El periodista Josep Villagrasa es el autor de las glosas de los Terrassenses del Año 2024, leídas en la fiesta celebrada este sábado 23 de noviembre en el Teatre Principal. Su trabajo permite conocer la vida, obra y secretos de un personaje como Toni Villar Moratalla.
Aquí tenéis la glosa íntegra
Explicar la historia de Juan Antonio Villar Morata como terrassense del año es, en primer término, explicar la historia de su familia. Una familia llegada a Terrassa poco antes de que él naciera y donde él sitúa buena parte de los valores que le han hecho avanzar hasta merecer homenajes como el que hoy le ofrecemos aquí.
Esta es, pues, en primer término, la historia de Antonio y Vicenta, que llegaron a Terrassa con una hija pequeña buscando un futuro mejor en la industria textil. Juan Antonio Villar, entonces, se convirtió en 1970 en el primer miembro de la familia nacido en Terrassa. Desde el barrio de Can Jofresa creció viendo a su padre y madre trabajando incansablemente, a la vez que se implicaban en todo tipo de actos y reivindicaciones que pudieran mejorar la vida del barrio y de los vecinos. Una actitud que mantuvieron toda la vida, dando ejemplo a sus hijos y recibiendo el reconocimiento de todo el vecindario.
Debemos imaginar al homenajeado como un niño robusto y con presencia; suficiente como para que lo seleccionaran en el autobús que los llevaba a él y al resto del alumnado a la Academia Montserrat para designarlo vigilante de todos los alumnos. Y le hacían caso, lo que demuestra que ya apuntaba maneras hacia la vocación futura, marcada también por su hermana mayor. Y es que cuando él todavía iba a primaria, Vicenta, nueve años mayor que él, se convirtió en una de las primeras agentes en entrar en la policía municipal de Terrassa, siendo la primera de su promoción.
Aún faltaban unos años para que Juan Antonio Villar pudiera seguir el mismo camino. De hecho, los primeros sueldos se los ganó yendo por granjas de toda Cataluña a recoger pollos con las manos. Acompañaba al padre, que trabajaba en TACISA, Terrassa Carnes Industriales, para desarrollar la habilidad de atrapar tres pollos con cada mano. Se llevaba a cambio 500 pesetas y, quién sabe, quizás ya estaba desarrollando la destreza necesaria para un agente de calle.
El hecho es que aquel chico ya tenía claro, desde muy joven, que su camino estaba enfocado hacia la seguridad y el cuidado de los demás. Al terminar la educación primaria esto se traducía en afirmar, con dos de sus amigos de la escuela, Salva y Paco, en decir en las reuniones de orientación en octavo de EGB que querían ser militares. Curiosamente, los tres terminarían convirtiéndose en policías municipales.
Una vocación que se iría moldeando durante su paso por secundaria. Los estudios no terminaban de funcionar, mientras que encontraba la realización a través de la Cruz Roja donde comienza a ejercer como voluntario y a hacer de socorrista.
A los diecisiete años, finalmente, aparca los estudios y se va a hacer el servicio militar obligatorio, teniendo como destino cubrir las emergencias en la carretera de Vacarisses con un Renault 12 como ambulancia de asistencia. Ya no volverá al instituto. Al regresar de la mili irá a trabajar con el padre nuevamente en TACISA, esta vez sin atrapar pollos, mientras se prepara las oposiciones para entrar en la policía municipal.
En 1991 llegará el momento. Con 20 años, finalmente, entrará en el cuerpo. Y lo hará bajo la sombra de su hermana, Vicenta, que ya se ha convertido en la primera (y, de hecho, hasta el momento, la única) mujer sargento de la policía municipal de Terrassa. Todos la conocen como “la Tata”. Y, Juan Antonio, a partir de ese momento y hasta la actualidad, se convertirá en “el Tete”. Un apodo que asume tanto como propio que, incluso, al preguntarle qué nombre usar durante esta glosa, él no tiene problemas en afirmar que Tete es el que siente más propio.
En todo caso, Juan Antonio, o el Tete, pasa a patrullar en un momento donde todavía no se pasa por la escuela de policía y donde el aprendizaje en el trato con la gente y la resolución de conflictos se gana recorriendo las calles de nuestra ciudad. Las carreras y persecuciones que pueda haber se hacen con los delincuentes habituales a quienes los agentes ya tienen la medida tomada.
Terrassa, sin embargo, va creciendo y se va haciendo más compleja y le tocará vivir con el resto de agentes del cuerpo en 1999 la gestión de los conflictos racistas en Ca n’Anglada. Días y semanas de tensión que giraron el foco mediático hacia la ciudad y donde la policía municipal ejerció una tarea invisible, pero constante, de vigilancia y control de la convivencia en la calle.
Será en esa época cuando comience a hacer tándem con Joaquim Torres, con el cual alrededor del 2000 formarán la Unidad Ecológica y que se convertirá, durante casi 20 años, en todo un modelo de referencia para otros cuerpos locales. Una tarea donde a menudo tendrán que ser autodidactas y donde harán avanzar la ciudad en la protección del bienestar animal y del entorno natural, o la lucha contra las actitudes incívicas como los vertidos ilegales. Esto les permite también un conocimiento excepcional de toda la ciudad y de su entorno.
Será en esta etapa vital cuando, en 2014, se entera de la carrera solidaria Intermon Oxfam Trailwalker y deciden participar junto con cuatro compañeros más de la policía municipal. La inscripción conlleva la donación de 1.500 euros para la potabilización de agua en países en desarrollo. Y, para conseguirlos, deciden organizar algunos actos solidarios. Lo que pasa, por decirlo de alguna manera, es que con esto de la solidaridad se animan… se animan mucho. Nace la Asociación Egara Cops Walkers.
Solo en el primer acto que organizan se encuentran con un superávit de casi 10.000 euros que se donan repartidos entre el Rebost de Terrassa y una asociación solidaria de Jaén, Latiendo con el Sur.
Esas primeras iniciativas incluyen un primer calendario solidario de la policía municipal ligado a las enfermedades poco frecuentes, actos que llenan el teatro de los Salesianos como Canta Magia, sesiones de monólogos solidarios o, incluso, una muestra de solidaridad y emergencias donde involucran a los otros cuerpos de seguridad y emergencias.
Habrá desde un inicio una conexión instintiva con las organizaciones dedicadas a las enfermedades infantiles poco frecuentes, tanto para recaudar fondos para su investigación específica, como para hacer visible la realidad y necesidades de estos niños y sus familias. Cáncer infantil, histiocitosis, Duchenne, Phelan-McDermid, Sanfilippo… y muchas más.
Enfermedades raras que a menudo terminan dando nombre a las entidades creadas por las familias de los mismos niños afectados para conseguir, en primer término, hacer que el mundo tome conciencia de que existe dicha enfermedad. Curiosamente, en Terrassa, muchos de estos nombres, como otros, nos son conocidos gracias a las entidades e iniciativas como Egara Cop Walkers que han luchado y luchan por encontrar curas hasta ahora imposibles. Y es que, desde el comienzo, decidirán dedicar el dinero recaudado cada año a dos entidades diferentes.
Si es difícil nombrar en una glosa todas las entidades que han salido beneficiadas de esta acción solidaria, también se hace complicado detenernos en todas las acciones desarrolladas. Aun así, cabe destacar, un nuevo punto de inflexión en esta apuesta por la solidaridad de Juan Antonio Villar, con el nacimiento de “Policías por y para los Valientes de la Policía Municipal de Terrassa”. Será en 2017 con una nueva apuesta por hacer un calendario solidario para ayudar a la creación del Pediatric Cancer Center de Barcelona del Hospital Sant Joan de Déu. La publicación, que se consolidará a partir de ese mismo año, no solo sirve para poner cara a niñas y niños valientes que luchan contra el cáncer, sino que además, comienza a establecer una red, una comunidad alrededor de los agentes de policía implicados, los niños y las familias, que va mucho más allá de los actos públicos.
Como explica Juan Antonio Villar, Egara Cop Walkers y Policias X Valientes esconden un montón de gente detrás comprometida con la solidaridad. Una lista que nuestro terrassense del año comienza destacando su propia familia, desde su sobrina que cada año le ayuda con la imagen gráfica de todos los actos, hasta su madre, que estableció en su casa el centro de voluntariado con un armario lleno de material para hacer pulseras para recaudar fondos. La Vicenta madre, la fan número 1 de su Tete, a quien seguro le hubiera gustado estar presente hoy aquí para asistir a este homenaje compartido.
Una lista en la cual también se debe destacar a los agentes de la policía municipal implicados, destacando a Ángeles de Antonio, o Tata Àngels, amiga y cómplice indispensable de Juan Antonio.
Y, evidentemente, las familias. Desde las integrantes de la entidad Pulseras Candela, que impulsan la creación de material para vender en los puestos solidarios, hasta cada voluntario y familia implicada en la creación de una red de apoyo y solidaridad mutua que, desde los eventos públicos hasta las calçotadas o encuentros juntos constituyen el alma de este proyecto.
Con más de 60 actos, puestos o encuentros al año, no debe sorprender que desde sus inicios Egara Cop Walkers y Policia X Valientes hayan conseguido recaudar más de medio millón de euros para ayudar a hacer de Terrassa y nuestro mundo un lugar un poco mejor donde vivir.
Más allá del dinero, sin embargo, iniciativas como Ponte en Su Cabeza, la rapada solidaria por el cáncer infantil que llena cada septiembre el Raval de Montserrat, se han convertido en eventos de ciudad que convierten la ayuda a los demás en un gesto individual y colectivo. Un acto que cobra sentido, para Juan Antonio Villar en un gesto, raparse la cabeza, que más allá de la donación, visibiliza el compromiso de cientos de personas con hacer suya la lucha de niños y niñas por superar la enfermedad.
También menos conocido, quizás, pero importantísimo, también se debe destacar la beca “FAVIAL” destinada a conseguir 90.000 euros en tres años para subvencionar la investigación del cáncer infantil del Sarcoma de Ewing. Una iniciativa que, por cierto, debe su nombre a Fabri, Víctor y Àlex, tres jóvenes que han visto marcadas sus vidas por esta enfermedad.
Homenajear hoy como terrassense del año a Juan Antonio Villar Moratalla debe servir, como reclama él mismo, para volver a recordar a todas estas personas valientes que han hecho frente a la adversidad de la enfermedad. Tanto por los chicos y chicas que continúan luchando, como por aquellos que, como Fabri, Nerea o Ainhoa, lucharon hasta el final.
De hecho, hablar con Juan Antonio, el Tete, es encontrarse con una persona vital, con vocación por su trabajo como agente, que le ha valido el reconocimiento al mérito profesional este mismo 2024, pero que explica la vida como un descubrimiento constante. Y eso incluye desde la pasión por las motos, por viajar y descubrir nuevos lugares del mundo o, cómo no, organizar algún nuevo evento. Unas ganas de vivir que lo aproximan a los valientes y valientas a quienes se ha esforzado por ayudar y que hoy lo hacen merecedor del homenaje como terrassense del año.
¡Enhorabuena!
