MónTerrassa
El tiroteo a los Amics de las Arts de Terrassa el 13 de febrero de 1980

Quizás he puesto un título uno poco apocalíptico, pero bien es verdad que si ahora lo puedo recordar y explicar, sin duda es porque intervino el factor suerte por los que lo sufrimos y poca destreza por los que lo provocaron. Ahora ha hecho 44 años, era el 13 de febrero de 1980 y, hacia las doce de la noche, erem al bar de la entidad «Amics de las Arts y JJ.MM.» de Terrassa, a la esquina de la céntrica calle Sant Pere con la calle del Teatre y confluencia con el de La Rasa.

Aquel anochecer erem más gente del que era habitual, porque celebravem el cumpleaños de Lourdes. Lourdes Serra, una mujer ya mayor entonces, era quién, con mucha energía por su edad, llevaba el bar de la entidad y con los años se había convertido en toda una institución. Prueba de esto es que, por su popularidad y manera de ser, fue distinguida con este reconocimiento popular que tenemos en Terrassa que es hacernos «‘capgròs’ del año».

Lourdes era muy querida por todo el mundo, a pesar de que a menudo nos reñía cómo si fuera la nuestro madre. Corría el cava –entonces creo que todavía se decía «champán»- y las pastas dulces que nos ofrecía a todos los presentes Lourdes. Cómo he explicado, el edificio hace esquina y tanto por la calle Sant Pere como por la calle del Teatre tiene, todavía hoy, unos amplios ventanales con un factor que fue determinante por el que sucedió: el edificio y los ventanales quedan elevados respecto al nivel de la calle por la pronunciada pendiente, especialmente de la calle Sant Pere.

De repente las conversaciones, la alegría, los brindis, se interrumpieron, cuando empezaron a romperse, y a caernos encima, los grandes vidrios al mismo tiempo que podíamos identificar -en medio de la gran confusión general- el ruido de unas ráfagas de ametralladora; no porque hubieramos visto o sentido nunca en directo, sino porque todos, quien más quien menos, habíamos visto algunas películas… pero la diferencia era brutal: estaba claro que esto no era una película, a pesar de que en estos momentos no dedicas el tiempo a pensar mucho.

La reacción fue de echarnos todos al suelo e intentar protegernos de los trozos de vidrio que nos caían encima y quedarnos en silencio, después del lógico griterío del primer momento cuando no sabes que está pasando. Lógicamente sin saber si alguna de las balas había herido, o incluso matado alguien. Yo concretamente estaba, con otros amigos, a la mesa más próxima al ventanal que mujer en la calle del Teatre y tengo que decir que cuando -después- piensas que te han pasado algunas balas silbando un palmo o dos por encima de tu ninguno no es una recuerdo nada agradable.

No soy capaz de recordar cuánto de tiempo estuvimos estirados en tierra. Se hizo largo, porque supongo que nadie dls presentes sabíamos que hacer. Se había hecho el silencio, tanto adentro como fuera, cuando de repente sentimos el chirrido de la puerta de entrada al bar. En aquel momento, como mínimo yo, y después pude contrastar que muchos habíamos pensado el mismo: «Ahora entran a rematarnos».

Por suerte –si la memoria no me traiciona– quienes entraban eran lo Roc Fuentes y la Trine Codina, que venían del Cine Principal que está unos metros más arriba de la calle del Teatre. La frase «¿Que haceis todos estirados al suelo?» (quizás no fue bien be esta, peró seguro que muy similar) fue una de las frases más reconfortantes que he sentido nunca en la vida.

Nos incorporamos, comprobamos que de heridos de bala -por suerte!- no había, como máximo algún corte hecho por algún trozo de vidrio roto y un susto monumental, de los que perduran toda la vida. Solo havíen recibido los vidrios rotos, el techo, las paredes y alguno de los cuadros colgados que lucían balas de ametralladora incrustadas. Justo es decir que durante años, cuando menos los agujeros de los cuadros, fueron muy visibles como recuerdo de aquel día maldito.

¿Qué evitó que no hubieran heridos de bala? Pues el desnivel del local respecto a la calle. Días después supimos que había sido desde un coche –un Citröen 2CV descapotable– que veníen desde La Rasa y giraron ninguno la calle el Teatre. Aparte del conductor había un segundo personaje, derecho, disparando desde el techo descapotado… pero como que la calle estaba sensiblemente más bajo que los ventanales, las balas entraron por la parte de arriba de los vidrios de las ventanas y se fueron a incrustrar al techo, la parte alta de las paredes y los cuadros que había colgados más arriba. No hirieron o matar nadie, porque seguramente el nivel mental de los agresors era tan bajo y su rabia injustificada ninguno un colectivo como los socios o simpatizantes de Amics de las Arts no los dejaba ni pensar, ni reflexionar, ni preparar sus atentados con un mínimo de rigor… Por suerte!! Eran del «E.E.L.» (Ejército español de liberación).

El que disparaba guardia civil en activo al cuartel de Terrassa –y parece ser que lo siguió siéndolo todo haber sido descubierto y castigado… cosas de este país llamado España– y el conductor se ve que era un camarero que trabajaba en un bar que hay en la calle Salmerón esquina con la avenida de Jacquard. A la fachada de la entidad días después apareció una pintada que decía «La próxima vez tiraremos a matar», pero está claro que era una manera de reconocer el fracaso del atentado que havíen perpretat contra «aquel nido de rojos comunistas, separatistas, maricones y pervertidos» que para ellos era «Amics de las Arts y JJ.MM.».

Antoni Verdaguer i Serra

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