¡La escuela privada concertada existe! Esta afirmación con cierta ironía, solo la menciono para constatar que, desafortunadamente, tenemos un sistema educativo que históricamente ha dado prioridad y muchos privilegios a toda una red de centros educativos privados que mayormente son de adscripción cristiana y concretamente de mayoría católica apostólica y romana, y con fuertes rasgos diferenciadores clasistas y elitistas.
Frente a esta desafortunada realidad, está la Escuela Pública, dicho de paso que para algunos de nosotros es nuestra escuela, la única, la de todos y todas, que garantiza el libre acceso y los derechos de todos en igualdad de oportunidades, sin exclusión de clases, ni separación en ninguna circunstancia,… (orientación sexual, género, origen, situación económica), como se puede ver, cuando hablo de escuela no hablo de religión, pues entiendo que los cultos y las creencias religiosas deben practicarse en la intimidad del culto de cada comunidad religiosa, sin ninguna clase de prioridad, presencia ni preeminencia dentro del espacio laico del sistema educativo que es de todos, financiado y protegido por el Estado como un Derecho Básico, por tanto, de forma universal garantizado para todos.
Esta desafortunada normalidad que parece asumida por la ciudadanía de tener dos líneas de servicios educativos de enseñanza general, -público y concertado-, financiado con fondos públicos, nos lleva históricamente a aceptar y mantener un discurso aparentemente correcto, e incluso amable, pero que a mi entender es una anomalía democrática y oculta -intencionadamente- el verdadero problema, que no es otro que el mantenimiento de unos privilegios, y un modelo de sociedad, que perpetúa y mantiene las diferencias de clases y quizás lo que a mi entender es peor “unos valores que colonizan nuestros cerebros y alimentan y normalizan este clasismo”.
Conocedores pues de que este sistema está implantado, y normalizado, hace que no nos deba extrañar que por encima de todo, muchos defienden un modelo de servicio educativo que favorece la escuela privada y la tradición en el apartado religioso, preferentemente católico por supuesto, así como unas determinadas instituciones educativas de carácter confesional, y muy arraigadas en nuestra ciudad, que cabe decir que si no fuera por la vía de los conciertos económicos, si no todos estos centros educativos, sí que la mayoría de ellos quizás deberían desaparecer, lo cual el sentido común nos dice que tampoco sería lógico en un primer momento.
Para ir haciendo memoria, cabe recordar que el concierto económico lleva implícito unas determinadas obligaciones, entre otras, y muy concretamente a la hora de las matriculaciones para admitir nuevos usuarios del servicio educativo, la que dice: “que no será nadie excluido, ni discriminado por razones o motivos de sexo, origen, religión o condición económica del solicitante. Estas premisas obligatorias, la ciudadanía debe saber que la mayoría de estos centros concertados, no están en disposición deliberada de garantizarlas y aplicarlas de forma efectiva.
No quiero alargarme, pues el tema con voluntad de cambio merece un debate social participativo profundo, y de largo recorrido, solo pido reflexionar y preguntar a modo de ejemplo y desde una posición socialmente y políticamente responsable lo siguiente:
- ¿Cómo desde una mirada de ideal de integración y armonización, podemos tratar a nuestros hijos e hijas, y a los de las personas de diferentes puntos geográficos del mundo, sus costumbres, valores, creencias religiosas, lenguas, tradiciones, etc., que vienen a nuestro país, en busca de una vida mejor digna de ser vivida, al momento de incorporarlos en nuestra sociedad?
- Si la opción es amontonarlos solo en las escuelas llamadas “PÚBLICAS”, como parece que es el caso, o bien distribuirlos de forma equilibrada y sin ninguna clase de dificultad administrativa de matriculación, en todos los centros educativos existentes en la ciudad sean privados-concertados, o públicos?
- Este despropósito que nos lleva a la confusión, se produce en una situación y contexto de un modelo de estado en materia de oferta educativa que recoge la constitución como un “Derecho Básico” que debe impartirse garantizando los valores laicos de la enseñanza para todos, y por tanto es triste tener que recordar que las escuelas privadas (concertadas), mayoritariamente de confesiones religiosas católicas, también ellas están obligadas a impartir los contenidos educativos según las leyes existentes en materia de educación.
Una vez hecha esta introducción como preámbulo, quiero dar mi punto de vista como ciudadano que pretende pensar libremente, a raíz del asunto que ha salido a la luz, por el caso de enfrentamiento de más de 400 personas (madres y padres), reunidas bajo el nombre de “recuperem el Karmel”, que están en contra del sesgo ideológico radical en la Escuela Mare de Déu del Carme, de nuestra ciudad y de la dirección del Centro, y que nos ha permitido enterarnos por la denuncia hecha por este grupo de madres y padres del centro a través de los medios de comunicación.
Mucho me temo que este hecho, solo es la consecuencia por derivación de la interpretación interesada y deformada del modelo educativo, -más allá de entender el malestar de las familias afectadas que se han visto obligadas a denunciar los hechos de esta escuela-, creo vislumbrar con toda su diversidad de formas, que al no haber hecho una separación real “Estado-Iglesia”, que hubiera permitido sin tantas prerrogativas, hacer efectiva la supresión del poder que tiene en nuestro país la institución católica, quizás muchas de estas situaciones nos las podríamos haber ahorrado, esto es solo la punta del iceberg de una ofensiva conservadora ultraliberal en todo el mundo, y que en nuestro país tiene la forma de inspiración e ideología ultra católica como punta de lanza, que lamentablemente puede tener y ya tiene, muchos seguidores que le dan apoyo.
Desde hace un tiempo, el ascenso de la extrema derecha, con su discurso cada vez más desatado del conservadurismo de siempre; la aparición de un descarado darwinismo social, la obsesión securitaria, el culto renovado a la fuerza militar, un cierto antiintelectualismo negacionista ambiental, el retorno al rol de la familia tradicional, y en general un clima alejadísimo de cualquier horizonte de confianza en el futuro y el progreso compartido, dibujan un escenario sombrío, nada proclive a la antigua luminosidad renacentista del conocimiento y del progreso humanista, así como de sus valores universales, que sin duda son los que nos han hecho avanzar como humanos.
¡Bien! y para terminar solo recordar que parece que no ha servido de nada, lo que nos dice la historia de los últimos 100 años en el mundo en general, y nuestra historia española en particular, pues con esta deriva actual que llevamos, todo hace pensar que queremos volver a recordar y vivir los tiempos oscuros de la falta de libertad. ¡Quizás es que hay alguna neurona perdida que nos atenaza el cerebro!
