La plaga de la procesionaria ya se ve en Terrassa. En los últimos días ya se han podido observar en diferentes espacios de la ciudad infectados por este animal. Se encuentra en su forma embrionaria, con las bolsas blancas en las ramas de los pinos. Uno de los lugares afectados es el pequeño bosquecillo que hay en la ronda de Ponent al lado del Puente de Vacarisses, en dirección oeste-Roc Blanc.
El mes de febrero de 2024, MónTerrassa se hacía eco de que la sequía y las altas temperaturas habían adelantado esta plaga que se ha ido haciendo cada vez más presente en nuestro país, y que ya afecta a cerca de 100 mil de las 800 mil hectáreas de pinares que hay en Cataluña. El mismo alcalde Jordi Ballart hizo un llamado de alerta a la ciudadanía a través de las redes sociales para que estuvieran atentos.

Los problemas que genera la procesionaria
Para las personas, el principal problema radica en el contacto con los pelos urticantes que se dispersan y flotan por el aire. Esto puede provocar irritaciones en la piel, nariz y ojos, en forma de picazón. Si se produce un contacto directo con la oruga, el pelo se clava en la piel y puede dar una reacción alérgica en forma de urticaria (lesiones eritematosas en la piel) y en algunas ocasiones pueden producir una inflamación de la vía respiratoria ocasionando dificultad al respirar. La afectación cutánea es la más frecuente, las lesiones se localizan en las zonas expuestas de la piel, como el cuello y las extremidades. Las lesiones aparecen después del contacto y desaparecen en horas o pocos días.
Pero los animales son también una de las víctimas preferidas de la procesionaria. Desde el Centro de Atención a los Animales Domésticos (CAAD) recuerdan que hay que estar muy atentos en las zonas boscosas pero también en parques y plazas. Se reconocen fácilmente porque suelen ir en fila o se amontonan. Como a menudo es incontrolable donde ponen el hocico o las patas los perros, hay que estar atentos a los síntomas que en los animales son mucho más evidentes y rápidos de detectar: hipersalivación, se rascan demasiado y muy a menudo, dificultad respiratoria, nerviosismo, irritación y/o inflamación de la piel, úlceras y ampollas, además de un posible aumento de la lengua o cambio de color (en caso de que haya ingerido alguna).



