MónTerrassa
Quién hizo las figuritas del paje Xiu-Xiu para algunos roscones

Uno de los primeros días del mes de febrero del 2002, conocí primero a Herminia y después a Julián. Desde la parroquia Jesús Obrero situada en la ciudad de El Alto (Bolivia) se acababa de poner en funcionamiento el Centro Infantil Virgen de la Fuensanta, un centro de nueva construcción que serviría (y sigue a pleno funcionamiento actualmente) para atender a niños de seis meses a cinco años.

En esos momentos, se me encargó hacer un apoyo casi diario a la directora y educadoras del centro. Un día, cuando salía del centro, sentí que alguien me llamaba por detrás:

Hermano, Toni. Hermano, Toni -me giré y me encontré con Herminia.
Disculpe, hermano Toni, me gustaría que pudiera visitarnos para que conozca cómo vivimos.

Después de una corta conversación, Herminia me llevó a su casa, muy cerca del centro infantil. Allí conocí a Julián. Viendo la manera en que vivían, entendí enseguida su petición: no podían pagar el coste del centro, pero querían que sus dos hijas asistieran (las familias para asistir al centro pagaban una cuota muy simbólica que ni mucho menos cubría la atención que recibían los hijos: educación, desayuno, almuerzo, merienda…).

La situación de aquella familia no era nada fácil: en ese momento no tenían agua a domicilio, un vecino se la proporcionaba, la electricidad la obtenían de otro vecino. Solo disponían de una habitación que servía para todo: dormitorio, cocina y en un rincón el pequeño taller donde fabricaban las figuritas. Ese día, conocí el trabajo de Julián y Herminia. Con mucha ilusión, él me explicó cómo se ganaba la vida, en realidad cómo sobrevivía día a día. Son artesanos de figuritas de barro cocido.

Conociendo su realidad, les dije que no dejaran de llevar a las niñas al centro, ni un día (al menos conseguíamos que de lunes a viernes comieran bien) y que de las cuotas no se preocuparan, que yo hablaría con la directora del centro. Desde ese día, buscaba la manera de poder ayudarles. Y la manera más honesta y digna de hacerlo era que pudieran mejorar su calidad de vida con su trabajo. A menudo teníamos voluntarios en El Alto, y a todos los llevaba a conocer a la familia de artesanos para que vieran el trabajo que hacían y, sin compromiso, les compraran algunas piezas.

Años más tarde, Àngels de la pastelería Núria de Terrassa, a quien yo le había regalado alguna figurita hecha por Julián, tuvo la idea de que para el roscón de reyes del año 2005, los tres reyes fueran hechos por Julián. Nos pusimos a trabajar y finalmente, Julián sacó la figura de cada uno de los tres Reyes con las medidas que se pedían. Fabricaron nueve mil, tres mil de cada uno de los reyes. Con la ayuda de varios voluntarios se pudieron llevar hasta Terrassa.

Con el resultado de su trabajo, consiguieron primero, poner el contador de agua y, por tanto, tener agua a domicilio y, después, el contador de la luz. Posteriormente, pudo comprarse un horno eléctrico para cocer las figuras. Antes lo hacía con un horno de leña. Todo esto lo lograron con su trabajo.

En julio de 2025, la vida me ha regalado la oportunidad de volver a mi querida ciudad de El Alto y reencontrarme con Herminia y Julián. Y he podido constatar que aún viven al límite, al día a día, sobreviviendo. Venden las figuras a los turistas en la ciudad de La Paz, pero cada vez es más difícil venderlas. En julio de 2025, esta familia recibió el encargo del Gremio de Panaderos y Pasteleros de Terrassa, les hicieron la petición de fabricar cinco mil figuritas de nuestro querido Xiu-Xiu. Y se pusieron manos a la obra.

Yo compraré un roscón y esperaré con mucha ilusión que alguno de los comensales la encuentre y verla. Para mí, esta figurita tiene un valor incalculable.

Julián nunca ha tenido la suerte de poder exportar su trabajo fuera del país por falta de dinero. La primera vez ha sido ahora. Son las primeras que exporta y ha necesitado ayuda económica para hacerlo.

Julián, Herminia con su nieto, en su casa y yo que los acompaño

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