Amb Curiositat - Monterrassa
167 años después de su hallazgo: el ADN revela la identidad del oficial perdido de la expedición Franklin

Hay misterios que parecen diseñados para quedar congelados en el tiempo, bajo capas de hielo y leyendas. Historias que nos recuerdan la fragilidad humana ante la inmensidad de la naturaleza salvaje y la crueldad de la exploración polar. Pero a veces, la ciencia irrumpe para reescribir el pasado, abriendo puertas que llevaban más de un siglo y medio cerradas. Y hoy, debemos hablar de una de estas historias, porque se ha resuelto uno de los enigmas más persistentes de la exploración ártica.

Durante casi 170 años, el destino de uno de los oficiales de la fatídica expedición Franklin ha sido un rompecabezas sin encaje, un fantasma sin nombre. Conflictos entre documentos, testimonios y la realidad de unos restos óseos convirtieron su identidad en uno de los grandes secretos ocultos de la historia. Un auténtico error que ha llegado a su solución definitiva.

La revelación es contundente: el ADN mitocondrial ha hablado. Harry Peglar, capitán del castillo de proa del HMS Terror, es el hombre cuyo cuerpo fue encontrado en la costa de la isla del Rey Guillermo. Una identificación que no solo pone nombre a unos restos, sino que también corrige una contradicción histórica que ha obsesionado a arqueólogos e historiadores durante décadas.

El misterio congelado de la expedición Franklin

Para entender la magnitud de esta identificación, debemos retroceder hasta 1845. La Expedición Franklin, a bordo del HMS Erebus y del HMS Terror, partió de Inglaterra con un objetivo ambicioso: completar el Paso del Noroeste. Una ruta marítima a través del Ártico canadiense que prometía una revolución comercial. Pero lo que comenzó como una epopeya, se convirtió en una de las mayores tragedias de la exploración polar.

De los 129 hombres que continuaron el viaje desde Groenlandia, ninguno regresó. Los barcos quedaron atrapados por el hielo en 1846, y en 1848, los 105 supervivientes intentaron una marcha desesperada hacia el sur. Ninguno lo logró. La historia de Franklin es un testimonio oscuro de la persistencia y el sacrificio, un relato que cautivó la imaginación colectiva y que ha sido objeto de novelas y series de éxito, como «The Terror».

El descubrimiento de este misterio ha sido una prueba de que la historia aún tiene muchas capas por desvelar. Y sí, nos emociona pensar que somos parte de esta revelación.

En 1859, un grupo de búsqueda encontró un esqueleto en la isla del Rey Guillermo. Al lado, los denominados Peglar Papers, que apuntaban directamente a Harry Peglar. La identificación parecía clara, pero había una anomalía que mantuvo la investigación en suspenso durante 167 años: la ropa. El esqueleto vestía indumentaria de un mayordomo o sirviente de oficial, no de un hombre del rango de Peglar. ¿Qué ocurrió? ¿Los documentos fueron transportados por otra persona? Este era el secreto oculto, el gran rompecabezas que había que resolver.

La magia del ADN para resolver un enigma histórico

La solución llegó en 2026, gracias a un estudio publicado en la revista Polar Record por Douglas R. Stenton y su equipo. Utilizaron una cadena de evidencias convergentes, pero la pieza clave fue el ADN mitocondrial. Este material genético, heredado por línea materna, es especialmente útil en restos antiguos porque cada célula contiene muchas copias, aumentando la probabilidad de recuperar una secuencia legible.

Los investigadores extrajeron ADN de los huesos y compararon el perfil con el de descendientes vivos de Harry Peglar, localizados gracias a una exhaustiva investigación genealógica. El resultado fue claro: distancia genética cero. Una coincidencia perfecta. Por si quedaban dudas, compararon muestras de descendientes de posibles sirvientes de oficial, la alternativa sugerida por la vestimenta. En ninguno de estos casos hubo coincidencia. La identidad definitiva era, sin duda, Harry Peglar.

Este hallazgo es un testimonio de la potente combinación de ciencia e historia. El ADN, la genealogía, el contexto arqueológico del descubrimiento y los archivos navales se entrelazan para dar una respuesta irrefutable. Es un avance imprescindible que nos permite conectar con aquellos que vivieron y murieron en condiciones extremas, dándoles finalmente un nombre y un lugar en la historia.

No es un caso aislado: la ciencia reescribe el pasado

La identificación de Harry Peglar no es la única victoria de la ciencia moderna en los misterios de la Expedición Franklin. Un segundo estudio, también publicado en 2026, esta vez en Journal of Archaeological Science: Reports, dio nombre a tres marineros más del HMS Erebus: William Orren, David Young y John Bridgens. Esto eleva a seis el número total de miembros de la expedición identificados mediante ADN, sumándose a John Gregory (2021) y James Fitzjames (2024).

El nivel de detalle técnico es fascinante. A Bridgens se le identificó a partir de un molar y un fragmento de húmero; a Orren, con un fragmento de húmero. En estos casos, el ADN mitocondrial fue clave. Para David Young, se recurrió al cromosoma Y (heredado por línea paterna), a partir de un molar mandibular. Todos con coincidencia total con sus descendientes. Es la prueba de que nuestro pasado está más vivo que nunca, y que los secretos mejor guardados de la historia tienen fecha de caducidad.

Para nosotros, es evidente que el conocimiento de nuestro pasado es un tesoro que hay que desenterrar. Esta investigación no solo identifica a un oficial, sino que nos da una solución a un enigma que duraba generaciones.

A pesar de la precisión de estas técnicas, los científicos siempre nos recuerdan la importancia de abordarlas con ética. El ADN es una herramienta poderosa, pero no absoluta. Siempre debe ir de la mano de la arqueología, la osteología y los archivos históricos. Y, por supuesto, hay que respetar la intimidad de los descendientes vivos, su información genética y el vínculo con las comunidades que habitan estos territorios históricos. Es un campo que nos obliga a ser cuidadosos, pero los resultados son, sin lugar a dudas, imprescindibles.

Esta nueva identificación de Harry Peglar es un golpe en la mesa de la historia. Un recordatorio de que, incluso en las tragedias más remotas, existe la posibilidad de encontrar respuestas. La ciencia avanza, y con ella, nuestra capacidad de dar sentido a vidas que, hasta ahora, eran solo una estadística en un relato de desventura. Parece que los secretos del Ártico tienen los días contados, ¿verdad?

Nou comentari

Comparteix

Icona de pantalla completa