El primer órgano que llegó a Terrassa data del año 1649. Se colocó en la basílica del Sant Esperit. En el mismo lugar de entonces y hasta el año 1936, en que se sucedieron dos: uno antes de la Guerra Civil y el otro… después. El conflicto bélico significó la destrucción del instrumento musical (el 21 de julio de 1936).

El templo -de estilo gótico tardío- se terminó de construir en 1616. Catorce años después, se realizó el contrato de construcción del arco y la bóveda para poder soportar el peso de un órgano como es debido. En 1646, se redactó el documento-contrato de su construcción. Concretamente, de la cadireta, terminando la tarea tres años más tarde. El organero fue Francesc Bordons, de Solsona. En 1718, se realizó la parte escultórica, a cargo de Joan Mompeó. El mismo responsable de construir el altar barroco, quemado al estallar la guerra.

El órgano fue reconstruido y ampliado en 1809, a cargo del organero suizo Johann Kyburz. Sesenta y cuatro años más tarde, se hizo otra remodelación, por parte de Gaietà Vilardebó. El costo se situó en 20,000 pesetas de la época. Finalmente, el arreglo del aparato se llevó a cabo entre 1881 y 1882, colocándose en su lugar el 13 de agosto de 1882 y estrenándose una semana más tarde. Fue cuando se trasladó del lateral izquierdo del templo -donde estaba- al coro. Era realmente un instrumento musical catedralicio, con buenas voces y cuarenta y dos registros. También con una potencia y majestuosidad bien sonoras. Con doble teclado: el primero (recitativo), tenía las características de un órgano románico; el segundo (de barroco catalán), un pedal de sistema alemán, con un total de 1,672 tubos.

En 1940 llegó un nuevo órgano de la mano del organero vasco Antonio Alberdi, del taller del Passeig de Gràcia, 126, de Barcelona. Inicialmente, debía haber estado destinado al monasterio benedictino de Manila, en las islas Filipinas. Alberdi, sin embargo, lo vendió al Sant Esperit. Era de estilo neorománico del siglo XX. Solo tenía diez registros y 598 tubos.

A mediados de 2004, a raíz de la reinstauración del Obispado de Terrassa, pareció que se daría un fuerte impulso para disponer de un órgano adecuado. No es tarea fácil, teniendo en cuenta que es necesario involucrar firmemente diferentes ámbitos de carácter privado y oficial, y de todos aquellos que amamos la música en Terrassa.

En este punto, sin embargo, es bueno remarcar la fecha del 22 de diciembre de 2010, con motivo del Concierto de Navidad en la basílica-catedral del Sant Esperit. Aquel día, el obispo Josep-Àngel Saiz Meneses se comprometió -ante una iglesia repleta- a buscar padrinos o mecenas que impulsaran la tarea. Han pasado quince años, en los cuales se ha funcionado con un órgano positivo (de reducidas dimensiones) que había sido propiedad del lamentado Joan Casals i Clotet, que nos dijo adiós hace pocas semanas. Lo hizo con el desencanto y la pena de no poder ver un órgano como es debido. De tubos y sonoro, encajando en el ámbito y el prestigio del principal templo de la diócesis de Terrassa.

Vale la pena decir del órgano positivo, que Joan lo heredó de su gran amigo y colega Jordi Alcaraz. Estaba en la Capilla del Santísimo Sacramento, que es donde yo creo que debería retornar. De acuerdo con los metros cúbicos de la iglesia, queda bastante claro que el instrumento no tiene potencia, ímpetu y suficiente impulso para dignificar como se merece la liturgia voluminosa del recinto egarense.

El presupuesto económico global de la obra supera los 850,000 euros. Ahora bien, no me vale el argumento de que antes hay otras prioridades más urgentes… Esta es una cantinela de recurso fácil. Como también podría ser que los tipos de interés son caros para plantearse solicitar un crédito bancario.

Reitero una afirmación que mantengo -por activa y por pasiva- desde hace bastantes años: ¿tan difícil es abrir una cuenta bancaria de Amigos del Órgano del Sant Esperit y publicitarla? Sin duda, habría un montón de gente anónima que se animaría a participar con entusiasmo. Al mismo tiempo, se puede pedir la implicación de fundaciones como las de CaixaBank o Roviralta. Sin olvidar otras entidades como el Ayuntamiento, la Diputación, el Ateneu Terrassenc, Els Amics de les Arts o la Federación Catalana de Entidades Corales. Sin dejar de lado -si se me permite sugerir, con todo el respeto- pedir donaciones suaves a familias acomodadas de toda la ciudad… Incluso con el incentivo fiscal (del 80%) de canalizar la meta bajo el paraguas de una fundación.

Hace aproximadamente un año que se está manejando la situación con el recurso de un órgano digital -no de tubos-, que debería cubrir un período interino máximo de tres años en mi opinión. Mientras tanto, sin embargo, ya es necesario poner con empeño el hilo en la aguja, día tras día y sin desfallecer. Al fin y al cabo, ganaremos -además- un nuevo atrio apto para programar conciertos de nivel en la villa. Al estilo de los que se hacen periódicamente en las parroquias de Sant Pere y de la Sagrada Família. No olvidemos, en este último caso, que la solución fue posible gracias a la donación del gran maestro Josep Freixas Vivó (que fue mi maestro de música). Lo quiero como a un padre.

De temas por arreglar -en el entorno referido- siempre habrá. Eso es evidente. Sin embargo, con un poco de fe y otro de buena voluntad, todo debería ser posible. Hagamos por establecer un calendario de necesidades preferentes y fijemos -más pronto que tarde- un orden o lista de tareas pendientes. Lo que me cuesta mucho aceptar es una promesa hecha hace quince años. ¡Vamos de una vez!

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