El árbol genealógico de la humanidad acaba de sufrir un cambio dramático. Durante más de dos décadas, la ciencia nos vendió una historia fascinante sobre el Homo floresiensis, el tierno «hobbit» de un metro de altura que habitaba en Indonesia.
Nos aseguraron que eran cazadores astutos, capaces de dominar el fuego y de abatir presas gigantescas en su isla remota. (Spoiler: todo era una preciosa mentira organizada por nuestro propio ego evolutivo).
El mito del cazador prehistórico se desmonta
Una exhaustiva investigación publicada en la prestigiosa revista Science Advances ha destrozado por completo esta visión idílica. Los nuevos análisis arqueológicos demuestran que estos pequeños homínidos no eran los reyes de la selva que imaginábamos.
De hecho, su realidad cotidiana era mucho más oscura y peligrosa. No dominaban las herramientas con la maestría de un humano moderno, ni encendían hogueras para protegerse de las inclemencias de la noche.
El verdadero giro de guion llega al descubrir con quién compartían territorio. Los científicos han encontrado al auténtico amo y señor de la cueva de Liang Bua, y no caminaba sobre dos piernas.
El nuevo análisis de los huesos revela que el Homo floresiensis no cazaba elefantes; simplemente se alimentaba de los restos putrefactos que despreciaban los verdaderos monstruos de la isla.
El pacto de sangre con los Dragones de Komodo
Los datos duros recopilados por la paleoantropóloga Grace Veatch, del reputado Smithsonian Institution, confirman que los dragones de Komodo devoraban primero las presas. Estos lagartos gigantes, de hasta 90 kilos de peso, tenían el acceso primario a la carne fresca.
Nuestros pequeños parientes llegaban después. Los restos óseos analizados muestran marcas inequívocas de que los «hobbits» practicaban el carroñeo extremo, conformándose con las partes de bajo valor nutritivo que los reptiles dejaban atrás.
¿Y qué pasa con el fuego que supuestamente dominaban? Los investigadores afirman que los huesos carbonizados de la cueva no son fruto de cocinas prehistóricas, sino de incendios accidentales que arrasaron la zona.
Comían carne completamente cruda y su comportamiento social era drásticamente más primitivo de lo que la comunidad científica internacional se atrevió a admitir en un principio.
¿Es hora de expulsarlos de la raza humana?
Este hallazgo dinamita las teorías tradicionales de Darwin y reabre un debate feroz entre los expertos. Muchos paleoantropólogos comienzan a defender una postura verdaderamente radical e incómoda para nuestro linaje.
Hay sectores de la ciencia que sugieren que al hobbit ni siquiera se le debería clasificar dentro del género Homo. A pesar de su bipedismo, su manera de sobrevivir y competir por el alimento se parecía más a la de una hiena que a la de un ser humano.
La idea de que la evolución humana es una línea recta y ascendente hacia la perfección vuelve a demostrarse falsa. El pasado está lleno de callejones sin salida y especies que prefirieron la sumisión ante depredadores antes que el desarrollo tecnológico.
Si la historia de este pequeño habitante de Indonesia te ha roto los esquemas, prepárate. Los yacimientos de Asia y Oceanía están comenzando a escupir datos que prometen reescribir los libros de texto de las escuelas antes de que acabe el año.
¿Estábamos listas para aceptar que nuestros primos lejanos eran simples criados de unos lagartos gigantes?
