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El perro o gato esconde su dolor: un experto revela cómo reconocer las señales secretas

Tu perro o gato es un maestro del engaño. Esconde el dolor como nadie. Un silencio mortal que cuesta millones de euros en diagnósticos tardíos y sufrimiento innecesario para ellos.

Pero la ciencia avanza, y nosotros también. Hay un lenguaje secreto, unas señales minúsculas que revelan lo que tu mejor amigo no quiere que veas. Un veterinario lo ha descubierto y es imprescindible que lo sepas.

La verdad es que los animales, especialmente los gatos, son increíblemente buenos a la hora de disimular su malestar. Es un instinto de supervivencia salvaje que hoy se vuelve contra ellos. Por eso, la detección temprana es vital. No hablamos de hacer de médico, sino de ser sus ojos.

La herramienta que está revolucionando la detección del dolor felino se llama Feline Grimace Scale. Desarrollada por investigadores de la Universidad de Montreal, esta escala se concentra en cinco rasgos faciales clave. El veterinario Víctor Algra lo explica con una claridad que te impactará.

Esta escala no es una varita mágica que diagnostique la causa del dolor. No. Es mucho más valiosa: es tu detector precoz. Permite identificar si tu gato sufre un dolor agudo, un cambio sutil que hasta ahora pasaba desapercibido. Y sí, el tiempo aquí es oro.

Las orejas, el primer testigo silencioso

Comencemos por las orejas. Un gato relajado las tiene erguidas y orientadas hacia adelante. Es la imagen de la tranquilidad, la de nuestro gato de cada día. Pero, si comienza a sentir dolor, hay un cambio sutil y alarmante. Las orejas se separan y giran progresivamente hacia los lados. Una señal clara que no puedes ignorar.

No es una conjetura, es ciencia. Esta pequeña variación indica un malestar interno. Es una de las primeras pistas que nos da nuestro felino cuando algo no funciona. Aprender a observarlo es fundamental.

Los ojos, la ventana a su alma

Los ojos no solo sirven para mirar, sino para comunicar. La Feline Grimace Scale pone el acento en el estrechamiento orbital. No se trata de si el gato duerme o está despierto, sino de una mirada progresivamente entrecerrada. Si ves que sus ojos se entrecierran, especialmente acompañados de otros cambios faciales, la puntuación de dolor aumenta. Es un detalle brutal.

Nosotros, como guardianes, debemos aprender a leer estos micro-gestos. Son su SOS silencioso.

Esta observación puede marcar la diferencia entre una intervención rápida y un sufrimiento prolongado. Nuestro gato espera que estemos a la altura de su amor incondicional.

El hocico, la tensión oculta

La tercera zona a examinar es el hocico. En un gato relajado, el hocico es redondeado y sin tensión. Una forma natural, de calma. Pero el dolor lo modifica. La tensión alrededor de la boca altera su contorno habitual. Un hocico tenso es un hocico que pide ayuda. De verdad, presta atención.

Es como un músculo que se esfuerza sin motivo aparente. Este cambio, sutil pero significativo, forma parte del lenguaje corporal del dolor. Una parte más del rompecabezas secreto que debemos aprender a resolver.

Los bigotes, el radar del malestar

¡Y los bigotes! A menudo olvidados, son un auténtico sensor. En un gato contento, los bigotes suelen tener una posición curva y lateral. Son un signo de relajación, de seguridad. Pero el doctor Algra lo tiene claro: «Cuando están rectos hacia adelante, se asocian con dolor». Un truco infalible para detectar lo que esconde.

Este cambio en la posición de las vibrisas es una de las cinco unidades de acción facial de la escala original. Es un detalle que, una vez que lo aprendes, no lo podrás dejar de ver. Y nuestro gato nos lo agradecerá con su salud.

La posición de la cabeza, la señal más fácil

Finalmente, la posición de la cabeza. Este es, quizás, el señal más fácil de observar sin acercarse demasiado. Un gato sin dolor mantiene la cabeza elevada respecto a la línea de los hombros. Una postura natural y digna. Pero si hay malestar, la cabeza se baja progresivamente, situándose a la altura o por debajo de ellos. Esta postura, acompañada de una expresión general apagada, es una alarma roja.

Es un signo visible que nos permite actuar. Este cambio postural, combinado con la falta de energía, nos indica que es el momento de consultar con el veterinario. Es una solución definitiva para adelantarnos al problema.

Un mapa del dolor en tiempo real

La escala funciona sumando la información de las cinco zonas. Pero ojo, factores como el miedo, el estrés, la sedación o ciertas enfermedades también pueden modificar la expresión del gato. Esta herramienta nos ayuda a detectar, no a diagnosticar la causa. Pero la detección precoz es medio diagnóstico.

La propia Academia del Dolor Animal Comparado de la Universidad Complutense de Madrid incluye la Feline Grimace Scale entre sus herramientas imprescindibles. Si observas cambios persistentes en las orejas, los ojos, el hocico, los bigotes o la posición de la cabeza, «vale la pena consultar con tu veterinario», insiste Algra. No esperes. El tiempo corre.

Poder detectar antes que algo ha cambiado es crucial. Especialmente en un animal que puede continuar comiendo, desplazándose y relacionándose sin mostrar de forma evidente que siente dolor. Su discreción es nuestra responsabilidad.

No dejes que tu gato o perro sufra en silencio. Ahora tienes el secreto para leerlo. ¿Qué harás con esta información? La clave es actuar. Siempre.

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