Este miércoles 18 de junio, al anochecer, Terrassa fue el escenario del primer coloquio del ciclo Más Semicírculos del 2025. El acto, organizado por Plataforma per la Llengua con el apoyo del Ayuntamiento de Terrassa, tenía como objetivo constatar cómo el modelo económico basado en el turismo no favorece el arraigo lingüístico de los recién llegados.
El coloquio tuvo lugar en el patio de la Casa Alegre de Sagrera, en el centro de Terrassa. Los ponentes invitados fueron Gerard Furest, filólogo y activista sindical, y Saoka Kingolo, analista político, responsable del proyecto «Xerrem» de la CAL y premio Pompeu Fabra 2008. Ambos conversaron sobre el papel de la lengua catalana en una sociedad diversa y en transformación. La charla fue moderada por la directora de Plataforma per la Llengua, Rut Carandell. El debate se estructuró en cinco grandes bloques temáticos; el valor individual del catalán, la función cohesionadora, el papel de la lengua en la gestión de la diversidad identitaria, la relación con el modelo económico y, finalmente, las propuestas de futuro para enfrentar la emergencia lingüística.

Durante su intervención, Gerard Furest denunció los efectos de un modelo económico catalán basado en el turismo y que importa mano de obra constantemente, pero que no favorece el arraigo lingüístico. «El catalán sigue siendo una lengua de ascensor social, pero lo es menos que en el pasado. El catalán debe tener valor simbólico, pero al mismo tiempo debe tener un valor instrumental», afirmó Furest.
Por su parte, Saoka Kingolo reflexionó sobre las motivaciones y barreras que encuentran muchas personas recién llegadas al aprender catalán. «La idiosincrasia del pueblo catalán hace que la lengua sea mucho más que un instrumento de comunicación. En Cataluña, quien aprende la lengua es visto como un aliado. Es una confianza previa que nos permite compartir cada uno lo que nos es propio», destacó Kingolo. Sin embargo, también agregó que muchos catalanohablantes hablan castellano con la inmigración. «A mí, cuando me pasa, me siento insultado. La conciencia lingüística está aumentando, pero hace falta una reflexión interna», manifestó.
