Ha sido un mes de diciembre y unas fiestas de Navidad pasadas por agua. Que ha afectado tanto a la Feria de Santa Llúcia, durante tres semanas, como a la Feria de Invierno, que comenzó el 19 y terminará el 6 de enero. Pero los responsables tanto de una cita tradicional como de la otra en la plaza Vella de Terrassa (abierta de las 10 h a las 21 h) se manifiestan satisfechos por el desenlace de las dos convocatorias, remarcan la gran cantidad de gente en los días sin lluvia y se plantean, incluso, una ampliación de cara a la edición 2026 ganando más espacio en la calle Mayor. Y todo aprovechando los días que faltan hasta Reyes.
«Como todos los oficios que trabajan al aire libre y en la calle, dependemos mucho del tiempo y tantos días seguidos de lluvia, no lo recuerdo», nos explica Manel Codinas, presidente de la Asociación de Comerciantes de Terrassa y que lleva unas cuatro décadas presente en esta feria que antes se llamaba simplemente de artesanía y hace unos años se llama Feria de Invierno para acoger productos de todo el mundo. «Cada año, algún día sí que nos llueve, pero es cierto que este ha sido el caso desde que empezamos hasta ayer», remarca Codinas en este martes, 30 de diciembre, con un sol por fin bien resplandeciente. «Se ha notado, tanto en la venta como por la incomodidad de estar en la calle», reconoce.
De todas formas, ahora él y el resto de los 27 vendedores de la feria esperan remontar con los días que quedan hasta el próximo martes, día de Reyes, para acabar celebrando un buen año de comercio artesanal. Cierran, precisamente, en una festividad en la que la gente ya ha hecho todos sus regalos, pero hasta la tarde para aquellos que todavía quieran cambiar alguno de sus objetos. «No es un día para vender, pero es como un servicio que ofrecemos a nuestros clientes, por si les han regalado cosas y no les gusta o no les va bien, tienen tiempo de devolverlas», detalla.
De artesanía catalana a procedente de África, Asia y Latinoamérica
La suya es una feria que se ha ampliado a artesanías de todo el mundo y, por eso, ha adoptado la denominación más global de Invierno. «Es una feria donde hay productores artesanos de aquí, de Cataluña, y también piezas de artesanía de todo el mundo», destaca Codinas. Y enumera paradas con artesanía asiática, de Marruecos y, no este año, pero sí de otros del Senegal. Aproximadamente la mitad son terrassenses directamente y, la otra, vienen de fuera con esta renovación anual.

De esta edición, también hay una parada boliviana donde se trabaja con resina y que han elaborado pajes Xiu-Xiu en miniatura, que se han escondido en los roscones de Reyes de los panaderos locales en su 75 aniversario de este personaje genuinamente terrassense. Hay, además, un stand con figuras de perritos con nombres debajo, varias de joyería, con creación y material diferentes, de objetos de lana, de juguetes de madera, de velas de incienso, hechas en el Montseny, o de piezas de cuero.
En el caso de Codinas, recuerda que él pasó su juventud en India y Nepal y, desde entonces, encarga diseños a la gente de estos países para hacer anillos de plata, bufandas, ropa en general. «Son amigos, porque hace muchos años que cada uno se encarga de una parte del trabajo: ellos la parte de la producción y nosotros el diseño y la venta», especifica de una relación directa que no pasa por intermediarios.
El relevo entre las dos ferias y las mismas carpas
Otro acuerdo es con los responsables de la Feria de Santa Llúcia de objetos navideños, que comenzó el 28 de noviembre y terminó el 18 de diciembre. Y, justo el 19, ya aparecían los vendedores de Invierno. «Somos dos entidades diferentes que usamos las mismas estructuras, las mismas carpas», comenta el presidente de los artesanos. «Nos entendemos porque, cuando ellos se van, entramos nosotros», matiza destacando que «hay muy poco margen para desmontarlo y volverlo a montar» y que, por eso, usan la misma estructura que les permite «abaratar costos».
La gran diferencia es que estos últimos necesitan menos espacio, y se acercan a la treintena y, en cambio, los primeros ofrecen, entre otras cosas, abetos y ocupan más espacio, con lo cual este año, por ejemplo, solo eran doce, además de dos o tres entidades solidarias. El presidente de la Feria de Santa Llúcia, Andreu Jensen, nos explica que, en su caso, las cosas «fueron bastante bien». «Aparte del frío que hacía, tuvimos la suerte de que no lloviera mucho, con dos días de lluvia que, eso sí, se hicieron notar», menciona del fin de semana del 13 y 14 de diciembre diciendo que también hubo «días muy favorables».

Respecto al año pasado, no llegaron a superar las ventas por este par de días lluviosos, pero Jensen considera que había bastante ambiente. «En este aspecto, pensamos que el año que viene mejoraremos todo lo que podamos para que, visualmente, la feria quede mucho mejor», ya avanza. Y, en la misma línea, apunta que, «en un futuro, se debería pensar si realmente valdría la pena extender el terreno para poder poner más paradas, desde abajo del portal de Sant Roc o subiendo por detrás del Ayuntamiento». Una de sus ideas, de momento sabiendo que el portal de Sant Roc debe estar en obras los próximos años, sería alargarla al menos más en la calle Mayor desde la plaza Vella. «Estaría bien porque seguramente habría vendedores que tendrían la posibilidad de poder entrar», cree.
El episodio del robo a principios de diciembre
Por su parte, el concejal de Comercio, Xavier Cardona, manifiesta que «a pesar de los días de lluvia, en la Feria de Santa Llúcia, el balance es positivo», con una afluencia de público que hizo que las ventas superaran «las expectativas iniciales». Y solo lamenta «el robo a los vendedores», que dice que lo superaron con «un cambio de conserje».
Efectivamente, la noche del 4 de diciembre la Feria de Santa Llúcia sufrió un robo que, aunque después se tomaron medidas para que no se repitiera, supuso un susto para los feriantes. «No fue un desastre por lo que pudieron llevarse y lo pudimos solucionar llamando a la compañía de seguridad y pidiendo que nos cambiaran el vigilante», relata Jensen. «A partir de ahí, todo funcionó bien», asegura. En concreto, los ladrones, que actuaron hacia las tres de la madrugada y sobre todo en la zona de la calle Mayor, se llevaron unos 300 euros de las cajas, un ordenador portátil, un móvil, un calefactor o talonarios de lotería. En algunos casos, de entidades solidarias como Prodis.

El otro problema fue que dañaron la estructura de algunas de las carpas al forzar su entrada. «La Policía Municipal nos ofreció unos canales para poder presentar las denuncias a nivel individual, y algunos lo hicieron y otros no porque no tenían prácticamente nada dañado», resume todo agradeciendo que la empresa de seguridad, con la que trabajan desde hace unos catorce años, no les cobrara el día del robo. También contaron, a partir del incidente, con agentes municipales que patrullaban cada dos o tres horas para vigilar otros posibles hurtos, que es habitual que se produzcan pero no a este nivel.
La seguridad y las goteras
Este año, por otro lado, se estrenaban casi las 28 carpas que se distribuyen durante las dos ferias, de color blanco y hechas con velcro. «El tema de cerrar bien con el velcro sí que se debe mejorar», subraya Jensen. «Algunas de estas estructuras se hundieron el día de las lluvias, porque uno de los tensores se destensó», recalca. «Y eso provocó que se tuviera que cambiar alguna, precisamente una de las mías», indica el vendedor, que también señala que «lo cambiaron el mismo día» y que están contentos con «la ayuda» del Ayuntamiento.
En cuanto a la Feria de Invierno, el concejal Cardona no obvia que «se ha visto bastante afectada por las inclemencias meteorológicas, pero aun así los vendedores no están descontentos con el desarrollo general». «Todavía quedan días de feria y confiamos en que, si el tiempo acompaña, se pueda acabar de remontar», coincide Cardona con el presidente de los artesanos Codinas. En su caso, Codinas también es de la opinión de que «si hubiera más lugar, quizás vendría más gente». «Lo que pasa es que estamos limitados por el espacio de la plaza Vella», hace notar al mismo tiempo en este deseo general de una posible ampliación en el futuro.

