El actor y director de Terrassa Pere Arquillué dirige la última obra escrita por el dramaturgo catalán Sergi Pompermayer, Grand Canyon. El reparto está formado por Joan Carreras, Mireia Aixalà, Guillem Balart, Maria Morera, Eduard Buch y Mar Pawlowsky. La obra se estrenó en el Festival Grec 2025 y se podrá ver en la sala Villarroel de Barcelona del 10 al 21 de septiembre. Las entradas ya se pueden comprar clicando aquí.
La acción se sitúa en un pequeño pueblo del interior de Cataluña, dentro de una casa familiar donde viven un padre con trabajos esporádicos —Pere, interpretado por Joan Carreras—, una madre encargada del supermercado —Àngela, con Mireia Aixalà— y una hija, cantante de trap muy prometedora —Maria Morera— que tiene problemas con la justicia debido a las letras de sus canciones. Completan el reparto Eduard Buch, como propietario del bar del pueblo, y Mar Pawlowsky, en el papel de una prostituta de carretera. Juntos dan vida a un drama sobre los sueños rotos.
La obra está dominada por un realismo crudo. Los personajes viven una realidad adversa y luchan contra la infelicidad. Es conmovedora la complicidad entre las mujeres, impactantes los obstáculos que la vida les pone delante y, al mismo tiempo, entrañables aquellos pequeños momentos que dan sentido y alegría a la existencia humana.
El trabajo del actor, lo más importante para Arquillué
Grand Canyon aborda varios niveles temáticos: la influencia de las redes sociales, la lucha de las mujeres contra una sociedad patriarcal, el conflicto social con los emigrantes, las ideas conservadoras y el poder de los líderes locales que, gracias al dinero, extienden sus tentáculos. Especialmente divertidas son las discusiones entre Pere y Miqui, una amistad tóxica marcada por el entorno laboral.
Para Pere Arquillué, lo más importante es el trabajo del actor. Por eso, centra su dirección en la esencia de la interpretación: el itinerario emocional de los personajes y su descenso a los infiernos personales. Se cuestionan valores como las relaciones entre padres e hijos, el matrimonio o incluso el vínculo con los espíritus.
También cabe destacar el trabajo sonoro, que acompaña emocionalmente la puesta en escena. La música, diseñada por Damien Bazin, incluye una canción original de Gerard Morera y Colomer. De hecho, en la vida del mismo Pere, uno de sus sueños era tocar la batería —una pasión antigua que aquí toma cierta forma simbólica.
En su conjunto, Grand Canyon es una obra prodigiosa que, en su desenlace, provoca la catarsis entre los espectadores, que aplauden y se emocionan. La obra posee una unidad de tono y ritmo, una composición rigurosa y una puesta en escena sencilla pero eficaz, perfecta para el propósito que persigue: una punzante parábola sobre la actitud que debemos adoptar ante los problemas que nos caen encima como piedras.

