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Los biólogos marinos no lo pueden creer: la insólita razón por la que las ballenas australianas nadan al revés

El océano nos acaba de regalar uno de los comportamientos más extraños y, a la vez, humanos que se recuerdan. Imagina navegar y encontrarte con un gigante de 40 toneladas flotando completamente boca abajo, con el vientre expuesto al aire y sin moverse. Al principio, los científicos temieron lo peor.

Pensaron que una epidemia o una enfermedad grave estaba afectando a las ballenas francas australes en las costas de Australia. (Y no era para menos, ya que todas las que lo hacían eran madres). Sin embargo, la ciencia ha desechado la hipótesis de la tragedia médica para revelar una realidad mucho más cotidiana.

El verdadero motivo del giro

No están enfermas, están absolutamente agotadas. Un equipo internacional de biólogos marinos acaba de publicar un estudio en la revista Mammalian Biology que destapa el misterio. Las ballenas francas se dan la vuelta por una necesidad desesperada de poner límites y buscar un momento de descanso ante las exigencias brutales de la crianza.

La maternidad en el océano puede ser un auténtico infierno físico. Los científicos monitorearon desde el aire un total de 59 parejas de madres y crías durante sus rutas migratorias de 6.000 kilómetros. Los datos son claros: el 25% de las hembras adultas adoptaba esta posición invertida durante casi el 19% del tiempo filmado.

Resulta que colocarse boca abajo en la superficie del agua bloquea de forma temporal el acceso directo de los ballenatos a las grietas mamarias de la madre. Sí, es el equivalente animal a esconderse en el baño para que tus hijos te dejen respirar cinco minutos. Las crías no dejan de pedir leche y ellas necesitan dormir para no colapsar.

Una estrategia de supervivencia extrema

Estas ballenas funcionan bajo el concepto técnico de criadores de capital, lo que significa que viajan a la Antártida para hartarse de krill y luego regresan a las aguas cálidas de Australia para parir. Durante todo este trayecto por el litoral, las madres no comen absolutamente nada; subsisten solo con las reservas de su grasa mientras sus hijos demandan alimento sin tregua.

La condición física de las madres decae de forma alarmante a lo largo de la temporada, mientras que el ritmo de crecimiento de los ballenatos se multiplica de forma exponencial durante la migración. Pero hay más razones detrás de este giro marino. La regulación de la temperatura juega un papel crucial en este fenómeno.

La ballena franca austral carece de aleta dorsal, una estructura que el resto de cetáceos utiliza para enfriar su cuerpo de manera eficiente. Al girar, exponen su vientre y sus aletas pectorales al aire fresco de la superficie para refrescarse rápidamente.

Un peligro invisible en la superficie

Las investigadoras Kate Sprogis y Renae van Noort, de la Universidad de Australia Occidental, confirman que ninguna otra ballena grande descansa de esta manera en todo el planeta. Es un comportamiento único y exclusivo de esta especie. Lo comparan con la acción humana de meter los pies en una piscina fría durante un día de calor sofocante.

El problema es que este respiro indispensable las coloca en una situación de extrema vulnerabilidad frente al tráfico marítimo. Mover una masa de 40 toneladas para recuperar la posición normal ante el rumbo de un barco requiere un tiempo de reacción demasiado alto y un esfuerzo físico titánico.

Las poblaciones de estos animales aún intentan recuperarse de la caza histórica que casi las extingue en el pasado. Por eso, los expertos piden máxima precaución a las embarcaciones comerciales. La próxima vez que sientas que la rutina te supera y necesites desconectar del mundo, recuérdate de las ballenas. ¿Quién no ha querido darse la vuelta y flotar un rato?

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