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Paleontólogos desentierran en Brasil un dinosaurio de 20 metros con un sorprendente parentesco español

Bajo el ritmo frenético de la construcción de una terminal vial y ferroviaria en Brasil, se ha revelado un tesoro escondido que desafía nuestra comprensión del pasado. Un descubrimiento impactante que no solo reescribe la historia de los gigantes prehistóricos, sino que oculta una conexión sorprendente con nuestras propias raíces europeas. ¿Listo para desenterrar el secreto?

Pero lo que ha dejado a los paleontólogos de todo el mundo boquiabiertos no es solo su tamaño. Hay un detalle oculto que cambiará tu percepción sobre estos seres.

Hablamos del Dasosaurus tocantinensis, un saurópodo inmenso de casi 20 metros de longitud que vagó por la Tierra hace unos 120 millones de años, revelado por pura casualidad. Lo más viral de este hallazgo, publicado en el prestigioso Journal of Systematic Palaeontology, es su parentesco más cercano: una especie que habitaba la actual España. Sí, lo has leído bien: miles de kilómetros y todo un océano de por medio, pero con una relación familiar que desafía la lógica moderna.

El descubrimiento que cambió las reglas del juego

La historia de este hallazgo es un ejemplo claro de cómo los secretos mejor guardados de la naturaleza pueden salir a la luz en el momento menos esperado. Esta revelación no fue fruto de una expedición paleontológica planificada, sino de una supervisión arqueológica rutinaria. Los arqueólogos, que monitoreaban una obra de infraestructuras gigantesca en Davinópolis, en el estado de Maranhão, en el noreste de Brasil, por exigencias de los permisos ambientales, se toparon con los primeros huesos a una profundidad considerable, casi ocho metros bajo tierra. Inicialmente, los atribuyeron a grandes mamíferos prehistóricos, (un error de cálculo comprensible, pero que el profesor Elver Luiz Mayer, de la Universidad Federal del Valle de São Francisco – UNIVASF, supo detectar con su pericia en el año 2021). Mayer intuyó inmediatamente que la formación geológica, conocida por estudios previos, indicaba una antigüedad mucho mayor que la de cualquier mamífero conocido de la región. Este fue el punto de inflexión que desató la investigación.

A partir de la sospecha inicial de Mayer, se formó un equipo multidisciplinario de especialistas que logró recuperar un ejemplar fósil considerado «relativamente completo» para la ciencia. Este material incluye vértebras caudales, un impresionante fémur de 1,5 metros, costillas y varios huesos de las extremidades, una verdadera joya para los investigadores. El nombre elegido para la nueva especie, Dasosaurus tocantinensis, no es casual: «daso» significa bosque, en referencia a los densos bosques que los colonizadores portugueses llamaron «maranhão», y «tocantinensis» alude al río Tocantins, que baña la región cercana donde apareció este fósil. Este nombre encapsula su identidad geográfica e histórica.

El Dasosaurus tocantinensis no es un dinosaurio cualquiera; se consolida como el gigante reptiliano más grande conocido del estado de Maranhão, superando con sus 20 metros de longitud a su predecesor, el diplodócido Amazonsaurus maranhensis, que apenas alcanzaba los 10 metros. Este tamaño colosal ya por sí solo merece nuestra atención, pero su verdadero valor radica en lo que sus huesos nos han revelado a nivel microscópico. Es una prueba irrefutable de la biodiversidad y la magnificencia de la vida prehistórica en Sudamérica.

El rompecabezas del parentesco transatlántico

Aquí llega el secreto que ha revolucionado el mundo de la paleontología: ¿cómo es posible que el pariente conocido más cercano del Dasosaurus brasileño viviera en la actual España, a miles de kilómetros de distancia y con el Atlántico de por medio? El equipo de investigadores tiene una solución fascinante. Proponen que los antepasados de este dinosaurio llegaron a América del Sur atravesando el norte de África hace entre 140 y 120 millones de años. En aquella época, estas inmensas masas de tierra aún estaban unidas formando el supercontinente Gondwana, un colosal rompecabezas geológico que hacía posible una migración transcontinental que hoy nos parecería imposible. (Sí, nosotros también alucinamos con la magnitud de estos movimientos!).

El patrón de crecimiento óseo de este dinosaurio mezcla características de saurópodos antiguos con rasgos de titanosaurios, sugiriendo que la remodelación ósea compleja apareció mucho antes de lo que creíamos. Es una clave maestra para entender su evolución.

Esta hipótesis geográfica se ve reforzada por una revelación imprescindible fruto del análisis microscópico de sus huesos, liderada por Tito Aureliano y Aline Ghilardi (UFRN). Han descubierto un patrón de crecimiento que mezcla rasgos de saurópodos antiguos con otros más propios de los titanosaurios, sugiriendo que ciertos mecanismos de remodelación ósea aparecieron en el linaje antes de lo que se pensaba. Este descubrimiento no solo respalda su viaje evolutivo, sino que redefine los tiempos en que estos gigantes desarrollaron sus adaptaciones más complejas. Es una pieza clave para reconstruir el árbol genealógico de los dinosaurios.

Pero la aventura de este descubrimiento está lejos de terminar. Los investigadores están ahora en plenas negociaciones con la constructora para conseguir el permiso y volver al terreno, con la esperanza de continuar excavando. Creen firmemente que hay más fósiles del mismo individuo esperando ser desenterrados bajo la misma obra (y nosotros, desde aquí, esperamos que tengan éxito en su tarea!). Cada nuevo fragmento podría aportar más luz a esta fascinante historia, ayudando a confirmar la revolucionaria hipótesis de Gondwana y desvelar nuevos secretos de aquel pasado reptiliano de nuestro planeta. La carrera contra el tiempo y la construcción continúa.

Has desvelado uno de los secretos más sorprendentes de la paleontología moderna y entendido por qué la Tierra aún guarda tantos misterios. ¿Quién sabe cuántos otros animales prehistóricos esperan ser descubiertos, justo bajo nuestros pies?

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