La diversidad lingüística en el mundo es un bien a preservar. La lengua no es un mero código de comunicación; cada lengua es la expresión de la identidad de sus hablantes. Cuando desaparece una lengua, la humanidad entera se empobrece.
La manera de preservar esta diversidad amenazada es defender los espacios de exclusividad que cada lengua debería tener en el territorio donde históricamente se ha desarrollado. Nuestra manera particular de defender la diversidad lingüística en el mundo es defender el rol de lengua propia que al catalán le corresponde en los territorios de habla catalana.
No podemos obviar el contexto de sustitución lingüística al que estamos sometidos los catalanes. El derecho de vivir plenamente en la lengua propia del que disfrutan un madrileño o un parisino en sus territorios lingüísticos respectivos no está garantizado para un niño catalán. La escuela debería tener muy en cuenta este hecho antes de embarcarse en proyectos deslumbrantes que pueden vulnerar derechos lingüísticos.
Los niños catalanes deberían tener garantizado el derecho de ser escolarizados íntegramente en catalán. Si no aquí, ¿dónde? Los derechos lingüísticos están vinculados al territorio. Si me desplazo a otro territorio lingüístico, ya no puedo reclamar el derecho de ser escolarizado íntegramente en catalán.
Si el proyecto lingüístico de la escuela vulnera este derecho, si recorta el derecho de los niños catalanes a aprender a designar el entorno en su lengua, a adquirir los conceptos de las diferentes materias de aprendizaje, los ritmos de las primeras canciones… para otras lenguas dominantes, no puede ser un buen proyecto lingüístico.
Por otra parte, es totalmente recomendable aprovechar la capacidad que tiene el cerebro humano de aprender varias lenguas. El monolingüismo no es nada deseable. Teniendo en cuenta que cada lengua aporta una perspectiva diferente, el individuo que solo sabe una es una persona atrapada dentro de la suya. Es imperativo que el proyecto curricular facilite opciones de aprendizaje de otras lenguas. Cada cosa tiene su momento.
En este sentido, también se puede aprovechar la más que segura presencia de lenguas habladas por las familias de muchos alumnos provenientes de otros lugares para estimular la curiosidad y el respeto por la alteridad, sin olvidar el respeto por nosotros mismos. Solo el uso del catalán como lengua común ayudará a unos a desarrollar un sentimiento de pertenencia y a otros a no sentir que nuestra identidad está amenazada.
También haríamos bien en no olvidar los diferentes intentos que ha habido de marginar el catalán en la escuela, y desconfiar de propuestas como ‘la escuela trilingüe’, por parte de una tendencia ideológica beligerante con el catalán, que introdujo el inglés como distractor para disimular la presencia sobredimensionada del castellano y su intención de vetar al catalán el espacio que le correspondía como lengua propia, y relegarlo a la marginalidad.
El inglés es ciertamente una lengua que se ha vuelto útil como lengua franca en un mundo globalizado, pero no perdamos de vista el rol que cada lengua debe tener. Los lingüistas advierten que la introducción de una lengua extranjera en edades tempranas solo funciona y tiene sentido en un contexto social de inmersión. Vender la idea de que introducir la lengua en P3 hará niños políglotas es una estrategia mercantil engañosa que los padres deberían aprender a no comprar.
Pepi Oller
Llicenciada en filología anglo-germánica y miembro de Català a Terrassa

