran ciudad no es un capricho, sino una auténtica necesidad biológica en los tiempos que corren (y quizás nuestra propia salud mental nos esté pidiendo a gritos una escapada similar antes de que acabe el año).
