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Terapia con perros, una fuente de salud para crear vínculos intergeneracionales

La Lia es una perra de cinco años que cada semana visita la Llar Residencial Sant Llàtzer (CST) para llevar a cabo una sesión de terapia intergeneracional con personas residentes y niños. El animal, uno golden retriever, es el hilo conductor de estas sesiones, donde se hacen actividades y juegos para fomentar la salud de ambos colectivos, especialmente vulnerables, puesto que su personas grandes afectadas por algún tipo de demencia y niños con trastornos del espectro autista (TEA), Asperger o trastornos de la comunicación social.

Se trata de un proyecto pionero, puesto que es la primera vez que se lleva a cabo una iniciativa de esta índole entre personas grandes y niños. La iniciativa, que trabaja el vínculo entre generaciones, se ha presentado a la Llar Residencial Sant Llàtzer, donde hemos podido asistir en una sesión de terapia y observar como se desarrolla la actividad y la relación entre personas grandes, el niño y el canino.

El CST pone en marcha una terapia intergeneracional con perros para mejorar la salud de residentes al Hogar Residencial Santo Llàtzer | Laura Gómez
El CST pone en marcha una terapia intergeneracional con perros para mejorar la salud de residentes al Hogar Residencial Santo Llàtzer | Laura Gómez

Un espacio de intercambio generacional enriquecido con la presencia de perros

El proyecto se puso en marcha el mes de septiembre con la participación de la escuela Bisbat d’Ègara -que cuenta con una Unidad de Apoyo de Educación Especial- y gracias a la donación de la Fundación Manuel Lao. Pero la idea que las personas grandes pudieran hacer terapia asistida con perros (TAG) viene de hace unos cinco años, a pesar de que no se pudo implementar a causa del estallido de la pandemia.

En este tiempo de aislamiento, el que más echaron de menos las personas grandes fueron los encuentros con jóvenes y niños, y por este motivo, la Llar Residencial Sant Llàtzer decidió retomar la iniciativa pero añadiendo también niños. Y, precisamente, la terapia asistida con perros permite generar estos vínculos entre residentes y niños, y enriquece el valor terapéutico de la actividad.

El CST pone en marcha una terapia intergeneracional con perros para mejorar la salud de residentes al Hogar Residencial Santo Llàtzer | Laura Gómez
El CST pone en marcha una terapia intergeneracional con perros para mejorar la salud de residentes al Hogar Residencial Santo Llàtzer | Laura Gómez

«La herramienta no es el perro, la herramienta es el vínculo»

Las sesiones se hacen en tres grupos de siete residentes y un niño por cada grupo (dos de ellos tienen 5 años y uno tiene 7). El primer grupo hace una sesión semanal, mientras que el segundo y el tercer grupo hacen una sesión quincenal, alternándose entre ellos.

En estas sesiones se trabaja el vínculo intergeneracional a través de juegos junto con la Lia, explica Míriam Sánchez de la empresa Engresca’t Teràpies Assistides amb Gossos, quien conduce la actividad. «La herramienta no es el perro, la herramienta es el vínculo», pero el perro sirve como un estímulo «facilitador y motivador» para trabajar este vínculo, remarca.

En la terapia donde asistimos, los residentes y el niño juegan con un parapente donde se tienen que ir pasando una pelota, levantando o bajando los brazos para que caiga hacia un lado o hacia el otro, una actividad donde la Lia se divierte buscando la pelota.

El CST pone en marcha una terapia intergeneracional con perros para mejorar la salud de residentes al Hogar Residencial Santo Llàtzer | Laura Gómez

Ahora ya llevan más de una decena de sesiones y ya se han constatado algunos cambios en los comportamientos de las personas grandes en ámbito cognitivo y físico. «Por muchos ellos, abrir los ojos ya es un esfuerzo. Mantener la atención con una demencia es difícil. Hemos conseguido que durante la sesión de terapia estén pendientes de la perra y del niño», explica Mercè Ramoneda, educadora de la Llar Residencial Sant Llàtzer.

En el ámbito físico, se menean de forma espontánea para tocar el perro, o levantan la vista y cambian postura para seguir los movimientos del perro o del niño. Incluso algunos de ellos preguntan por los niños y por la perrita y ya saben su nombre cuando se los enseñan alguna fotografía del animal.

El CST pone en marcha una terapia intergeneracional con perros para mejorar la salud de residentes al Hogar Residencial Santo Llàtzer | Laura Gómez

Una actividad tanto por gente mayor como para niños

Además, por estos niños también es una actividad con un impacto positivo. Desde el equipo directivo de la escuela Bisbat d’Ègara, explican que recibieron este proyecto con los brazos abiertos, y cuando se los comunicó a las familias de los niños esta propuesta, se sintieron emocionadas. «Su terapias que cuestan dinero, y ofreciéndoles esta iniciativa a las familias se los abrimos el mundo», explica Marta Solana.

Por ejemplo, exponen que hace pocas semanas una de las familias decidió incorporar un perro a la familia a raíz del impacto que la sesión de terapia había tenido a su hijo.

El CST pone en marcha una terapia intergeneracional con perros para mejorar la salud de residentes al Hogar Residencial Santo Llàtzer | Laura Gómez

La terapia con perros ya se ha convertido en una referencia en gente mayor con demencia o niños con TEA

Desde el centro apuntan que la terapia asistida con animales ya se ha convertido en una referencia en los tratamientos no farmacológicos en personas con deterioro cognitivo o en demencias como el Alzheimer; así como con niños con TEA, Asperger o trastornos de la comunicación social.

Se ha demostrado que la presencia del perro enriquece y ayuda a fomentar la relación intergeneracional, una acción terapéutica además de lúdica, que mejora la interacción con el entorno. Esta relación ayuda a desarrollar y mejorar habilidades motrices, cognitivas, sensoriales, comunicativas y emocionales, desde una dimensión basal e intuitiva.

El CST pone en marcha una terapia intergeneracional con perros para mejorar la salud de residentes al Hogar Residencial Santo Llàtzer | Laura Gómez

Al acabar la sesión de terapia, la perra marcha con Sánchez y los residentes continúan realizando sus respectivas actividades o tareas a la Llar Residencial, esperando que llegue próxima semana para volver a ver la Lia.

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