Del Consumidor - Monterrassa
¿Por qué el 90% de las nuevas piscinas ya elige sal? La pandemia aceleró una tendencia imparable

Esa picazón en los ojos que casi te hace llorar después de un baño. Esa sensación de pelo seco, casi como si te lo hubieran teñido. El olor a cloro pegado a la piel que no se va ni con diez duchas.

¿Reconoces el dolor? Es el peaje clásico de cada verano, el que pagamos por disfrutar de la piscina. Pero atención: si tienes una piscina o estás pensando en construir una, hay una revolución silenciosa que lo está cambiando todo.

El secreto que la mayoría ya conoce

El cambio ha sido imparable, casi invisible para el gran público. Pero los datos que nos llegan ahora son definitorios. La manera en que disfrutábamos del agua ha evolucionado, y lo ha hecho para siempre.

Hoy, nueve de cada diez piscinas de nueva construcción en España ya no quieren saber nada del cloro tradicional. Han dado el salto (y nunca mejor dicho) a una solución que muchos consideran la clave para un baño más saludable y agradable.

La respuesta es simple, pero su impacto, viral: la sal. Sí, has leído bien. La gran mayoría de las nuevas instalaciones optan por un clorador salino. Una tendencia que tomó fuerza hace 15 años y que la pandemia disparó hasta el punto de no retorno.

Es el producto más vendido con mucha diferencia. Nosotros también alucinamos con las cifras.

La pandemia aceleró la revolución

¿Recuerdas el 2021? Aquel año, medio país redescubrió su jardín y la pasión por hacer pan de masa madre. Pues bien, también fue el año del despegue definitivo de las piscinas de sal. Las ventas crecieron un 20% solo en doce meses.

Desde entonces, el ritmo se ha estabilizado, con un crecimiento anual constante entre el 5% y el 10%. La sal ya no es una opción exótica, sino un producto transversal que ha conquistado desde la piscina particular hasta la comunitaria.

Y no hablamos solo de uso doméstico. Ayuntamientos como Boadilla del Monte o Parla, en Madrid, o Alconera en Badajoz, ya gestionan sus instalaciones públicas con este sistema. La tendencia es innegable, el cambio, sistémico.

La magia de la electrólisis salina (y por qué es mejor para ti)

El secreto de esta revolución se llama electrólisis salina. Un nombre que suena complejo, pero que en realidad es un proceso inteligente que imita la naturaleza para desinfectar el agua.

Funciona así: el agua de la piscina contiene una pequeña cantidad de sal (mucho menos que el agua de mar, no te asustes, entre 4 y 6 gramos por litro, casi nueve veces menos que el Mediterráneo). Esta agua pasa por una célula que, con una corriente eléctrica, rompe la molécula de sal.

¿El resultado? Se genera cloro. Pero no el cloro que añadimos con pastillas, sino un cloro que, al reaccionar con el agua, se convierte en el verdadero desinfectante. Horas después, este cloro se recombina con el sodio y vuelve a ser sal.

Es un sistema autorregenerable. Un ciclo continuo que desinfecta sin la necesidad de añadir químicos constantemente. Y aquí es donde reside uno de sus grandes beneficios.

La automatización es clave. Estos equipos miden constantemente la demanda y ajustan la producción de desinfectante en tiempo real. Esto significa menos «picos» de cloro y, por lo tanto, una piscina con una concentración más estable y saludable.

Adiós a las cloraminas. Esas sustancias que son las verdaderas responsables de la irritación en los ojos, la piel seca y el olor fuerte y desagradable a cloro. Con la sal, estos problemas se reducen drásticamente.

No vale cualquier sal (el truco oculto)

Pero atención, y esto es un secreto que no todos conocen: no puedes poner cualquier sal en tu piscina. La sal de cocina, por ejemplo, queda descartada por sus aditivos que ensucian el agua y desgastan el equipo.

Los fabricantes piden cloruro sódico con una pureza mínima del 99%. Sin yodo, sin antiapelmazantes. Básicamente, sal pura.

En el mercado encontrarás sal marina (la más barata para el primer llenado), sal vacuum (más fina, pura y de disolución rápida) y sal Epsom (para spas). La decisión inteligente pasa por informarse bien antes de comprar.

La Ley te Ampara: Seguridad y estabilidad

Quizás te preguntas qué dice la legislación sobre todo esto. En España, el Real Decreto 742/2013 regula la calidad del agua de baño. Y la norma es clara: no distingue entre cloro tradicional y el generado por electrólisis.

Lo que exige es que los niveles de cloro libre residual se mantengan en un rango seguro. Y un clorador salino bien calibrado tiende a mantenerse en la banda baja de ese rango, con mucha más estabilidad que la dosificación manual. Esto reduce el riesgo de sobredosis puntual, un error que puede ser muy caro.

¿Y qué pasa con la corrosión? El agua con sal conduce mejor la electricidad. Pero los expertos afirman que el problema no es la sal en sí, sino instalaciones eléctricas deficientes o un pH descuidado. No es un problema inherente al sistema, sino a una mala gestión. La sal no es el culpable.

La inversión que se convierte en ahorro (nuestro bolsillo lo agradece)

Es cierto que la inversión inicial es más alta. Hay que adquirir el equipo, pagar la instalación profesional y la sal para el primer llenado. Pero aquí viene el truco oculto: el costo de mantenimiento posterior suele caer en picado.

La sal es muy barata de reponer. Y el electrodo de titanio, la pieza clave, se cambia cada tres o cinco años según el uso. Según los expertos del sector, «la sal es muy barata y es más barato mantener esto que el cloro».

A largo plazo, una buena gestión equipara los costos. Estamos hablando de un ahorro importante para nuestra economía familiar y un beneficio incalculable para nuestra salud y la del planeta.

La sal es muy barata y es más barato mantener esto que el cloro. Tu bolsillo lo notará.

El cambio es ahora: no te quedes atrás

Con 1,3 millones de piscinas en España, la mayoría al aire libre, el goteo de cambio ya es una riada. Cada año, entre un 2 y un 3% de las piscinas existentes ya hacen la transición del cloro tradicional a la electrólisis salina.

Nuestra manera de disfrutar del verano está evolucionando. Los ojos rojos y el olor a cloro serán, pronto, un recuerdo del pasado.

Estamos ante el definitivo adiós al cloro tradicional. La pregunta es: ¿estás preparado para disfrutar de un verano diferente?

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