¿De qué manera una edificación milenaria puede reavivar el futuro de un pequeño pueblo? La respuesta forma parte del aliciente del proyecto de restauración y consolidación de la iglesia vieja de Sant Pere y San Fermí de Rellinars, catalogada como Bien Cultural de Interés Local. La previsión es que las obras se terminen a finales de año si bien la coincidencia con otros trabajos ha provocado que se pida una prórroga para su inicio.
Como punto de partida, la necesidad de salvar un espacio en riesgo de derrumbamiento y a largo plazo la idea de otorgar un uso lúdico frecuente más allá del simbolismo o la sensibilización histórica. Con la coletilla que no está situado precisamente en medio del núcleo de población sino a cota 273 metros, en un desvío de la carretera B-122 en dirección a Castellbell i el Vilar, justo antes de Can Cotis y cerca del límite con el Bages. Situada en suelo no urbanizable, se encuentra parcialmente en ruina dado que solo una de las cubiertas mantiene el tejado y la simple exposición a la intemperie la condena a una degradación tan lenta como bastante anónima. Rodeada de abundante vegetación y tapada por unos altos árboles que dificultan la visión desde la carretera, tiene al lado una casa unifamiliar privada.

En la década de los 60 del siglo pasado el propietario de los terrenos los dio al Ayuntamiento de Terrassa, dado que consideraba que tendría mayor capacidad de gestión y entonces la nave románica, si bien malograda, todavía se conservaba entera. En una práctica poco habitual por parte de las administraciones, en 1994 el consistorio egarense realizó una cesión de uso por treinta años al Ayuntamiento de Rellinars que ya ostenta la propiedad y, por lo tanto, tiene vía libre para intervenir.
En febrero de 2019 tres alumnos del Máster en Rehabilitación y Restauración Arquitectónica de la UPC presentaron al Consejo Comarcal del Vallès Occidental el proyecto de rehabilitación histórica de la iglesia vieja de Sant Pere y San Fermí de Rellinars como trabajo de fin de curso, para el cual realizaron numerosas fotos aéreas con drones y un video explicativo.
La tramitación de la cesión de la propiedad, iniciada el 2018, se materializó el 2021. El coste del proyecto de consolidación -no de reforma ni de rehabilitación- se eleva a los 106.964 euros, cantidad que se corresponde con las subvenciones de la Diputación y la Generalitat.
Pero la propiedad solo incluye el edificio de la iglesia, unos 400 metros cuadrados, mientras que los alrededores pertenecen a un particular mientras que la explanada es de un fondo de inversiones, al cual se le han hecho requerimientos ante el peligro que se hunda. Las grietas al campanario comprometen seriamente la integridad de la estructura. Habitualmente el espacio permanece cerrado pero tal y como explica la exregidora y Doctora en filología clásica Dolors Moreno, implicada en la recuperación de la obra, despierta interés internacional hasta el punto que se han tenido que programar visitas guiadas específicas a personas de nacionalidad belga. Un eco sorprendente para un pueblo que apenas dispone de dieciocho kilómetros cuadrados y no llega a los mil habitantes… salvo que la pieza tenga alguna singularidad.

CONSTRUCCIÓN ÚNICA
“Según los historiadores y técnicos de patrimonio se trata de un ejemplo muy claro de continuidad en el tiempo, es decir, que han pasado todos los estilos y hay muy pocas en Cataluña de este tipo”, apunta Moreno. Efectivamente la iglesia vieja de Rellinars comprende desde la época ibérica hasta los años 60 pasante por el declive de mediados del siglo XIX coincidiendo con la construcción de la iglesia “nueva”. Se pueden distinguir cuatro etapas constructivas: una de romana, una prerrománica, una románica y la última en el siglo XVII.
Atendiendo el proyecto elaborado por el arquitecto Jordi Morros, el elemento más antiguo que se ha localizado es el arranque de una edificación romana de forma absidal con un enlucido original de cal y arena. La capilla prerománica, construida sobre un asentamiento y necrópolis ibéricos, se erigió el siglo IX -tal y como indica el letrero enmohecido del camino de tierra- coincidiendo con la proliferación de masías a la zona pero parece que ya era un cruce en la era romana. “Más que un edificio debía de ser un hito al camino porque por allá pasaba una ‘strata’ romana -más estrecha que la vía-, como un sendero o una vereda que bajaba hacia el Llobregat y Montserrat”, concreta.

ESPACIO DE CULTO?
La lauda o votiva de gres del siglo II-III dc, de 115×49,5×42 centímetros en honor al dios Herotoragus, induce a creer que se utilizó como lugar de culto a pesar de que, según señala el estudio de Morros, la forma absidal de la estructura también es propia de aposentos de casas o conjuntos termales y villas rurales de la era romana y tardo-romana; actualmente se puede ver en el Museu de Terrassa, que también custodia los capiteles de ornamentación corintia.
La memoria recoge que la parte más antigua de este periodo prerrománico (siglos VII-CX) está formada por el transepto y los restos de un ábside a la nave suroeste. En la época románica (siglos XI-XIII) se amplió la iglesia levantando la nave paralela nordeste, con planta de cruz latina, que afectó parcialmente el ábside prerrománico adyacente. El informe del proyecto detalla que hay constancia que en agosto de 1330 Galceran Sacosta, obispo de Solsona, cedió la parroquia de Sant Feliu de Vacarisses y su sufraganea de Rellinars al monasterio de Pedralbes, cumpliendo el deseo de la reina Elisenda.
Durante la época gótica o tardo-gótica (siglos XIII-XVI) el conjunto edificado de la iglesia sufrió algunas modificaciones como por ejemplo la transformación de la doble arcuación original, que comunicaba lateralmente las dos naves, en un solo arco más centrado. Además, se hizo una apertura con arco al muro paralelo de la nave románica, posiblemente para poner alguna capilla actualmente desaparecida.

CAMPANARIO Y LLAMAS
Hacia los siglos XVII-XVIII se levantó el campanario en un periodo caracterizado por un incendio en la vicaría. Como que era una pequeña parroquia -la referencia documental histórica más antigua localizada se sitúa en 951, como parroquia sufraganea de Vacarisses- y en aquel momento ya estaba hecha la ermita de Las Herreras, “que era un poco su competencia”, no se invirtieron mucha al arreglar los desperfectos
provocados por el fuego.
En la época moderna (siglos XVII a XVIII) se hizo una cubierta única con dos vertientes, que alcanzaba la anchura total de las dos naves paralelas, obteniendo un nuevo espacio bajo cubierta. Según el documento del proyecto, también se levantó un campanario en espadaña sobre la fachada sudeste del ábside románico. Posiblemente se basó en una sustitución de un campanario en espadaña previo para reorientarlo y realzarlo. En esta misma etapa el estudio apunta que se debía de cegar el portal románico de la fachada noroeste para abrir un nuevo portal de acceso con arco de medio punto a la fachada suroeste. A la fachada del ábside románico, en el plan del campanario en espadaña, a media altura de fachada se encuentran los restos de un reloj de sol en un estado de conservación muy precario, probablemente del siglo XVIII. La superficie estaba acabada con mortero
de cal policromado.
Finalmente, el informe arquitectónico explica que a raíz del orificio de salida del gnomon se conservan restos de pigmentos ocres y rojos, siendo aparentemente de este color las líneas grabadas al apoyo de tabicado, que conservaría marcas de las seis a las doce del mediodía, por lo cual se sospecha que podría ser un reloj por la mañana.

USO AGRÍCOLA CONTRA LA DECADENCIA
La iglesia funcionó regularmente como parroquia del término de Rellinars hasta el 1842, cuando fue sustituida por la nueva, y se mantuvo abierta hasta las riadas de los años 60, que hicieron caer la parte románica. El año 1878 la iglesia vieja de Sant Pere y San Fermí dejó de ser sufragánea de Vacarisses a pesar de que su uso había se había reducido notablemente, siendo adquirida más tarde por el propietario de una finca vecina. El edificio tuvo una finalidad agrícola durante la primera mitad del siglo XX, con la incorporación de una prensa de vino de la cual se conservan las improntas de la base al lado de los pies de la nave románica.
Los doce plafones pictóricos de los siglos XII-XIII procedentes de las vueltas de los arcos y de los menajes verticales laterales del ábsides -decorados con cenefas, motivos vegetales, personajes bíblicos y otros elementos iconográficos y heráldicos, la degradación de los cuales imposibilita clasificarlos en algún movimiento o estilo concretos- se retiraron el 1961 antes de las inundaciones y se conservan al Museo de Terrassa.

LIMPIEZAS OCASIONALES
Dolors Moreno recuerda que la Junta de Museos de Terrassa llevó a termas diversas actuaciones, sobre todo de limpieza, los sábados por la mañana pero el recinto quedó en desuso y al olvido. De hecho, algunas fotos antiguas que integran el fondo patrimonial de la Diputación certifican que la cubierta de la nave románica se mantenía de pie en 60, si bien ya no se utilizaba como iglesia sino como almacén para guardar patatas y otros productos, según el exregidora.
Se refiere al hecho que entre el 1975 y el 1980 el arquitecto Jordi Ambrós, adscrito a los servicios técnicos de la Dirección general del Patrimonio Artístico y que estaba restaurando las cubiertas de las iglesias de San Miquel y Santa Maria de Terrassa, lideró unas obras de consolidación del edificio, pero no se sabe muy bien el alcance de los trabajos realizados.

LUGAR CULTURAL
El convenio de cesión de 1994 sirvió de excusa porque los arqueólogos Gemma Garcia i Antonio Moro, siguiendo órdenes del Ayuntamiento de Terrassa, pusieran en condiciones el interior de la nave románica y documentaran las estructuras existentes en este ámbito. Aquel verano la entidad Amigos de Rellinars celebró el éxito con una semana cultural rellena de actividades: bailada de gigantes, merendar, concurso de dibujo infantil, charlas y una exposición con fotografías y algunas de las piezas cedidas por el consistorio egarenc.
Indicios de la funcionalidad que se le dará. “Es un espacio pensado porque la gente en disfruti y conozca nuestra historia, un entorno privilegiado y un lugar peculiar que puede dar mucho juego” asegura la alcaldesa de Rellinars Marta Roqué, que piensa al organizar espectáculos musicales o teatrales.
La iniciativa pretende, por un lado, sacar piedras y bardissa y, de la otra, consolidar el campanario y la estructura que aguanta íntegra y recuperar el mosaico central de la nave. De hecho, el planeamiento recogido en el Plan de Ordenación Urbanística Municipal (POUM) menciona el reposo, el ocio y el recreo de la población como usos admisibles. Roqué apela al orgullo de un espacio que confía que sea tan disfrutado como respetado. “Haremos el que haga falta
para que acontezca una referencia. Los rellinassencs estarán contentos”.

