El océano Atlántico esconde un secreto radiactivo bajo sus aguas que acaba de activar todas las alarmas de la comunidad científica internacional.
Una expedición científica de alta tecnología ha descendido a las profundidades de la Fosa Atlántica para comprobar qué está pasando exactamente allí abajo. (Sí, nosotros también tememos lo peor).
El hallazgo que estremece a los científicos
Los investigadores han confirmado un avanzado estado de deterioro en los miles de barriles con residuos nucleares sumergidos frente a las costas de Galicia.
El peligro es real porque ya se ha detectado la presencia de radionucleidos característicos a niveles superiores de lo que estimaban los modelos previos.
El Proyecto Nodssum, liderado por el prestigioso Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de Francia, es el responsable de este hallazgo histórico.
Un equipo de más de 30 científicos internacionales ha navegado a bordo del barco Pourquoi Pas? utilizando tecnología de exploración abisal de última generación.
La clave de la misión ha sido el uso del submarino tripulado Nautile, capaz de resistir la presión extrema y bajar hasta los 6.000 metros de profundidad.
Hay más de 220.000 bidones con 140.000 toneladas de basura nuclear sepultados en el fondo marino, a solo 300 millas del cabo Finisterre.
Filtraciones en el ecosistema marino
Los ojos de los tripulantes del Nautile han presenciado el colapso de las estructuras de cemento, resina y asfalto que debían blindar el uranio.
El mar está devorando el metal de los contenedores tras pasar más de 40 años expuestos a las corrientes corrosivas del lecho oceánico.
Los laboratorios analizan ahora contrarreloj decenas de muestras de agua, sedimentos y organismos vivos expuestos directamente a esta contaminación.
El objetivo definitivo es medir el impacto real y el transporte de la radiactividad en la rica fauna que habita los ecosistemas abisales de la zona.
Esta práctica letal comenzó a finales de los años 40, cuando las potencias europeas usaron el Atlántico como el vertedero nuclear del continente.
La batalla gallega que frenó el desastre
¿Sabías que esta evidente amenaza ecológica se detuvo gracias al valor de un pequeño pesquero gallego llamado Xurelo?
En 1981, este barco de madera de solo 24 metros se interpuso físicamente entre los gigantescos cargueros nucleares para frenar el vertido.
Aquella histórica protesta social forzó una moratoria internacional que culminó en 1993 con la prohibición absoluta de verter basura radiactiva al mar.
La presión política ha estallado ahora en el Congreso, donde se exige al Gobierno español un plan urgente de retirada si los bidones resultan inestables.
El tiempo corre en contra de nuestro ecosistema marino y el deterioro de los barriles no se detendrá de forma natural en los próximos años.
Estar informados sobre lo que pasa bajo el mapa que pisamos es el primer paso para presionar y salvar nuestras costas antes de que sea demasiado tarde.
