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De 42 esponjas al puerto más sucio, una especie sorprende: el 91,7% resistió 455 días y se reprodujo

Nuestros mares se ahogan. Puertos llenos de tóxicos, sin vida, parecían condenados para siempre. Una verdad incómoda que la ciencia había aceptado.

Pero, ¿qué pasaría si un milagro inesperado comenzara a cambiarlo todo? ¿Y si la clave estuviera en una criatura que ni siquiera sabíamos que existía?

La sobreviviente que nadie esperaba en el puerto

Imagina uno de los entornos marinos más degradados. Ahora piensa en un experimento con cinco especies de esponjas, trasladadas de su hábitat limpio a este infierno acuático. El objetivo era simple: ver cuáles podían sobrevivir.

Cuatro de ellas murieron. Fueron encogiéndose y desapareciendo en menos de seis meses. Pero una aguantó. No solo sobrevivió 455 días, sino que hizo mucho más. Desafió toda lógica marina conocida.

«Esta esponja nos ha revelado un secreto impensable: no solo resiste en la adversidad, sino que se multiplica. Es una auténtica ‘ingeniera’ de la supervivencia.»

Hablamos de la Chondrosia reniformis, conocida como esponja riñón de pollo por su forma. Los expertos del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) la encontraron en la Marina de Palamós. Su tasa de supervivencia fue un choque: un 91,7% de los ejemplares seguían vivos al final del experimento.

Pero la noticia real es esta: se reprodujo. De forma asexual, generó clones de sí misma. De 24 individuos iniciales, surgieron 40. Y eso, en un puerto contaminado, es un auténtico punto de inflexión.

Esta esponja incluso puede desplazarse. Sí, has oído bien. Se mueve lentamente, rompiendo la definición de un animal fijo al sustrato. Un mecanismo de adaptación que le permite escapar si las condiciones empeoran. Increíble, ¿verdad?

Un laboratorio brutal bajo el agua

Nuestros puertos son trampas mortales. Acumulan hidrocarburos, metales pesados y pinturas antiincrustantes con tóxicos como el tributil de estaño (TBT). Venenos que se liberan constantemente y persisten durante décadas.

A esto se suma la plaga de las especies invasoras. Cientos ya documentadas en el Mediterráneo, muchas transportadas en el agua de lastre de los barcos. (Un auténtico problema para el equilibrio ecológico de nuestro mar).

Y el ruido. El dragado y el tráfico de embarcaciones generan niveles de decibeles que aterrorizan a la fauna marina. Es un cóctel mortal que prácticamente impide la vida tal como la conocemos.

«No estamos hablando solo de suciedad visible. Los puertos son bombas de tiempo químicas y acústicas que devastan los ecosistemas locales.»

En este contexto apocalíptico, la esponja Chondrosia reniformis no solo sobrevive, sino que prospera. Los investigadores sospechan que sus microbios simbióticos juegan un papel clave: absorben amonio del agua contaminada y lo transforman en nitratos, limpiando su entorno inmediato mientras se multiplica.

Es un descubrimiento definitivo que podría cambiar nuestra forma de entender la regeneración marina. Un pequeño paso para una esponja, un gran salto para la sostenibilidad.

La «renaturalización»: el camino hacia la resiliencia

Las esponjas son, de hecho, «ingenieras del ecosistema». Filtran miles de litros de agua cada día, capturando bacterias, virus y metales pesados. Además, ofrecen refugio a muchas otras criaturas marinas.

Esta capacidad innata de las esponjas es la base de un nuevo concepto: la renaturalización. No se trata de hacer regresar el puerto a su estado original —algo imposible mientras siga operativo—, sino de introducir especies pioneras y resistentes que puedan reactivar los procesos ecológicos básicos. Es una solución inteligente y pragmática.

Ocean Ecostructures, la empresa que diseñó las Life Boosting Units (microarrecifes biomiméticos) donde se llevó a cabo el experimento, ya tiene 95 de estas placas repartidas por nueve puertos catalanes. En conjunto, generan 1.540 toneladas de biomasa. (Un comienzo prometedor, ¿no crees?).

Un estudio publicado en Frontiers in Marine Science el 30 de julio de 2026, destaca estos hallazgos imprescindibles. Pero Manuel Maldonado, el líder del equipo, pide prudencia. Una sola especie, por muy resistente que sea, no puede limpiar un puerto entero por sí sola. Es un factor clave, no la solución única.

El siguiente paso es crucial: investigar si la comunidad microbiana interna de la esponja es el verdadero secreto de su resistencia. Y replicar el experimento en otros puertos con diferentes niveles de contaminación. Esto podría ser la base de un nuevo protocolo de limpieza marina.

¿Has visto cómo la vida siempre se abre camino? Incluso en las condiciones más extremas, la naturaleza nos da lecciones. ¿Estamos a tiempo de cambiar el rumbo de nuestros mares?

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