Terrassa ha entrado en la segunda fase de los trabajos previos que deben dictaminar si será necesario hacer una revisión del Plan de Ordenación Urbanística Municipal (POUM) o se opta por continuar introduciendo modificaciones puntuales, como se ha hecho hasta ahora.
Este proceso, que se inició a raíz de un Pleno extraordinario de la ciudad a petición de los grupos municipales, no está previsto que finalice hasta 2027 con la redacción de un documento que recogerá las conclusiones que permitirán valorar la necesidad o no de poner en marcha la redacción de un nuevo POUM. Es, pues, un procedimiento largo y complejo, que implicará la participación de todos los servicios municipales del Ayuntamiento, partidos políticos y ciudadanía.
“La decisión final de si será necesario hacer un nuevo POUM o no, no vendrá condicionada por el tiempo que tiene el anterior, vigente desde 2003, sino por si “se altera de manera sustancial la estructura general y orgánica del territorio. Otro punto clave puede ser si se determina que los crecimientos urbanísticos previstos se han agotado, es decir, ya no queda suelo disponible para nuevos supuestos, algo que actualmente no ocurre. También si se puede hacer una completa adaptación de la ciudad a las nuevas exigencias medioambientales y energéticas, y sobre las necesidades vinculadas al futuro crecimiento demográfico”, ha apuntado la técnica Marta Gómez.
En este sentido, el profesor y experto en urbanismo Ton Estapé ha recordado que “en estos veintidós años la ciudad ha crecido poblacionalmente mucho, pero su estructura y tejido no se ha deformado. Una revisión no necesariamente implica un nuevo POUM, hay que ser ambiciosos pero también coherentes y no precipitarnos”. Para el terrassense uno de los elementos clave es tener muy presente la integración de la actividad económica dentro del entramado urbano, «debemos valorarla e implementarla en todas sus formas, para evitar el peligro de que Terrassa se convierta en una ciudad dormitorio».
Nueve ejes clave de debate para la Terrassa del futuro
Con todo esto en mente, la primera fase de planificación inicial y recogida de información ya ha terminado y se entra en la segunda. Aquí, la programación está configurada, por un lado, con encuentros con técnicos municipales con conocimiento especializado en la materia; por otro lado, sesiones de la Comisión Estratégica, con la participación de representantes de los grupos municipales, responsables directivos del Ayuntamiento y expertos externos reconocidos en cada temática, así como las reuniones de trabajo con la Mesa Técnica de la Construcción. “Nuestra voluntad es abordar la futura revisión, con el máximo diálogo posible, por eso, la participación de expertos externos y de representantes políticos aporta, además, una mirada plural, con vocación de consenso y de enriquecimiento colectivo del proceso de revisión del POUM”.
Ya se han programado una veintena de encuentros entre los grupos de trabajo que forman parte de esta revisión, con nueve ejes básicos a tratar: evolución demográfica, económica y social (ya realizada), vivienda (que se realizarán este mes de julio); infraestructuras y la movilidad; los equipamientos; la actividad económica; los arroyos y las zonas inundables; el medio ambiente, la sostenibilidad y la salud; el patrimonio; y el papel de Terrassa dentro de la Región Metropolitana de Barcelona.
En enero de 2026 finalizarán las sesiones, y, a partir de aquí, el primer trimestre de 2026 se prevé abrir el proceso de participación a la ciudadanía en general. Que terminaría en abril de 2017 con el inicio de la tercera fase, que constará de elaborar el documento con las estrategias y acciones extraídas. Para pasar a la cuarta y definitiva, de análisis y determinación de si es necesario o no revisar el POUM.
En el caso de que, finalmente, se decida apostar por no revisarlo, desde el gobierno municipal aseguran que todas las actuaciones y estrategias extraídas en estos casi dos años, se tendrán muy presentes en las posteriores modificaciones puntuales. “Debemos tener claro que hacer un nuevo POUM implica tener paralizada la ciudad durante dos años, en los cuales no se pueden otorgar licencias ni hacer modificaciones sustanciales de suelo. Así que debemos tener muy claras las necesidades”, ha sentenciado Gómez.

