Un desastre sacude el Himalaya. Cientos de vidas perdidas, pueblos arrasados. La riada que asoló Nepal es una cicatriz reciente, pero la verdadera amenaza, sutil e implacable, avanza sin freno en las montañas más altas del mundo.
Esta tragedia no es un hecho aislado. Es una señal clara de una realidad devastadora que todos debemos entender. Un cambio acelerado que pone en riesgo la vida de millones de personas y el equilibrio de un planeta que ya no puede más.
La velocidad letal del deshielo
La cifra es brutal, y debería hacernos saltar todas las alarmas. Los glaciares del Himalaya se están derritiendo a una velocidad que desafía cualquier predicción. Entre 2011 y 2020, desaparecieron un 65% más rápido que en la década anterior. Sí, nosotros también alucinamos con la cifra.
Esta aceleración no es una curiosidad científica, es el combustible de una bomba de relojería. Esta pérdida masiva de hielo es lo que, según expertos, provocó la riada devastadora que golpeó la frontera entre Nepal y el Tíbet. Un colapso glaciar fue el culpable.
El río Bhotekoshi se desbordó con una violencia inusitada, arrastrando todo a su paso. Aldeas enteras fueron borradas, proyectos hidroeléctricos destruidos y carreteras vitales, simplemente, dejaron de existir. Más de 390 muertos y 1.400 desaparecidos es el balance provisional de esta catástrofe imparable.
La verdadera amenaza es nuestra incapacidad para frenar un deshielo que ya no tiene marcha atrás. ¿Las consecuencias? Ya las estamos pagando.
Inicialmente, se especuló con un terremoto, pero el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) y los expertos chinos fueron claros: un colapso glaciar y un flujo de detritos fueron el origen. Una masa de hielo se desprendió a más de 5.000 metros de altitud, arrastrando todo lo que encontraba. En siete minutos, recorrió 20 kilómetros hasta el puerto fronterizo de Gyirong.
Científicos del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD) lo confirmaron. Una colosal avalancha de hielo y rocas generó un aumento de caudal que arrasó estaciones de monitoreo y puso en riesgo instalaciones hidroeléctricas. Una verdadera operación de choque natural.
Las montañas en crisis constante
La catedrática de Glaciología Bethan Davies, de la Universidad de Newcastle, lo tiene claro. La zona del Himalaya se está calentando a una velocidad alarmante. Especialmente rápido es el fenómeno en las áreas glaciares por encima de los 4.000 metros. Esto provoca «balances de masa glaciar fuertemente negativos».
El ICIMOD advierte que el aumento de las temperaturas está alterando glaciares, la nieve, el permafrost y las laderas montañosas de toda la cordillera del Hindu Kush del Himalaya. Este es un error fatal que nos puede costar muy caro. La misma entidad ya avisaba en 2023 que se debía esperar más avalanchas, deslizamientos de tierra e inundaciones.
El Himalaya alberga 200 lagos glaciares, considerados de alto riesgo por posibles inundaciones repentinas. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ya proyectó en 2022 que estos desastres relacionados con el clima aumentarían. Y la cosa no pinta nada bien.
Si la temperatura global aumenta entre 1,5 y 3 grados, las inundaciones y el número de lagos glaciares crecerán de forma exponencial. (Un escenario que, por cierto, parece cada vez más cercano.) «Debemos esperar que este tipo de catástrofes continúen en los próximos años», declaró Davies. La desestabilización de estos entornos de alta montaña es un hecho.
Nuestro futuro en juego
La realidad es que, ahora mismo, 15 millones de personas en todo el mundo viven bajo la amenaza de una inundación repentina por esta causa. De estas, 7,5 millones se encuentran precisamente en los países que comparten el Himalaya. Este es un secreto a voces que afecta nuestra seguridad global.
El director de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, Kamal Kishore, ya lo dijo. «Las comunidades de montaña, desde los Alpes hasta los Andes y el Himalaya, están amenazadas. Sus vidas, sus culturas y su patrimonio están en riesgo.» Una advertencia que debería hacernos reflexionar sobre nuestro propio impacto.
El colapso de los glaciares del Himalaya no es solo una cuestión remota. Es una crisis global con ramificaciones que nos afectan a todos, directa o indirectamente. Entender esto es el primer paso para buscar una solución definitiva que quizás ya llega tarde. ¿Qué estamos dispuestos a hacer?
