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Estel Cardellach: «Valoro ser pionera en cosas muy nuevas que hace poca gente»

No es alguien que esté en los titulares de la actualidad y, sin embargo, sus teorías e innovaciones sobre los fenómenos meteorológicos contribuyen a avances trascendentales en un mundo donde la presión sobre el clima nos aboca a situaciones extremas. Es la científica Estel Cardellach (Terrassa, 1974), una de las tres Terrassenques del Año 2025 que organiza el Centro Cultural El Social (entrega de los galardones el 15 de noviembre).

Nos recibe en su casa, en el centro de la ciudad, y el currículum de su trayectoria pasada y, sobre todo presente, impresiona: la NASA, Harvard, Instituto de Ciencias del Espacio del CSIC español, Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña… Y, ahora mismo, participando en el lanzamiento de dos satélites por parte de la Agencia Espacial Europea, basados en su técnica sobre la reflectometría para medir mejor la predicción de las inundaciones. Y, al mismo tiempo, pilotando otro experimento con el satélite español PAZ para medir también la lluvia intensa con otros parámetros.

Además, forma un dúo imprescindible con su esposo italiano Carlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático del programa europeo Copernicus. Cardellach ya fue Premio de Honor Muncunill a la Innovación el pasado mayo y, ahora, esta es la oportunidad para que sea ella misma quien nos descubra todo este apasionante trabajo y cómo lo concilia también con su vida familiar.

¿Cuál fue su reacción al saber que era Terrassenca del Año y que las otras dos ganadoras también fueran mujeres por primera vez en la historia de este galardón?

De sorpresa, pero también muy contenta. Primero, porque somos tres mujeres. Tampoco sería lo normal, que cada año fueran tres mujeres. Pero si este año es así, pues también está bien. Y el hecho de que sean trayectorias tan diferentes. Una viene del mundo de la pedagogía y la música (Lídia Muniesa) y la otra del deporte de élite (Berta Abellán). Me siento muy bien acompañada.

Y, a mí, me ha hecho muy feliz que los Terrassencs del Año reconozcan un perfil como el mío. Es una pequeña apertura. No porque sea yo, pero me haría muy feliz que se fuera repitiendo. Que a menudo se pudiera reconocer desde la sociedad civil el trabajo de los científicos, como una forma de hacerlo más permeable.

¿Cuánto tiempo ha estado fuera de Terrassa por su trabajo y cómo es que vuelve?

Para mí, Terrassa siempre ha sido mi hogar, nunca la he dejado. Pero siempre he ido y vuelto. Estuve más de dos años al principio de los 2000 en Estados Unidos. En los años 2010, estuve un año en Inglaterra y los veranos volvía dos o tres meses. Y, finalmente, con mi segundo esposo Carlo pasamos cuatro años, del 2016 al 2020, también en Inglaterra. Después del Brexit y la pandemia, que se nos juntó todo, y por temas escolares de los hijos que entraban en la secundaria, decidimos volver aquí. Al menos los niños y yo, porque mi esposo siempre ha tenido el trabajo fuera.

¿Cómo compatibilizan los trabajos Carlo y usted?

De hecho, nos conocimos por motivos laborales en un proyecto juntos. Él ha cambiado de trabajo respecto a cuando nos conocimos y se ha volcado en el cambio climático. Y su trabajo para Copernicus es en Bonn, en Alemania.

Su primera escapada a Estados Unidos es todo un reto porque se va directamente a la NASA…

Esa fue mi segunda escapada. La primera fue corta, cuando aún era estudiante de doctorado, en Colorado. Cuando lo terminé, me surgió la posibilidad de hacer investigación postdoctoral en un centro de los grandes de la NASA, el Jet Propulsion Laboratory, en Pasadena, California. Publicaron una oferta con un perfil muy cercano a mi tesis, que era pionera en Europa en paralelo a otra pionera en Estados Unidos. En principio, era un año más un año, pero por circunstancias me separé de mi primer esposo en este proceso. Y teníamos un hijo de nueve años. Sin hijo, supongo que habría continuado. Por eso, renuncié al segundo año. Y estaba buscando hacer investigación en Barcelona, pero entonces me surgió la posibilidad de hacerlo en el Smithsonian Center for Astrophysics, de la Universidad de Harvard. Era una diferencia horaria mucho más cercana y, en horas de vuelo, también. Y me ofrecían la posibilidad de hacer estancias aquí. Oficialmente era allí, pero podía pasar dos meses aquí. Que con el hijo lo facilitó bastante.

La científica de los fenómenos meteorológicos Estel Cardellach con sus monitores en casa para hacer su trabajo a distancia | Vicenç Batalla

Se habla poco de la conciliación familiar cuando se hace un trabajo de estos, que es de dimensión mundial. A veces, hay decisiones que deben estar muy condicionadas…

Están muy condicionadas. De hecho, pude ir a la NASA porque nos casamos con mi primer esposo para que él pudiera disponer de su visado. Dejó el trabajo para poder venir conmigo. Quiero decir que no todos están dispuestos a eso. Después, nos separamos durante ese año, las cosas van como van. Es un rompecabezas con muchas piezas y tienen que encajar todas, y no es fácil.

Esta es la primera etapa internacional, en Estados Unidos, y la segunda es en Inglaterra…

Sí, un año y veranos. Estas últimas son estancias más cortas en la zona de Exeter, a raíz de mi segundo esposo Carlo porque trabajaba en Devon, en el UK Met Office, el Servicio de Meteorología Británico. Nos enamoramos, él estaba allí y yo estaba aquí. Pero no veíamos clara la relación como para dejar nuestras carreras respectivas, que nos habían costado mucho. Lo único es que nos quedamos embarazados y, dijimos, ¿qué hacemos? Y lo fuimos manejando cada uno en el país donde trabajaba. Cuando me quedé embarazada del que es el segundo, quiero decir de mi tercer hijo que es el segundo con Carlo, pude hacer una estancia más larga porque enlacé una visita científica de meses con la baja maternal. Pude estar allí casi un año. Y, después, volvía en los veranos y él, en los inviernos, iba y venía.

¿Qué estaba investigando en ese momento?

Desde que volví de Estados Unidos, mi trabajo siempre ha estado aquí. Ya no he ido a trabajar afuera por trabajo. Por eso, eran estancias más cortas. Pero la última de cuatro años en el condado de Oxford fue porque a él lo cambiaron de trabajo y no lo dejaban venir nunca. Entonces, estuve teletrabajando durante cuatro años.

Desde que vuelve de Estados Unidos, ¿con qué universidad y qué institutos de investigación trabaja?

Desde que vuelvo, tengo doble afiliación. Soy del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Un organismo con institutos y centros de investigación, miles de científicos de todos los ámbitos. Y, además, soy del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña. Mi salario proviene del CSIC, hace unos años que soy funcionaria, pero esto me da más flexibilidad. A nivel práctico, me va bien estas dos afiliaciones pero en un solo lugar de trabajo que es en el campus de la Universidad Autónoma de Barcelona.

¿Y se dedica exclusivamente a los fenómenos meteorológicos?

No, estoy en la frontera entre ciencia y tecnología y me dedico a desarrollar nuevas técnicas para monitorear, observar, medir cosas de nuestro planeta desde el espacio, desde satélites. Me he especializado en técnicas que utilizan señales que han transmitido otros satélites, pero que no son para observar la Tierra. Lo que hacemos es reciclar las señales, aprovechar lo que otros satélites emiten cuando iluminan la Tierra. Lo hacemos para obtener información sobre la atmósfera, la meteorología, los océanos, la hidrología, lo que va bien a la agricultura… Es una visión más general. Toda esta información es buena para estudiar el cambio climático, pero también la meteorología.

¿Cómo ha ido evolucionando este trabajo entre la parte científica y la tecnológica y en función de sus descubrimientos? ¿En qué momento estaría ahora?

Es una pregunta difícil de responder. Valoro y creo que ha definido mi carrera, e intento que me siga definiendo, el hecho de hacer cosas muy nuevas. Ser pionera en cosas muy nuevas que hace muy poca gente. ¿Eso qué quiere decir? Que tienes que estar reinventándote. Y que cuando una técnica que he estado desarrollando pasa a ser muy popular, poco a poco, no diré que la vaya dejando, pero ya no me interesa tanto.

Eso significa que hay resultados prácticos…

Hay resultados y también significa que me diversifico mucho. Por eso, no me refiero solo al cambio climático, sino a todo lo que se me ocurre. El porqué una técnica nueva puede servir. He tenido que aprender muchas cosas de los océanos que no sabía nada. Y he ido aprendiendo de meteorología que no sabía nada. Y he ido aprendiendo de clima que no sabía nada. Y he ido aprendiendo para poder, después, desarrollar estas técnicas. Siempre intento tener diferentes puntos de madurez de las técnicas, porque me da seguridad. E intento, en paralelo, empezar cosas muy arriesgadas, muy nuevas, que nadie más en el mundo está haciendo. Ahora mismo, tengo algunas pero que quizás no me funcionen. Y, al mismo tiempo, tengo las que ya hace veinticinco años que trabajo en ellas, que son con más de cuarenta satélites que incorporan esta tecnología y están dando datos.

¿Se refiere al lanzamiento inminente de los satélites el Hydro GNSS?

Sí, este es un ejemplo de satélites que se lanzarán en quince días (entrevista realizada el 29 de octubre). Son dos de la Agencia Espacial Europea, a los que yo he contribuido porque estoy en el consorcio. Se lanzarán con un Falcon el 10 de noviembre desde California.

¿Y cuál es el objetivo?

Es un ejemplo de lo que ya es más maduro, que es la reflectometría GNSS. En que tomamos señales que transmiten los GPS, los satélites de navegación Galileo, que tenemos decenas que simultáneamente nos están iluminando. Estas señales rebotan en la superficie de la Tierra y nosotros ponemos estos otros satélites, los dos Hydro GNSS, con antenas mirando hacia abajo. Y analizamos todo este retorno para saber cosas sobre la superficie de la Tierra. Eso fue mi tesis doctoral del 1998 al 2002. Para mí es muy maduro, llevo toda mi vida profesional trabajando en ello. Lo mantengo y todavía intento con datos nuevos hacer cosas nuevas.

¿Qué es lo que buscan ahora?

Detectar, por ejemplo, inundaciones, agua sobre la superficie con mucha resolución, incluso si hay árboles, si hay selva que lo cubre. Es algo que haremos mucho mejor con estos dos satélites. Sobre el hielo, también tengo ideas que quiero probar.

Supongo que también hay la parte de emoción…

Ah sí, mi trabajo me apasiona porque es muy creativo. La gente piensa que esto de las ciencias es muy cuadriculado y muy aburrido y, lejos de eso, son trabajos muy creativos. Tienes que estar pensando siempre de una forma diferente, lo que dicen en inglés out of the box. Con fuegos diferentes, dándole la vuelta, arriesgándote. No sabes si te saldrá o no. A ver, es un riesgo en el que tampoco te va tanto…

En el caso del lanzamiento de los dos satélites, ¿es la coordinadora?

En estos en concreto, no. Porque los ha liderado una empresa inglesa, que ha hecho casi todo el trabajo. Yo solo soy responsable de los algoritmos y de los productos de inundación. Serán satélites que darán cuatro productos diferentes y yo soy responsable de uno de ellos.

Estel Cardellach mostrando en una de sus pantallas el seguimiento que hace de los resultados de los satélites sobre meteorología | Vicenç Batalla

Y lo que llaman radio ocultaciones polarimétricas (PRO) ¿se puede explicar en un lenguaje vulgarizado? Lo están haciendo con el satélite PAZ, de la Agencia Espacial Española…

Ahora mismo está en seis satélites. Es un concepto nuevo de medida que lo creé yo. Por lo tanto, este sí que es mi hijo profesional. Le tengo un aprecio muy especial porque recuerdo la noche en que se me ocurrió, en 2009. Una noche en que no dormí, y mi esposo también se acuerda. Se acuerda porque se levantó por la mañana y me dijo «¿qué haces aún despierta?», Y yo le digo «eureka, ¡he tenido la idea!». Estos son señales de navegación, señales electromagnéticas. Las ondas, cuando vemos el mar, van arriba y abajo. Pero las electromagnéticas pueden ir a derecha o izquierda y también dar vueltas circulares. Las señales de navegación son perturbaciones circulares. Hay una técnica, que se llama radio ocultación, que lo que hace es recibir estas señales cuando están en el horizonte desde un satélite de baja órbita. Cuando este GPS ve que se está ocultando detrás, como una puesta de sol, una puesta de satélite.

Se utiliza para hacer perfiles verticales de presión y temperatura y humedad. Lo que se llaman variables termodinámicas. Es una técnica muy antigua de los años setenta, que se hizo primero con ciencias planetarias y, después, cuando hubo los GPS se empezó a hacer aquí en la Tierra. Diríamos la puesta de un satélite para sacar estos perfiles verticales atmosféricos. Lo que yo me dije es qué pasaría si, ya que la señal es una perturbación circular, lo recibiéramos con unas antenas solo en la componente horizontal y la componente vertical de este círculo. Y me di cuenta de que me serviría porque, cuando llueve, sobre todo si hay una lluvia muy intensa, las gotas de agua no son como las dibujamos siempre, alargadas, sino que son achatadas, planas. De manera que, cuando pasa la señal a través, tiene que pasar más agua por la perturbación horizontal que por la vertical. Y eso hace que se retrase más. La señal horizontal llega más tarde que la vertical. Con esto podríamos medir la lluvia intensa. Se trata del primer sensor que puede medir perfiles verticales de presión, temperatura y humedad, ahora con lluvia intensa. Además, hemos descubierto los hielos, la nieve. Y todo lo que hay en las partículas de precipitación, sean heladas o líquidas, en la atmósfera. Es el único sensor que puede medir todas estas cosas simultáneamente.

¿En tiempo real, también se puede utilizar para previsiones?

Todo lo que es medida no es predicción. Lo que estamos mirando es, si incorporamos esta información en los modelos de predicción del tiempo, si esta puede ser mejor. Pero es algo que estamos empezando ahora. Aún no tengo la respuesta.

Ahora son seis satélites, aparte del inicial PAZ. ¿Cuál es su calendario?

Es muy incierto porque el PAZ es un satélite español, pero este experimento es un experimento mío y tenemos que ir pidiendo el dinero. Son proyectos de tres años. Cada tres años, tengo que volver a pedir más dinero al ministerio para que me mantengan vivo el coste de este experimento.

¿Cómo está ahora?

Acabo de renovar por tres años más. De momento, este es el calendario para el PAZ. Y hay todos estos otros satélites que ya no dependen de mí porque son comerciales, son empresas que se han arriesgado y ven potencial en esta técnica. Y tienen la intención de vender los datos a agencias de meteorología.

¿Son empresas privadas de todo el mundo?

Hay americanas y europeas, multinacionales. Y chinas. Son tres empresas diferentes de momento.

A nivel de aplicación serviría para poder estudiar huracanes como el Melissa estos días en el Caribe?

Ahora mismo estamos en dos escenarios. Uno servirá para predecir mejor. Incluso para ver hacia dónde van los huracanes, si se están intensificando o no. Y el otro es para la ciencia, para decir por qué no podemos predecir bien la evolución de los huracanes. No lo podemos predecir bien porque son fenómenos que aún no entendemos lo suficientemente bien. Entender bien significa que tienes todas las ecuaciones correctas y toda la información que necesitas. O utilizamos directamente los datos para los modelos de predicción o usamos los datos para mejorar toda la teoría que hay en los modelos de predicción. Son las dos hipótesis con las que estamos trabajando y lo hacemos en paralelo. Si pudiéramos tomar estos datos e inyectarlos en los modelos de predicción del tiempo, eso sería más inmediato. La otra vía es a medio plazo para hacer modelos de predicción mejores.

Y si hablamos del Mediterráneo, hoy hace un año justo de la trágica Dana de Valencia. Es decir, que también se pueden mejorar estos modelos de predicción en nuestro litoral…

Sin duda, esto también ayudaría a mejorar. Pero debemos recordar que en la Dana las predicciones no eran equivocadas. Días antes ya había alertas. Otra cosa es que los que tenían la obligación de avisar avisaran, pero las predicciones eran correctas.

Queda claro. Y Terrassa también está en un lugar de rieras, con pluviometría súbita. En 1962 hubo más de trescientos muertos con un crecimiento urbanístico incontrolado sobre los cauces de las rieras. ¿La situación climatológica de la ciudad sigue siendo un factor de riesgo?

No soy una experta en eso, es mi esposo quien podría decirle. Pero parece ser que sí, que con el cambio climático todo el régimen de precipitaciones cambiará. Parece ser que los modelos indican que se va hacia situaciones más extremas. Combinado con las sequías, se producen lluvias extremas en poco tiempo.

También estudia los océanos, el tema del deshielo en los polos…

Aún no sabemos si nos funcionará, pero ahora en lugar de trabajar con señales de navegación, el GPS, estamos empezando a trabajar con satélites de comunicaciones. Que se utilizan para comunicaciones militares, que trabajan con unas frecuencias del espectro electromagnético con longitudes de onda más largas, más parecidas a una radio. Esto hace que penetren más dentro del suelo, del terreno. Lo que queremos es intentar obtener la humedad del suelo, no la cantidad de agua en la superficie, que ya se mide más o menos, sino donde las plantas tienen las raíces, que es lo más importante para que haya agua. Esto sería muy interesante para hacer una buena gestión de los recursos hídricos. Puede ser que una superficie ya se haya secado, porque es el verano y rápidamente se evapora toda el agua en superficie. Pero, en cambio, puede ser que aún haya agua en las raíces. Así, se podría gestionar mejor el uso de esta agua para el riego, que es un recurso limitado.

¿Qué deseo haría con estas investigaciones para ayudar a una sociedad con esta enorme presión sobre el planeta?

Básicamente, dos deseos. Uno es que todo esto termine siendo útil de verdad para la sociedad. Y que la sociedad lo haga suyo, con un uso correcto de la información, que ya se ha visto que no siempre es así, como en el caso de la Dana. El otro deseo tiene que ver con los que hacemos investigación científica y tecnológica, que no vivamos tan de espaldas a la sociedad. Estamos en una sociedad altamente tecnológica, que es una gran usuaria. Pero esto no va ligado a una cultura de la ciencia. Con lo cual la sociedad no tiene la base para tomar las decisiones que tendremos que tomar. No toda la innovación, no toda la tecnología es buena por sí misma. Tenemos que tomar decisiones y deben ser decisiones informadas. No puede ser que estemos de espaldas unos a otros. Soberanía tecnológica también significa cultura tecnológica.

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