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El deshielo de Groenlandia amenaza con desestabilizar las corrientes del Atlántico, según los expertos

El norte de Europa podría congelarse mientras el resto del mundo se quema.

No es el guion de una película de ciencia ficción de domingo por la tarde, es una posibilidad científica real que nos pisa los talones. (Sí, a nosotros también se nos ha helado la sangre al leerlo). El delicado equilibrio de nuestro clima depende de un gigantesco motor invisible que opera en las profundidades del océano Atlántico, y que ahora mismo está en peligro por el deshielo acelerado.

El abismo invisible que nos mantiene cálidos

Imaginad una gigantesca cinta transportadora submarina que distribuye el calor por todo el planeta.

Esta corriente marina, conocida técnicamente como la AMOC (Circulación Meridional de Retorno del Atlántico), es la responsable directa de que el clima de Europa sea habitable y templado. Sin ella, los inviernos europeos se volverían brutales, el nivel del mar se dispararía en nuestras costas y los patrones de cultivo colapsarían de la noche a la mañana.

El problema es que esta descomunal corriente se mueve gracias a la diferencia de densidad entre el agua salada y fría y el agua dulce templada.

Y aquí es donde entra nuestro gran dolor de cabeza colectivo: Groenlandia se está derritiendo a un ritmo nunca visto por la humanidad. El agua dulce que se vierte masivamente desde los glaciares actúa como un tapón gigante que amenaza con apagar el motor térmico del Atlántico para siempre.

La letra pequeña de la crisis nos advierte que Groenlandia se está deshelando ahora mismo unas cinco veces más rápido que en la década de los noventa. El margen de maniobra se está agotando de manera alarmante.

La armada robótica que desafía el hielo

Ante esta amenaza silenciosa, la ciencia ha decidido desplegar su artillería pesada en una misión sin precedentes.

Un equipo internacional de ochenta científicos y tripulantes acaba de zarpar a bordo del colosal buque de investigación británico RRS Sir David Attenborough. Su objetivo es adentrarse durante las próximas seis semanas en las peligrosas y gélidas aguas de los fiordos de Groenlandia para medir el desastre antes de que sea demasiado tarde.

Este megaprojecto, bautizado con el nombre de GIANT (Greenland Ice sheet to AtlaNtic Tipping points), cuenta con un presupuesto masivo de 20 millones de libras y está coordinado por el prestigioso British Antarctic Survey.

La misión no se asemeja a nada que hayamos visto hasta ahora porque los humanos no pueden bajar allá abajo.

Por eso, los investigadores han enviado al frente un auténtico ejército de robots submarinos que se adentrarán en la zona cero del deshielo. El líder indiscutible de esta vanguardia tecnológica es Boaty McBoatface, el submarino autónomo capaz de sumergirse a más de 1.500 metros de profundidad bajo las caóticas e inestables capas de hielo flotante.

La tecnología secreta para medir el fin del mundo

¿Cómo se mide el corazón de un glaciar en continuo colapso?

La expedición cuenta con herramientas de ciencia ficción diseñadas exclusivamente para esta odisea en el norte de Europa.

Una de las joyas de la corona de la misión es el sensor Meltstake, un dispositivo revolucionario que será perforado directamente en las paredes de hielo a cien metros de profundidad. Su misión es monitorear segundo a segundo cómo el agua templada del océano va desgastando las bases de los glaciares por debajo de la línea de flotación.

A este despliegue se le une DriX, un dron de superficie que escaneará el lecho marino con sonar de alta precisión en tiempo real.

Junto a ellos, una familia coordinada de mini-submarinos inteligentes llamados Gavia y EcoSubs peinará las corrientes para registrar los niveles exactos de salinidad y temperatura del agua. El objetivo final de toda esta colosal red de datos es alimentar una inteligencia artificial capaz de predecir con exactitud milimétrica cuándo llegaremos al temido punto de no retorno.

Si las corrientes del Atlántico colapsan, los modelos matemáticos sugieren que el noroeste de Europa podría sufrir una caída de temperatura de hasta diez grados en pocas décadas, cambiando por completo nuestro estilo de vida.

¿Por qué este viaje nos afecta directamente al bolsillo?

Pensar que lo que pasa en los polos se queda en los polos es el mayor error que podemos cometer.

La alteración de la corriente del Atlántico no es solo un problema de los osos polares o de los científicos en sus despachos.

Si el sistema de corrientes se debilita, las tormentas en nuestra península serán mucho más agresivas y destructivas. Las sequías que ya flagelan nuestros campos se volverán crónicas y el precio de los alimentos básicos podría multiplicarse debido a las malas cosechas generalizadas en todo el continente.

Saber con precisión qué está pasando bajo los glaciares de Groenlandia nos dará la ventaja competitiva para adaptarnos.

Los datos que recopilen Boaty McBoatface y sus compañeros de metal servirán para rediseñar los planes de contingencia global de los próximos cincuenta años. De esta misión depende que podamos construir infraestructuras capaces de soportar el nuevo clima que se nos viene encima.

La cuenta atrás ha comenzado en los fiordos

El tiempo corre en contra y la naturaleza no espera que nos pongamos de acuerdo en los despachos gubernamentales.

La expedición GIANT pasará los meses de julio y agosto analizando los empinados glaciares de Kangerlussuaq, en el sureste del territorio groenlandés. El año próximo, si el hielo lo permite, la batalla científica se trasladará al lejano glaciar Petermann, en el extremo noroeste.

Haber leído esto nos coloca un paso por delante de la masa que vive ajena a lo que se decide en el polo.

Las decisiones que tomemos como sociedad en los próximos cinco años dependerán por completo de las señales que estos robots capturen bajo el hielo las próximas semanas. Solo nos queda cruzar los dedos y esperar que el gigante dormido del Atlántico aguante un poco más de tiempo.

¿Estaremos a tiempo de frenar el gran apagón térmico de nuestro continente?

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