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Palmira Saladié, coordinadora del estudio: «Los neandertales nos revelan otra parte de su mundo con la habilidad de la madera»

Durante décadas, la imagen que teníamos de los neandertales ha estado sesgada, casi como si los observáramos a través de una cerradura. Siempre nos hemos centrado en las herramientas de piedra, en sus huesos, en los restos de hogueras que nos hablaban de una civilización. Pero, ¿qué pasaría si esta visión fuera solo una pequeña parte de un cuadro mucho más grande? ¿Y si su mundo oculto fuera mucho más rico y complejo de lo que jamás habíamos imaginado?

Esta pregunta no es retórica. Un descubrimiento sin precedentes, fruto de décadas de trabajo incansable, está a punto de reescribir lo que creemos saber sobre esta especie humana que habitó Europa hace miles de años. Su vida cotidiana, sus habilidades y su sofisticación tecnológica emergen de entre las cenizas, y la historia es absolutamente imprescindible para nosotros.

La revelación definitiva nos llega desde el Abric Romaní, un yacimiento de una importancia capital situado en Capellades, a pocos kilómetros de Barcelona. Allí, un equipo multidisciplinario liderado por investigadores del IPHES-CERCA, bajo la coordinación de Palmira Saladié, ha desenterrado lo que ya es la muestra más grande jamás obtenida de restos de madera neandertales. Los resultados, publicados en la prestigiosa revista Science Advances, son claros: los neandertales no solo vivían de la piedra, sino que eran auténticos maestros carpinteros.

La madera que reescribe la historia

Este estudio, que ha movilizado a más de 1.000 investigadores a lo largo de 40 años de excavaciones, cambia radicalmente la percepción que teníamos de los neandertales. Los hallazgos del Abric Romaní, que abarcan ocupaciones humanas de entre 62.000 y 40.000 años de antigüedad, han permitido analizar 597 restos de madera procedentes de 16 niveles arqueológicos diferentes. (Sí, nosotros también estamos alucinando con la cantidad y la calidad de esta información).

La razón de esta conservación excepcional es un secreto de la naturaleza que, por fortuna, se alió con la historia. En el Abric Romaní, el carbonato cálcico recubrió los objetos de madera. Cuando la madera se descompuso con el tiempo, dejó detrás de sí unos moldes perfectos de tosca carbonatada, una especie de «negativos» que han permitido a los expertos estudiar con una precisión inaudita las características histológicas del material original. Un truco geológico que nos abre una ventana al pasado.

Esta conservación tan particular nos ha regalado una visión sin precedentes de la vida cotidiana neandertal. Normalmente, la madera se desintegra y la información que nos proporciona desaparece para siempre. Esto ha provocado un sesgo en nuestra comprensión de su tecnología, ya que nos hemos basado casi exclusivamente en los materiales que sí se conservan, como la piedra. Ahora, gracias al Abric Romaní, podemos ver una parte de su mundo que siempre había estado oculta.

La imagen que teníamos de los neandertales estaba incompleta. Ahora sabemos que la madera era tan importante como la piedra en su día a día.

Lanzas, recipientes y un «piso piloto» neandertal

Lo que se ha encontrado no son solo fragmentos, sino evidencias de una tecnología extraordinariamente diversa. Entre las piezas más destacadas hay dos lanzas de madera de hasta 2,45 metros de longitud, diseñadas para ser utilizadas probablemente a corta distancia. Estas lanzas, que amplían el reducido registro de armas de madera del Paleolítico europeo, nos hablan de una capacidad de planificación y fabricación muy avanzada. Una de ellas se encontró junto a restos de ciervo y otros elementos de madera, sugiriendo un escenario de actividades complejas.

Pero la madera no solo servía para la caza. Los neandertales utilizaban la corteza de los árboles para hacer bandejas y recipientes, y fabricaban elementos estructurales para acondicionar los espacios donde vivían. Esto ha permitido a los investigadores reconstruir no solo qué hacían, sino también cómo organizaban su espacio, gestionaban el fuego y los recursos. Palmira Saladié lo llama casi un «piso piloto neandertal», una imagen que nos ayuda a visualizar la solución de muchas de sus necesidades básicas y avanzadas.

Esta cantidad de datos ha permitido al grupo de investigadores, en el cual han participado universidades como la de Barcelona, la UNED o la Universidad Autónoma de Madrid, ir mucho más allá. Nos han revelado una sociedad que dominaba un material tan versátil como la madera, lo que nos lleva a cuestionar el error de considerarlos menos desarrollados o menos inteligentes que nuestros antepasados directos. Su adaptación al entorno era, sin duda, una de sus grandes fortalezas.

Más allá de la piedra: una mirada a nuestro pasado común

Estos descubrimientos nos invitan a hacer una conexión con otras tendencias recientes en la arqueología, que ya apuntaban a la sofisticación de los neandertales. Cada nueva evidencia, desde el arte rupestre hasta el uso de joyas, destruye la vieja idea del «hombre de Neandertal» como una criatura tosca y poco inteligente. Esta nueva prueba del dominio de la madera es una pieza más de un rompecabezas que nos revela una especie llena de recursos, con una cultura material compleja.

Como dice la misma Palmira Saladié, este trabajo era una «cuenta pendiente» que tenían desde hacía muchos años. El hecho de poder reunir y analizar todo el conjunto de maderas del Abric Romaní de manera global ha hecho que la imagen que tenemos de ellos «cambie bastante». Y es que, a medida que la ciencia avanza, nos damos cuenta de que el pasado siempre nos guarda sorpresas y que las verdades absolutas no lo son tanto.

Entender la vida de estos humanos arcaicos, su capacidad tecnológica y su organización es imprescindible para comprender nuestra propia evolución. Este estudio no es solo un hito científico, sino una oportunidad para deshacer el error de la simplificación histórica. (Y sí, nuestro conocimiento del pasado es un tesoro que debemos proteger).

La ciencia, como la vida, no se detiene. Palmira Saladié recuerda que cada respuesta abre nuevos interrogantes. Por ejemplo, entre los hallazgos hay un objeto similar a una maza, modelado deliberadamente, pero con un propósito aún desconocido: ¿era una herramienta de caza, un instrumento de percusión o tenía un significado simbólico? Quizás se necesiten otros 40 años para descubrirlo, pero algo está claro: esta historia con los neandertales está lejos de finalizar. ¿No te parece fascinante?

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