«Negra sobre punto blanco» es la tercera obra teatral del 51º Premio Ciudad de Terrassa y también la tercera de autoría catalana; últimamente un rara avis en las carteleras del teatro profesional (L’aranya o Mar i cel de Àngel Guimerà y La majordoma de Josep Maria Miró serían excepciones). En este caso, el autor es Francesc Cutchet, escritor de numerosas piezas de teatro breve y miembro de la compañía que la pone en escena, Tres Homes Grossos. Con Negra sobre punto blanco ganó el galardón literario de dramaturgia en lengua catalana Jaume Salés i Sanjaume 2022.
Fue estrenada en mayo de 2024 en el Casal Pere Quart de Sabadell, donde ha vuelto justo este sábado, antes de pasar por nuestra ciudad.

Febrero 2025. Pocos días después de los actos por el 80º aniversario de la liberación de Auschwitz y aún en shock por los continuados estirabotas de Elon Musk, como el saludo nazi durante un mitin de Donald Trump, se hace evidente que el pasado está muy cercano y que deberíamos conocerlo mejor para evitar repeticiones.
Octubre 1940. Negra sobre punto blanco toma un hecho real como punto de partida: el robo de la cartera que llevaba Heinrich Himmler, jefe de la Gestapo, durante la visita a Barcelona para encontrar el Santo Grial o cáliz de Cristo; y comenta otros, como la reunión de Hitler y Franco en la estación de tren de Hendaia, gracias a las llamadas telefónicas que mantiene un Himmler bastante verosímil (Lluís Saus) con su hermano Ernst.

El drama comienza haciendo uso de un recurso interesante, en el cual se podría profundizar: la maleta presidiendo la escena y un diálogo en off que nos sitúa años después del robo, porque se quiere vender a un anticuario.
La dirección de Gabi Ruiz sabe hacer brotar la tensión dramática, especialmente en algunas de las relaciones que establecen los miembros de una familia dividida entre «adeptos», como Pere Carretero (Sergi Gil), y «desadeptos», como Ton Carretero (Jordi Martínez) y Anna (Silvia Leiva), atrapados entre la policía del régimen, representada por el implacable inspector Melgarejo (Jordi Cantó) y un espía inglés (Josep Fontan).

Ahora bien, el ritmo del relato se pierde por las numerosísimas y a menudo innecesarias transiciones a negro que no responden a un cambio temporal o espacial que lo requiera. Para trasladarnos a los espacios donde ocurre la historia encontramos unos elementos muy masivos: una mesa, unas sillas y unos aparadores de madera; y otros más ligeros, pero bien significativos, como los platos y los manteles caseros, el teléfono de despacho o la lamparita de la habitación de hotel.
El retrato costumbrista de la posguerra nos ofrece amores a la sombra, violencia policial y la intriga del acto criminal en el glamuroso hotel Ritz, que el público espera con ansias.
Y la semana que viene, 23 de febrero a las 18:00 h, tendremos en concurso El miracle de Anna Sullivan de William Gibson.

