Escapadeta - Monterrassa
El pueblo medieval más surrealista de la Costa Brava: refugio clave de Gala, la musa de Dalí

Imagina un lugar donde el tiempo parece haberse detenido entre calles de piedra, un pueblo medieval que respira historia en cada rincón. Pero, ¿qué pasaría si te dijera que este escenario idílico oculta una historia de amor y surrealismo, ligada a dos de las mentes más brillantes y excéntricas del siglo XX? Hoy te revelamos un secreto que cambiará tu percepción de los viajes y del arte, un destino imprescindible en nuestra querida Costa Brava.

Porque las promesas, sobre todo las hechas bajo el influjo del amor, deben cumplirse, aunque pasen casi cuarenta años. Salvador Dalí, en un viaje por la Toscana en los años treinta, juró a Gala que le compraría un castillo mejor que los que salpicaban la región italiana. ¿Quién hubiera dicho que aquella promesa, quizás olvidada por el genio, sería reclamada con tanta firmeza por su musa, cansada del constante ajetreo de artistas y curiosos en Portlligat?

A menos de una hora de la bohemia Cadaqués, surge Púbol, un pequeño municipio que, junto con los otros dos, forma el llamado Triángulo Daliniano. Aquí, Dalí saldó una deuda pendiente que se remontaba a los años treinta, comprando un castillo para su amada por un millón y medio de pesetas, el equivalente a unos 250,000 euros actuales (sí, un auténtico regalo para la época). Pero la reina puso una condición innegociable, un truco sutil para afirmar su poder: el genio solo podría acceder con una invitación previa, por escrito, y hecha de su propia mano.

El pacto secreto de un amor surrealista

Esta exigencia de Gala, digna del amor cortés, transformó la dinámica de la pareja y creó un espacio íntimo donde la musa podía cultivar su propia vena artística y recibir a sus jóvenes amantes (sí, su relación era abierta, que hoy definiríamos como poliamorosa). El espíritu de este pacto no era un simple capricho, sino la clave para un universo privado donde Gala era la soberana absoluta, lejos de la sombra omnipresente de Dalí y sus excentricidades públicas. Nosotros también alucinamos con la inteligencia de esta mujer para reivindicar su propio espacio, una solución brillante a su necesidad de privacidad.

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Así es la castillo Gala-Dalí en la #CostaBrava Esta es una de las mejores escapadas culturales en el Empordà. Y es que en la pequeña localidad de Púbol Gala y Dalí instalaron el refugio personal de la musa en un antiguo castillo gótico con jardín. Mantiene estancias que recuerdan a un castillo gótico, pero con un toque muy surrealista en la decoración. En el castillo se encuentra la cripta de Gala y en el jardín habitan todavía los míticos elefantes insectos de Dalí. 📍Púbol ⌚️De martes a domingo, de 10:30 a 18:00 h. 🎟 Tickets: anticipada y taquilla #costabravalovers #dali #catalunyaexperience art

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El corazón de este pueblo mágico, la Plaza Mayor de Púbol, es el punto de partida hacia el Castillo de Gala. Desde la plaza, un arco enmarca el camino hacia la fortaleza, flanqueada por la bella iglesia de Sant Pere. Con sus casas de piedra, sus portales dovelados y rincones como el Carrer del Recó, Púbol mantiene intacta su esencia medieval, ofreciendo un contraste impactante con la extravagancia que se esconde detrás de los muros del castillo.

Este pequeño municipio gerundense, con menos de 140 habitantes, era el lugar ideal para la Gala que buscaba alejarse de la presión mediática y social. Su decisión de vivir aquí fue un cambio definitivo en la historia de la pareja, creando un nuevo vértice en el triángulo daliniano que complementaba la vida pública de Dalí en Figueres y su taller de Portlligat. Púbol se convirtió en su fortaleza personal, un lugar donde las reglas las dictaba ella.

Púbol: de ruina medieval a fortaleza de Gala

Cuando Gala recibió este edificio, lo que tenía entre manos era una auténtica ruina medieval, un castillo que había vivido su época de esplendor durante la baronía de Púbol en el siglo XIV, pero que ahora tenía techos y paredes hundidas, y lleno de hiedra. Su visión era clara: escribió al constructor Emili Puignau advirtiéndole que de las piedras de aquella ruina podía salir tanto un triunfo como un monstruo. Afortunadamente, la historia nos dice que fue lo primero, una transformación definitiva gracias a su empuje y su inconfundible estética.

La pareja, lejos de borrar los estragos del tiempo, se enfocó en consolidar las ruinas para volcar en el interior un mundo de pura fantasía. Al cruzar el umbral del castillo, la sobriedad y el silencio medieval de Púbol dan paso a un espacio escenográfico, una burbuja surrealista donde la excentricidad, las trampas de ojo y la acumulación decorativa se vuelven la norma. Cada rincón es una declaración de intenciones, un reflejo de la personalidad única de Gala, una experiencia sorprendente que desafía lo que esperamos de un castillo.

El primer piso, residencia privada de la reina Gala, acoge diez zonas musealizadas que nos permiten adentrarnos en su mundo. En el Salón de los Escudos, el trono donde recibía sus visitas la convierte en la mujer angélica del amor cortés, con golondrinas volando en el techo. La Sala del Piano combina tapices medievales con el rojo carmesí de los cortinajes y el sofá, mientras que su habitación sorprende por su atmósfera casi monástica, un contraste fascinante con el resto. Incluso el baño era un centro de belleza total. En el ático, una docena de vestidos de alta costura de Dior, Cardin o Chanel esperan ser descubiertos, todo un tesoro oculto.

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Un universo privado y excéntrico hasta el último aliento

Gala disfrutó plenamente del Castillo de Púbol hasta 1982. Su muerte, a los ochenta y siete años, está envuelta en un velo misterioso, tan surrealista como su vida. La leyenda dice que Dalí y su chófer la vistieron con su vestido rojo preferido, la sentaron en el Cadillac negro que solían utilizar y que ahora descansa aparcado en Púbol, y la llevaron a enterrar a la cripta del castillo. A pesar de la pérdida, en su círculo más íntimo aseguraban que el artista se encontraba bien, pero la verdad es que nunca más lo estuvo.

Mi visita a Púbol me confirmó una cosa: la verdadera libertad creativa no solo reside en el artista, sino en la capacidad de la musa para forjar su propio reino, sin concesiones. Esto es un secreto que todos deberían descubrir.

En la cripta, al lado de la tumba de Gala, hay un espacio simétrico, el vacío donde deberían descansar los restos de Dalí. Pero quedó vacío. Al final de sus días, según la historia oficial, Dalí pidió ser enterrado bajo la cúpula de su Teatro-Museo de Figueres, su ciudad natal. Una decisión que aún genera debate y controversia. Quizás no podía volver al castillo sin una última invitación de su amada, y así, quedó fuera, para siempre.

Visitar Púbol no es solo hacer una escapada a un pueblo con encanto; es adentrarse en la historia de un amor poco convencional, descubrir la fuerza de una mujer que reivindicó su espacio y presenciar la materialización de un sueño surrealista. Es una oportunidad única para comprender una de las relaciones más icónicas del arte moderno, una historia que te quedará grabada en la memoria y te hará cuestionar muchas cosas sobre la libertad creativa. No te pierdas este rincón de la Costa Brava, que te hará replantear muchas cosas sobre el amor y la creatividad, ¿no crees?

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