La plaza del Gas de Terrassa sigue causando quebraderos de cabeza a los vecinos, al Ayuntamiento y a la promotora inmobiliaria que la construyó. Desde hace unas semanas, los usuarios de este espacio público ubicado en la calle de Gasòmetre, Pare Font, Gibert y Roger de Llúria han visto cómo el pavimento de la parte central cedía hacia abajo.
Esta vez, el problema se focaliza en la zona donde se encuentran ubicadas las mesas de ping-pong. Allí, se ve claramente que las baldosas han comenzado a romperse, separándose del muro de cemento blanco que protege la zona de juegos infantiles. No se trata de una percepción, el hundimiento del terreno es bien palpable para aquellos que pasan por allí, y esto genera una sensación de inseguridad que va in crescendo a medida que el terreno sigue cediendo.
Desde la Asociación de Vecinos del Siglo XX han lamentado, una vez más, la maldición que sufre esta plaza, que estaba llamada a ser uno de los espacios más concurridos y queridos del barrio, pero que nunca ha terminado de conseguir la paz necesaria. «Seguimos teniendo problemas con el terreno que provoca inestabilidad y que se vaya hundiendo, razón por la cual habrá que rehacerlo, con todo lo que eso conlleva. Es una situación incomprensible, con un incremento de costos y una demostración de cómo se hacen las cosas», han manifestado.

La maldición de una plaza largamente reivindicada
No hay, sin embargo, fecha de reparación, pero si se tiene que acabar reventando una vez más todas las baldosas del tramo, asegurarse de que el firme es estable, reparar lo que corresponda y volver a embaldosar, no será un proceso rápido ni inmediato. La mayoría del vecindario se lo toma con resignación. La plaza del Gas es un espacio de recreo que tanto mayores como pequeños utilizan a diario, que había sido largamente reivindicado y que iba vinculado a la construcción de una gran promoción inmobiliaria por parte de Metrovacesa. El Ayuntamiento dio la licencia de obras a cambio de que esta la urbanizara.
Pero lo que parecía un buen trato, no lo ha sido tanto. El ritmo era bueno y en julio de 2024 parecía que la inauguración era inminente. Era un proyecto ambicioso, de cerca de 2 millones de euros de inversión. Sin embargo, pocas semanas antes, apareció un buen socavón en el medio. Esto hizo saltar las alarmas. La promotora lo arregló, pero ya escarmentados, el Ayuntamiento encargó un estudio con un georradar, para asegurarse de que todo estaba correcto.
Después de todos los contratiempos, en octubre de 2024, por fin, se inauguraba, poniendo fin a lo que parecía un largo calvario -recordemos que el proyecto de urbanización se remonta al 2006-. Pero no ha sido así. Primero vinieron los problemas con la corteza de los espacios verdes que, entre la lluvia y el viento, acababa esparcida por las calles. Era un problema de limpieza y de seguridad y se tuvo que solucionar. Ahora, casi un año después, el terreno ha vuelto a ceder, prácticamente en la misma zona donde se produjo el primer socavón.
Por su parte, las viviendas ya van tomando forma. Serán cerca de un centenar, entre las cuales habrá una treintena de VPO, ya que se ha reservado una parcela del suelo a la Sociedad Municipal de Vivienda.


