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Paleontólogos descubren en Canadá las huellas de un ataque mortal a un calamar gigante de hace 80 millones de años

Imagina un mar interior gigante. Hace millones de años, criaturas colosales dominaban estas aguas. Ahora, un fósil antiguo nos revela el último aliento de uno de ellos.

No hablamos solo de huesos o conchas. Hablamos de la prueba directa de una caza brutal, de un instante congelado en el tiempo que la ciencia acaba de descifrar. Este tipo de hallazgo es extraordinariamente raro, una ventana única a la crudeza del pasado.

Un grupo de paleontólogos ha desenterrado un secreto oculto durante más de ochenta millones de años en las profundidades de Canadá. El protagonista es un Enchoteuthis, un cefalópodo gigante con aspecto de calamar, que podía superar el metro de longitud. Pero lo que han encontrado va mucho más allá de su anatomía.

El «gladius» que explicó una muerte

Este fósil excepcional, catalogado como Q80.05.14, lleva décadas en una colección científica. Fue recuperado en 1980 en Manitoba, Canadá, de unos sedimentos que datan de entre 81,5 y 78,8 millones de años. Mide 49 centímetros y conserva gran parte de su «gladius», una estructura interna de soporte, comparable a la pluma de los calamares modernos.

Los investigadores calculan que el animal entero no llegaba al metro. Pero la verdadera historia se encontraba en dos deformaciones diminutas de esta pieza. (¿Una pequeña imperfección puede cambiarlo todo, eh?)

La cicatriz definitiva: no hubo escapatoria

Un equipo liderado por Melina Jobbins y Amane Tajika examinó el fósil con un escáner 3D portátil. Hicieron moldes de silicona de las zonas dañadas. Así descubrieron dos anomalías en la parte dorsal del «gladius», con una forma aproximadamente triangular.

La marca más reveladora se encuentra en la parte anterior. Mide 19 milímetros. Su geometría es totalmente compatible con la mordedura de un depredador. ¿Lo más impactante? No hay señales de reparación o regeneración del tejido. Esto sugiere que el Enchoteuthis no tuvo tiempo de recuperarse. La lesión se produjo justo antes de su muerte.

La prueba es clara: este Enchoteuthis fue atacado, y esa mordedura fue fatal. Un momento de pura supervivencia, hoy revelado.

El dilema de la segunda marca: una historia más compleja

La segunda anomalía complica el relato. Se encuentra 11 centímetros más atrás y alcanza los 27 milímetros. Su orientación es diferente, y parece una separación de las capas del «gladius». Los científicos plantean varias opciones.

Podría ser una segunda mordedura del mismo ataque, un episodio completamente diferente o incluso un daño provocado inicialmente por el depredador y ampliado durante la descomposición y fosilización. (La vida de los detectives del pasado no es nada sencilla, ¿lo veis?).

¿Quién fue el depredador? El misterio se intensifica

Identificar al agresor es el desafío definitivo. No quedaron dientes incrustados. El ecosistema estaba lleno de grandes depredadores: mosasaurios como el Latoplatecarpus y el Tylosaurus, y peces como el Cimolichthys o el Xiphactinus.

Los investigadores descartaron los tiburones y el Tylosaurus por la forma de las lesiones. Los principales sospechosos son el mosasaurio Latoplatecarpus y el pez depredador Cimolichthys. De hecho, ya se han encontrado restos de «gladius» de estos cefalópodos en el estómago de Cimolichthys.

Una ventana única a un mar perdido

Durante el Cretácico, el Western Interior Seaway cubría gran parte de América del Norte. Los cefalópodos eran clave en estas redes alimentarias. Demostrar quién comía a quién es un reto. Los contenidos estomacales fosilizados son raros, y las lesiones, aunque útiles, exigen mucha prudencia. Hay que distinguir una mordedura de una rotura post mortem.

Por eso, los autores son cautos con la segunda marca. Quizás el ataque creó una pequeña fractura, y la descomposición y la presión del sedimento hicieron el resto. Pero la primera lesión es una evidencia irrefutable de un encuentro letal.

Este fósil, redescubierto gracias a las nuevas técnicas, no es solo un resto extinguido. Es una película muda, una historia de vida y muerte de un mar desaparecido. Una prueba de la brutalidad y la belleza de un mundo que ya no está, pero que podemos «ver» gracias a la ciencia. Una auténtica proeza paleontológica que nos recuerda que nuestro planeta guarda secretos increíbles. (Realmente, la naturaleza no deja de sorprendernos, ¿verdad?).

¿Qué otros misterios se esconden bajo las rocas, esperando nuestra mirada?

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