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Dostoievski, escritor y filósofo: “Si aceptamos que la vida humana puede ser gobernada exhaustivamente por la razón, entonces se destruye la posibilidad de la vida” – Cuerpomente

Vivimos en una era donde cada decisión parece tener que pasar por el filtro implacable de la lógica. Desde la compra más pequeña hasta los grandes pasos vitales, todo se pesa, se mide y se analiza con una precisión casi quirúrgica. Pero, ¿qué pasa si esta búsqueda obsesiva de la razón pura nos está robando algo más profundo, más esencial, de nuestra propia existencia?

Y lo más sorprendente, esta advertencia no es nueva ni viene de un gurú moderno. Hace más de un siglo, un gigante de la literatura ya nos lo advertía con una claridad desarmante. Prepárate para repensarlo todo.

Fiódor Dostoievski, el inmortal escritor ruso y uno de los pensadores más incisivos de la historia, nos dejó una sentencia que hoy resuena con una vigencia casi alarmante: “Si aceptamos que la vida humana puede ser gobernada exhaustivamente por la razón, entonces se destruye la posibilidad de la vida”. Una declaración que nos obliga a mirar más allá de nuestras agendas llenas y nuestras listas de tareas racionales. (Sí, a nosotros también nos hizo parar en seco).

Dostoievski, maestro en la exploración de la psique humana a través de personajes atormentados y márgenes, entendió que la vida no es una ecuación matemática. Si solo nos rigiéramos por la lógica fría, si cada paso se calculara para evitar el riesgo o el peligro, nuestra existencia sería una sombra pálida de lo que realmente podría ser. Pensemos por un momento: ¿cuántos de nosotros, si reflexionáramos fríamente sobre las complicaciones de tener una familia, los quebraderos de cabeza o las facturas extra, decidiríamos dar el paso? Probablemente muy pocos, y el mundo estaría vacío de niños.

A veces, el camino más seguro no es, ni de lejos, el adecuado. El impulso, la valentía, pueden abrir puertas que la razón cerraría por precaución.

Su idea es una revelación para nuestra sociedad, obsesionada con la seguridad y el control. Hacer cosas sin pensarlo demasiado abre la puerta a oportunidades y eventos que nunca sucederían si lo reflexionáramos en exceso. ¿Quién no ha dicho alguna vez: “Lo hice sin pensar y salió bien”? Es el caso de aquellos impulsos que nos llevan a declararnos a la persona que nos gusta o a saltar al río para salvar a un animal. Si solo decidiera la razón, nos perderíamos experiencias vitales imprescindibles para nuestro crecimiento personal.

La vida es pasión, acción, movimiento y cambio. Claramente, la razón es importante para decisiones estratégicas como invertir en bolsa o negociar una hipoteca, donde necesitamos datos y cálculos precisos. Pero Dostoievski nos recuerda que no todo en la vida tiene que ser comprobado, medido o controlado. Hay un espacio vital, un territorio oculto, que pertenece al corazón y a la intuición.

El corazón y la razón: El combate oculto

En nuestro mundo moderno, la intuición y el instinto están a menudo desvalorizados, condenados al ostracismo por todo aquello que no se rige por el raciocinio científico. Pero la vida, en su día a día, se basa en un sistema de ensayo-error constante. Caemos y nos levantamos una y otra vez, y son estas experiencias, a menudo dolorosas, las que determinan nuestros futuros pasos y nos hacen girar el timón.

Es en estas vicisitudes, en las complicaciones y los golpes, donde aprendemos y, como dice la etimología de la palabra recordar (del latín, recordari), volvemos a pasar por el corazón. Ignorar esta dimensión emocional e instintiva, pasar todo por el filtro estricto de la razón, apaga la magia de la existencia y convierte nuestro viaje en una sucesión estéril de decisiones programadas. Perder esta conexión es un error que pagaremos caro.

El misterio imprescindible de la existencia

La razón siempre se pregunta: «¿Qué sentido tiene la vida?» Y la respuesta más profunda es, sencillamente, vivirla. Con todo lo que venga, incluido el misterio, aquello que no comprendemos, las conexiones invisibles, el universo infinito o la misma muerte. ¿Por qué hay día y noche? Invierno y primavera? ¿Qué razón lógica explica que una diminuta semilla se transforme en un roble colosal?

Dostoievski hablaba de un motor de la existencia que es un enigma. Hay quien lo llama Dios, porque nuestra razón no tolera el caos, necesita orden y sentido en todo. Nos preguntamos quién o qué sostiene este cielo estrellado que contemplamos, fascinados y sobrecogidos. Pero quizás no hay una razón para todo, o, mejor dicho, para nada en el sentido racional que buscamos. Todo forma parte de una enorme red de la existencia, desde la partícula más microscópica hasta el planeta más gigante.

La vida se abre camino sabiamente, incluso en las circunstancias más adversas, y la razón no tiene nada que ver en eso. Es una fuerza ancestral, en estado puro, que avanza por la potencia de su propia inercia generada por un enigma que aún no hemos podido desvelar. Negarlo es el verdadero peligro para nuestra humanidad.

Permítamos que esta filosofía, tan potente y tan vigilante, nos recuerde el equilibrio que hemos perdido. Debemos reconquistar nuestro corazón, nuestra intuición, nuestro instinto. No para ignorar la razón, sino para complementarla, para hacer nuestra vida plena, imprevisible y auténticamente humana. ¿Cuántos tesoros ocultos nos estamos perdiendo por nuestra ciega devoción a la lógica?

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